Jueves, 18.04.2019 - 16:10 h

En España, el 65% de los profesores están quemados y un tercio de los alumnos repite

  • Uno de cada cinco alumnos distrae a los profesores en clase y el 18% de los profesores se siente acosado. Un 5% de los profesores dice que ha sufrido agresiones.
  • Un 12% de los profesores se sienten quemados en extremo, se deprimen profundamente y dudan de su propia realización profesional y personal. Algunos acaban enfrentados a sus alumnos.
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Los alumnos rebeldes, desinteresados y, en determinados casos, provocadores y violentos queman y estresan a los profesores. Es un hecho, en España, cada año un número importante de docentes se ven obligados a darse de baja por diversos hechos relacionados con algunas actitudes de los alumnos.

Así y a raíz de las bajas por estrés y ansiedad que sufrían muchos profesores, la Asociación Nacional de Profesores de la Enseñanza (ANPE), decidió crear el Defensor del Profesor, un servicio de atención inmediata y gratuita para docentes víctimas de situaciones de conflictividad y violencia en las aulas.

La última memoria del Defensor del Docente, la de 2013, se recoge que uno de cada cinco profesores no puede dar clase por determinadas circunstancias. El 21,6% de los docentes tiene alumnos que le distraen a menudo, el 18% dice sufrir acoso y amenazas en clase y el 5% ha sufrido agresiones por parte del alumnado. Hasta un 8% sufre presiones para cambiar la nota.

De la misma forma, investigadores de la Universidad de Murcia (UMU) constataron que el 65% de los profesores de Primaria, Secundaria y Bachillerato sufre el denominado síndrome delburnout o alguno de sus episodios más tempranos. Las consecuencias son agotamiento emocional que se desarrolla como resultado de una relación personal "dura, intensa y frustrante" con alumnos o compañeros.

El 12% de los docentes padece el síndrome de forma evidente y otro 53% tiene una tendencia o riesgo objetivo de sufrirlo, según los resultados de la investigación.

Los síntomas son evidentes e inequivocos. Muestran frialdad, agotamiento emocional e incluso actitudes como cinismo en su relación con los alumnos o el resto de docentes.

Los profesionales de la educación están muy expuestos a este síndrome porque se ven obligados a tratar a mucha gente y establecer relaciones intensas con ellos durante mucho tiempo, aunque no es exclusiva de este ámbito laboral.Síntomas evidentes

El profesional quemado se levanta con una profunda sensación de malestar y de cansacio, pese no haber realizado ejercicio físico. El desencadenante de este pensamiento recurrente es el simple hecho de saber que van a ver a la persona con la que mantienen esa relación agotadora.

Elburnout se desarrolla en varias fases. En primer lugar, experimenta un agotamiento emocional y fatiga al ver a la persona que le trastorna. Posteriormente, piensa cómo debe afrontar esta situación, ante la que parece no tener alternativas.

Entonces lo que se produce lo que se conoce como una despersonalización, momento en el que el afectado intenta defenderse "emocionalmente", ponerse a la defensiva. Muestra distanciamiento y mal carácter.

Según señala a Europa Press el profesor de la Facultad de Psicología de la UMU e investigador principal del grupo, Enrique Javier Garcés, la tercera y última fase es en la que desencadena el síndrome del burnout en toda su extensión y de forma completa.

Los psicólogos llaman a esta etapa Reducida realización personal y se produce cuando el quemado empieza a preguntarse qué hace con ese alumno, esa pareja o con ese jefe.

Ante esta situación, quienes padecenburnout comienzan a dudar de su propia realización personal. Llega el desánimo y una profunda depresión.Los alumnos rebeldes

Cada día lectivo, los profesores deben enfrentarse a determinadas circunstancias antes las que deben lidiar. La mala educación, el desinterés o incluso situaciones son hechos que cada día se producen en las aulas españolas. Para algunos, es difícil afrontar estos escenarios, se sienten estresados, con ansiedad e incluso miedo. Eso produce abandonos y bajas. Algunos no son capaces de superarlo.

Mientras unos postulan por la mano dura con estos alumnos, otros abogan por la permisividad o por la atención personalizada. Es díficil llegar a un término medio. Se pierden horas de clase debido a la actitud de estos alumnos, dinero dedicado a la enseñanza y se descuida la educación de otros alumnos.

Tanto las leyes estatales como las regionales tratan de defender la autoridad del profesor. El respeto es la clave, tanto dentro en el colegio como fuera de él. No son infrecuentes las agresiones e insultos a docentes, además de amenazas, en la que algunos casos se ven respaldadas por los padres.

La ley, en muchas ocasiones, se convierte en papel mojado y no se aplica en los términos adecuados. El alumno desconoce muchas veces las normas de conducta, sin embargo tiene muy claros sus derechos, aunque no sus obligaciones.

Los alumnos problemáticos son aquellos que manifiestan un comportamiento negativo: el que habla con un compañero al mismo tiempo que el profesor, el alumno que ocupa el tiempo de clase a hacer cosas que no tienen que ver con la formación o a distraer al resto, el que discute en forma permanente sin estar dispuesto a aceptar una postura distinta, o aquellos que amenazan o se enfrentan al profesor.

En la categoría de alumno problemático tambien se incluyen a los extremadamente introvertidos, que pueden también entorpecer el normal desarrollo de la clase. Es decir, aquellos que impiden a sí mismo y a los demás la obtención de los objetivos formativos fijados.

España ocupa el tercer puesto en porcentaje de alumnos repetidores dentro de los países de la Unión Europea. El 13% de los alumnos de 15 años de los países de la OCDE han repetido al menos en un curso. Sin embargo en España el porcentaje de repetidores ronda el 36%.

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