Lunes, 23.04.2018 - 03:42 h
Prevé que el PIB crezca el 2,8% este año 

Botín ve amortizada la crisis catalana, carga contra Sánchez y alaba a Trump

El Santander captó 7.000 millones de euros en depósitos cuando el nerviosismo por el procés empujó a los clientes a sacar dinero de Cataluña

Las cifras del Grupo Santander en 2017.

Cuando Ana Botín se somete a preguntas transmite máximo control sobre lo que desea trasladar -y cuenta-, qué toca soslayar -y omite- y dónde ‘mojarse’. El grupo presentaba ayer las cuentas de 2017, cuando el beneficio subió un 7% pese a dotar casi 900 millones para EEUU y Portugal, y su presidenta encaró todo tipo de preguntas. En la réplica, Botín dispensó un espaldarazo a Donald Trump -sus políticas, dijo, han dado resultados “buenos hasta ahora”-, rechazó el ‘impuestazo’ a la banca de Pedro Sánchez (PSOE) y Pablo Iglesias (Podemos), y dio casi por superada la crisis en Cataluña desde la óptica exclusivamente económica sin emitir valoración política alguna.

La banquera reconoció que el procés ha provocado “cierta ralentización en Barcelona y Cataluña, con algo de impacto en las cifras de España. Pero la actividad, -indicó- se está reactivando”. Las previsiones de crecimiento del PIB del banco cántabro se sitúan “en línea” con las del Gobierno que proyecta una expansión del 2,3% para la economía nacional este año, ampliable hasta al 3% si se restaura pronto la normalidad institucional.

Fiel a la estrategia de soslayar aspectos puramente políticos sorteó valorar el primer intento fallido de investidura de Puigdemont, cuando el independentismo se encuentra dividido; y pese a que en trimestres previos otros altos cargos del banco fueron un poco más allá descartando la independencia como un “escenario posible” o con el reconocimiento de que habrían movido la sede como Sabadell o Caixabank.

El traslado del domicilio social fue, precisamente, la clave para sofocar la incertidumbre entre la clientela. Aquel ‘tsunami’ originó un huída de fondos fuera de Cataluña que, pese a que las entidades buscaron frenar abriendo cuentas a clientes fuera de la región, ha favorecido a las grandes entidades financieras.  El grupo defendió que dicho impacto concreto ha sido “inmaterial” en su caso, aunque captó 7.000 millones en depósitos en el país durante aquellas semanas de pánico con cierta letra pequeña: a las sucursales del Santander llegaron 11.000 millones y en paralelo salieron 3.000 millones de la red del Popular.

Botín responsabilizó de parte del trasvase a ciertos institucionales que eran clientes de ambos bancos y han movido fondos a otras entidades para diversificar, y lo minimizó bajo la defensa de que Santander España y Popular operan como una franquicia única con estrategia de “colaboración” y no rivalidad como en otras fusiones -reflexión que recuerda a la feroz competencia que se instó entre las redes del antiguo Santander y el BCH, e incluso el Banesto que presidió, para robarse clientes y negocio pese a ser el mismo grupo-.

“Estamos enfocados en el gran objetivo de no perder cuota de mercado ni clientes”, refirió. En la última parte de 2017 ganó así 80 puntos básicos de cuota de mercado en depósitos, y espoleó la rentabilidad en el grupo desde el 9 al 10%.

No tanto por el Popular. Ha sido, de hecho, la franquicia con menor contribución al resultado del grupo: cosechó un beneficio ordinario de 263 millones y neto negativo de 37 millones tras encajar 300 millones en costes de integración. Los grandes motores fueron, de nuevo, Brasil -suma 2.544 millones pese al enfriamiento de la economía-, Reino Unido -agrega 1.498 millones-, la filial de financiación al consumo -1.254 millones- y España -1.180 millones-. Pero es también la franquicia que copa gran parte del interés por su inesperado colapso y fuerte judicialización posterior.

Provisiones suficientres frente a los juicios

La banquera aclaró los focos de riesgos para el Santander, garantizando que su hucha de provisiones soportará cualquier compensación y augurando un mejor desempeño de un Popular donde no ha visto sorpresas y cuyo negocio se encuentra ya “estabilizado”.

Arrojó sobre el tejado de la JUR la pelota en cuanto al polémico destape de los documentos confidenciales de la resolución, con su defensa de una máxima “transparencia” salvo en las alianzas del Popular (Allianz, WiZink o cajeros). La JUR había excusado su no divulgación en la solicitud del secreto por parte del Santander para no enseñar sus cartas estratégicas. Pero también esquivó una pregunta directa sobre la investigación abierta por CNMV al Popular bajo la sospecha de que ocultó pérdidas anteriores a 2017. Sólo concedió, al ser inquerida sobre si el banco sufría una crisis de liquidez o solvencia, que los números están ahí.

Quizá la réplica más contundente la reservó para rechazar de plano el impuesto que PSOE y Podemos quieren aplicar a los bancos, bajo el argumento de que les toca devolver a la sociedad las ayudas recibidas. “La tasa impositiva debe ser la misma para todas las empresas. Los bancos somos una empresa más. Tener una tasa diferente no se justifica”, criticó, señalando que el Santander no ha recibido ayudas sino colaborado en los rescates con 3.000 millones y la compra del Popular, y reivindicando que el pasado año pagó 6.000 millones en impuestos en todos los países donde opera.

Uno de ellos es EEUU, donde la filial ha podido distribuir dividendo después de siete años de restricción al no superar los test de estrés, aprobados con Donald Trump en la presidencia, donde la política camina en la dirección contraria. El programa del inquilino de la Casa Blanca busca aliviar cargas a las empresas para dinamizar la economía, algo que Botín valoró y auguró que se traducirá en mayor financiación -el Santander se ha ahorrado 73 millones por la rebaja fiscal-.

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