Jueves, 19.10.2017 - 11:31 h

Vísperas de un suicidio trabajado a fondo

La izquierda moderada del PSOE corre el riesgo cierto de ser superada por una izquierda con dirigentes comunistas e integrada por un maremágnum de grupos radicales, okupas, revolucionarios y antisistema.

Si Sánchez hubiera pensando en España más que en él y más que contra Mariano Rajoy, hoy sería líder de la oposición, colaboraría en frenar a los antisistema y no estaría amenazado por la destrucción política que anuncian las encuestas.

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El Partido Socialista va a ser sobrepasado electoralmente por los grupos situados a su izquierda. Este desastre histórico viene anunciado con general coincidencia por las encuestas de intención de voto. Las encuestas ofrecen pronósticos que no hay que dar por definitivos, porque todas ellas juegan con un margen de error que puede desautorizarlas, pero son reflejos de la realidad que conviene tener en cuenta y en este caso, además, secundan los pronósticos de crisis socialista basados en la errática gestión realizada por sus dirigentes en los últimos años.

Este domingo, la encuesta de Metroscopia/El País pronosticaba para el PSOE una intención de voto del 20,2 %, más de cinco puntos por debajo de la que atribuía a Unidos Podemos, el 25,6 %; y la encuesta de Sigma Dos/El Mundo daba a los socialistas un 20,3 %, tres puntos y medio menos que los podemitas, que obtendrían el 23,7 % de los votos.

El lunes, la de NC Report/La Razón confirmaba la tendencia con una atribución al PSOE del 21,4 % de los votos, tres puntos menos que la cuota que alcanzaría Podemos, el 24,5 %. En las tres y en todas las publicadas hasta ahora, aparece el Partido Popular como ganador con una cuota electoral entre 28,5 y 31 % mientras Ciudadanos se mantiene como cuarta fuerza con un volumen de votos similar o superior al obtenido en las pasadas elecciones. Las encuestas confirman, pues, la sustitución producida en diciembre del bipartidismo por un cuadripartito, pero con la significativa relegación del PSOE al tercer lugar por detrás de los emergentes de la izquierda radical.

La primera reflexión que este sorpasso sugiere es la contrariedad de que la izquierda moderada del PSOE, que en la Transición ocupó el espacio del centro izquierda, corra el riesgo cierto de ser superada por una izquierda con dirigentes comunistas e integrada por un maremágnum de grupos radicales, okupas, revolucionarios y antisistema, con nula experiencia de gestión política y abundantes propósitos de destrucción de la España democrática de la Constitución de 1978. Pero la consideración siguiente no puede ser otra que el lamento por los méritos del PSOE para debilitarse como fuerza política, que desde sus antiguas mayorías absolutas se ha alejado fatalmente de la posibilidad de encabezar un Gobierno que responda a sus postulados tradicionales.

La crisis moderna del Partido Socialista comenzó con los Gobiernos de Rodríguez Zapatero, que desató una revisión de la historia reciente con su montaje de la memoria histórica y activó los impulsos centrífugos con su temerario planteamiento del Estatuto de Cataluña. Los grupos que pretenden clausurar la Constitución y organizar referendums de independencia en las supuestas naciones españolas entroncan con aquellos frívolos inventos de quien llegó al Gobierno, por cierto, de manera inesperada. Pedro Sánchez ha sido incapaz de corregir esos errores y de situar al PSOE en el centro de la defensa de la democracia española.

Por el contrario, ha desplazado al PSOE hacia la izquierda en una ingenua fórmula de disputar votos al radicalismo. De ahí derivan su oposición frontal y excluyente al partido más votado, el PP, al que ha intentado eliminar del cogollo de la gestión política mediante la negación del diálogo y la negociación, y su apoyo al populismo en gobiernos autonómicos y municipales, que no le han sido agradecidos por sus patrocinados ni le han producido beneficio entre sus votantes sino desafecciones que explican el adelgazamiento de sus expectativas electorales.

Sánchez tuvo la oportunidad de constituirse en hombre de Estado facilitando la solución más votada en diciembre, incluso participando en ella, pero prefirió hacer la guerra al ganador con un inútil pacto con C’s y un aventurado intento de acuerdo con Podemos. Si hubiera pensando en España más que en él y más que contra Mariano Rajoy, hoy sería líder de la oposición, colaboraría en frenar a los antisistema y no estaría amenazado por la destrucción política que anuncian las encuestas. El Partido Socialista ha hecho mucho por su suicidio, con la colaboración también de quien es tenida por su salvadora, Susana Díaz, especialista en amagar y no dar, que ha perdido mucho tiempo. Es posible que Díaz acabe siendo la solución del PSOE, pero el partido ahora está en vísperas de consumar un suicidio político. Que no echen la culpa a los demás. Se lo han trabajado a fondo.

 

 

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