Domingo, 08.12.2019 - 04:03 h
Wall Street no compra lo que vende Silicon Valley

Alerta tech: Uber, Spotify y el resto de unicornios no levantan cabeza en bolsa

La plataforma Pinterest es la única que se mantiene en verde, ante el recelo de los inversores por las fuertes pérdidas de muchas de estas compañías.

Evolucion de los unicornios en bolsa
Wework dispara pérdidas en España.

Durante años miraron de lejos el parqué de la bolsa. Tenían ingentes cantidades de dinero privado para seguir invirtiendo en sus negocios. En los dos últimos años todo ha cambiado. Y esas tecnológicas privadas como Uber, Spotify o Xiaomi decidieron estrenarse. El resultado: sólo Pinterest se salva de la quema. Todas están en rojo, no sólo por las dudas de los inversores ante las fuertes pérdidas de sus negocios. Los inversores de Wall Street no están dispuestos a comprar lo que algunos de estos gigantes -y sus accionistas- hoy quieren vender.

Las grandes startups tecnológicas más valoradas del mundo vivieron en la última década a base de grandes rondas de financiación. Uber, Airbnb, Lyft, WeWork, Spotify... Todas ellas lograron el beneplácito de los inversores privados de capital riesgo que compraron su visión y desembolsaron miles de millones de euros para respaldar su rápido crecimiento (y sus importantes pérdidas). Durante mucho tiempo han ido posponiendo su estreno bursátil como forma de dar salida a parte de esos accionistas. Hasta ahora.

En los dos últimos años, casi una decena de los grandes unicornios han salido a bolsa. La última en hacerlo ha sido Slack. Otras, como WeWork, lo han intentado aún sin éxito. Y otras como Airbnb planean hacerlo durante los próximos meses. Salvo alguna excepción, todas viven serias dificultades para convencer a los inversores de que su negocio puede ser sostenible a largo plazo y representan una buena apuesta.

En los últimos dieciocho meses ha habido seis salidas a bolsa con impacto significativo por su capitalización bursátil. De ellas, cinco están 'bajo el agua': cotizan muy por debajo del cierre de su primera jornada. Las plataformas de transporte Uber (-25%) y Lyft (-46%); el fabricante de tecnología chino Xiaomi (-60%); la firma de streaming Spotify (-23%) y la herramienta de comunicación empresarial Slack (-40%) siguen sin levantar cabeza. Sólo Pinterest se salva, con un alza de entorno al 10%.

No sólo están en rojo respecto a su primer cierre en bolsa. Algunas también lo están si se compara con las valoraciones que fijaron sus accionistas después de la última ampliación de capital firmada. El mercado ha ejecutado un severo ajuste del valor. El archirrival de Uber Lyft hoy vale en bolsa algo más de 12.000 millones de dólares. Su última ronda de financiación a mediados del pasado año fijó ese 'precio' en 14.500 millones. No es el único. También le sucede a la propia Uber, lo que hace que muchos de los grandes inversores de esas compañías que entraron en las últimas rondas de financiación privadas se estén apuntando pérdidas significativas. Softbank es, quizás, el caso más paradigmático.

Las fuertes pérdidas

"El hecho de que esto se esté desmoronando no debería ser impactante", decía recientemente al New York Times Barrett Cohn, director ejecutivo de Scenic Advisement, un banco de inversión que se especializa en acciones de compañías privadas. "Había demasiado exceso y lo escondieron en el mercado privado". 

Durante los últimos años ha habido mucho dinero privado en el mercado. No sólo en forma de capital, con los mayores fondos de capital riesgo del mundo subiendo su apuesta, sino también a través de deuda financiera. Sólo entre estos seis unicornios -Uber, Lyft, Slack, Xiaomi, Spotify y Pinterest- han recaudado como compañías privadas casi 40.000 millones de dólares (36.500 millones de euros) de fondos que buscaban encontrar el caballo ganador de cada segmento (transporte, contenido, software para empresas...). Es mucho más de los 27.000 millones de euros invertidos por el capital riesgo en startups tecnológicas en todo el continente europeo en 2018. Ese dinero privado ha disparado también las valoraciones, basadas en expectativas de futuro. Este fenómeno se ha acentuado con la irrupción de Softbank, que ha puesto en el mercado decenas de miles de millones con su fondo Vision Fund desde 2017.

Esos crecimientos veloces en el negocio, a base de grandes inyecciones de capital, han venido acompañados de pérdidas en muchos casos. Esos fuertes incrementos de estructura acarrean ineficiencias y también fuertes gastos. La inmensa mayoría de los unicornios que han saltado al parqué en los últimos tres ejercicios lo han hecho con promesas de pérdidas en el futuro a corto y medio plazo. En muchos de los folletos de salida presentados por todos ellos repetían el mismo mantra: "Tenemos un historial de pérdidas netas y puede que no seamos capaces de lograr o mantener la rentabilidad en el futuro". No es el único factor. La guerra comercial entre Estados Unidos y la inestabilidad en los mercados no ha ayudado a que sea un buen momento.

Inversores no quieren hablar de visiones

Lo que muchos fundadores de estas compañías han comprendido después de sus salidas a bolsa es que los mercados financieros tienen un funcionamiento diferente. "Es un partido totalmente diferente", admitía Daniel Ives, analista de tecnología de la firma Wedbush Securities al diario Wall Street Journal. Los inversores de capital riesgo inyectaron miles de millones en estas compañías con la confianza de que sus compañeros en bolsa mirarían más allá de los números rojos para abrazar la visión y su capacidad futura para ganar buena parte de su mercado. Y a tenor de las cifras no ha sido así.

¿Marcará esto un antes y un después? Mucho se ha especulado con ello. La realidad es que la presión va en aumento. El gigante del coworking WeWork se ha visto obligado posponer su estreno en el parqué, incluso después de presentar su folleto, debido a la acogida tan fría de los inversores, que llevaban su valoración a un tercio de la última ronda de financiación liderada por Softbank. No es el único. La controvertida Palantir, fundada por Peter Thiel para explotar millones de datos en todo el mundo, busca levantar más dinero privado para retrasar lo máximo posible su estreno, a una valoración de al menos 26.000 millones de dólares. Airbnb, con beneficios en sus cuentas, sí que ha anunciado la intención de hacer su OPV en 2020. Aunque sin ningún compromiso, ni hoja de ruta con fechas concretas.

En España hay aún pocas compañías de tamaño importante que hayan mirado al mercado bursátil. La única ha sido Cabify, que en un primer momento había previsto su estreno en el mercado continuo español a finales de este año. Posteriormente se retrasó al tercer trimestre del año 2020. En la compañía de transporte española, valorada en 1.400 millones, no las tienen todas consigo. "Nos encantaría que la rentabilidad y la salida a Bolsa llegaran a la vez y haremos todo lo posible para que sea durante el año que viene", explicó esta semana el responsable de la empresa para Europa, Mariano Silveyra. La startup, controlada por el gigante japonés Rakuten, sigue teniendo números rojos en su cuenta de resultados global. Pero en las reuniones con inversores en Londres (Reino Unido) durante los últimos meses, para negociar la última ronda de unos 300 millones, han tratado de distanciarse de Uber.

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