Martes, 17.10.2017 - 15:54 h

Rivera - Iglesias: Vidas divergentes

Albert Rivera, ha dado un paso adelante en su consolidación como líder político con su viaje a Venezuela.

Pablo Iglesias, ha quedado en evidencia por mera comparación, al ser protagonista pasivo y a su pesar de ese viaje

Albert Rivera llora al conocer las condiciones de vida en Venezuela

El presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, ha dado un paso adelante en su consolidación como líder político con su viaje a Venezuela. Se ha comportado en aquél país, gobernado por un populismo que lo está desangrando como él ha podido comprobar, con la energía de un ortodoxo demócrata. Su imagen y su vigor ideológico han salido reforzados. El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, ha quedado en evidencia por mera comparación, al ser protagonista pasivo y a su pesar de ese viaje. Sus relaciones con los dirigentes venezolanos que están hundiendo el país, que no puede ocultar por mucho que se esfuerce, merman la potencia de su figura política, que entró en la escena arrasando y poco a poco va necesitando de un aluvión de energías para protegerse.

Los dos nuevos políticos han contribuido a transformar el bipartidismo en un cuatripartito, pero ya son, para quienes se cuidan de informarse bien, dos figuras desiguales y en muchos puntos incompatibles. No pueden protagonizar un “vidas paralelas” plutarquiano; las suyas son vidas divergentes. Albert Rivera es un político liberal que se mueve en el centro derecha; Pablo Iglesias es un político de ideología comunista que se encuentra cómodo en la izquierda radical o extrema izquierda. Rivera no deja de proclamar lo que es; Iglesias trata de disimular su verdadera identidad política y se disfraza de socialdemócrata. Rivera defiende la democracia española fundada por la Constitución de 1978; Iglesias quiere acabar con ella en aras de un populismo bolivariano situado en sus antípodas. Por eso Rivera va a Venezuela y denuncia la violación de los derechos humanos perpetrada por el chavismo, mientras que Iglesias calla o musita leves reproches ante los abusos de aquellos a quienes no hace mucho “asesoró” en un movimiento de ida y vuelta.

Entre todo lo que ha dicho Rivera en Venezuela –además de reprobar la desastrosa gestión chavista que ha recluido en la miseria a un país que fue próspero- destaca una acerada frase para consumo interno con la que retrata a Iglesias: “Los de Podemos vinieron a buscar dinero, nosotros hemos venido a apoyar a los que han sufrido a este Gobierno”. La presencia de Rivera en el Parlamento venezolano, hoy dominado por la oposición, que está cercando a un irritado Nicolás Maduro dispuesto a todo, ha coincidido con la decisión anunciada de citar a Podemos para que informe en la allí llamada Asamblea Nacional sobre “supuestos dineros recibidos del Gobierno de Venezuela”. Iglesias se ha apresurado a rechazar la “invitación”, pero no ha podido evitar otra internacionalización de sus conexiones con el populismo venezolano.

También Iglesias ha reprochado a Rivera que haya hecho campaña electoral en Venezuela. Si se analiza esta censura por el resultado, quizá no le falte razón al responsable de Podemos, porque el líder de Ciudadanos, además de aportar oxígeno a la oposición venezolana y practicar pedagogía de la democracia, ha aprovechado para hacer un roto a la figura de uno de sus competidores con el que se disputa, a pesar de la distancia ideológica, un puñado de votos. Si la sociedad española estuviera suficientemente informada, si no tuvieran éxito los engaños que con tanta eficacia se hacen circular, entre Ciudadanos y Podemos habría una nítida frontera electoral. Pero una parte del electorado aún no percibe la divergencia entre Rivera e Iglesias, una parte quizá un poco menor hoy tras el efecto del viaje. No se olvide que esto depende en gran parte de la información. Nunca se repetirá bastante esta evidencia.

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