Martes, 24.04.2018 - 07:03 h
Encrucijada del último consejo de administración

Las angustiosas horas finales del Popular antes de entregarse... o caer insolvente

El 'agujero' de provisiones hundiría al 2,37% el ratio de capital frente al 6,5% exigible. Pero le asfixió la liquidez: tenía el 24% de la obligada.

Inspectores del Banco de España dudan del agujero detectado en el Popular (EFE)
Una imagen del logotipo del Banco Popular. (EFE)

“La liquidez del banco se ha agravado hasta el punto de ser a día de hoy insostenible”. O “es previsible” que cuando concluya “el proceso de valoración de activos y, con ocasión de la formulación de las cuentas correspondiente al primer semestre, se produzca igualmente un incumplimiento significativo de las ratios de solvencia de la entidad”. Son párrafos de documentos con los que trabajó el último consejo de administración del Popular aquel fatídico día 6 de junio antes de entregar el grupo al Banco Central Europeo (BCE), reveladores de la moribunda situación de la entidad.

No se había ‘certificado’ su insolvencia en capital, esa que dispara la maquinaria de resolución y centra gran parte del actual debate sobre por qué entró en la UVI y se vendió una entidad solvente. Pero, a juzgar por las actas, su extrema fragilidad era “latente”. ¿Cómo es posible? Se trata de un ratio que regulatoriamente se recalibra cada semestre y restaban 24 días para concluir junio e incumplirla al tener que reconocer el déficit de provisiones de su mortal carga de ladrillo, explican fuentes del mercado.

La única alternativa a la debacle era ejecutar una megaampliación de capital que ya se dibujaba extremadamente difícil sino imposible por la caída libre de la cotización y las renuencias de inversores a comprometer fondos ante la falta de claridad sobre la envergadura de sus problemas. Pero no hubo opción. Colapsó su liquidez.

Las actas parciales del último consejo, reunido a las 17.00 horas de aquel día 6, revelan las angustiosas horas finales poniendo cifras a la insostenible situación a la que llegó la entidad por la desvatadora sucesión de acontecimientos. La incertidumbre empieza a pasar factura después de que el presidente Emilio Saracho advirtiese en la junta de abril que el futuro pasaba por una fusión o megaampliación de capital, aunque la salida de fondos se acusa realmente después de introducir ajustes por más de 600 millones de euros en las cuentas de 2016.

Le quedaba un cuarto de la liquidez exigida

Unas informaciones sobre el riesgo de quiebra ceban la sangría -huyen 1.100 millones en un sólo día-, pero el ahogo oprime a partir del 31 de mayo, cuando Reuters divulga que el banco está siendo monitorizado por la Junta Europea de Resolución (JUR). Otras informaciones desvelan que solo queda el Santander en la puja por el Popular y el valor sale expulsado del índice MSCI Global Standard. Justo entonces se conoce que Blackrock ha reducido su participación del 4% al 1,775%.

Entre ese 31 de mayo y la víspera de la reunión del consejo, el coeficiente de cobertura de liquidez LCR cae del 74,4% al 24%. Es decir, contaba con solo la quinta parte del umbral mínimo exigible.

La tasa se había derrumbado por debajo del 100% en abril desde el 146% previo aunque pudo recomponerlo. Con la presión creciente en mayo arbitró distintas medidas para sumar 2.200 millones a la posición de liquidez hasta que el día 18 su consejo de administración acordó comunicar su incumplimiento al BCE, que ejercerá un estrecho seguimiento. De los 18.000 millones en los que se ha cifrado la salida de depósitos desde finales de 2016; casi 11.000 millones huyeron desde el 1 de mayo al 5 de junio -casi 2.980 en el último día-.

Pero el problema subyacente del que dan cuenta las actas es que iba a fallar la solvencia. Después del ajuste contable de mayo que detonó una escalada de descensos en las calificaciones crediticias, junto a la inquietud en mercados y depositantes; se avecinaban 1.525 millones en provisiones nuevas para créditos mal clasificados; y 3.000 millones adicionales para el ladrillo. A ese saneamiento debe añadir la penalización extra por mantener retenidos los activos en balance que incluye las normas aprobadas por el Banco de España a finales de 2016 y que los documentos no cifran. La dotación global, por los tres conceptos, iría contra las cuentas del semestre.


La mordida esperada era brutal. Según detallan las actas, Saracho expuso que el capital principal CET1 caería al 2,37% desde el 9,55% al que se diluyó con la reexpresión de las cuentas de mayo y que era el último reportado: “Lo que supondría -relata el documento- un incumplimiento grave de los requisitos mínimos de capital (Pilar 1 y 2R) actualmente impuestos al banco (6,5%)”.

Se enfrentaba, por tanto, al tercer parche contable en menos de siete meses y desde la ampliación de capital del verano de 2016 con la que buscaba dar una solución definitiva al problema del ladrillo. En las cuentas cerradas en 2016, el antiguo equipo gestor tuvo que ampliar de 4.700 millones a 5.692 millones las provisiones previstas y, pese a dicho esfuerzo, se quedó corto en el saneamiento prometido en la ampliación. Luego llegarían los ajustes de mayo y, a juzgar por las actas, resultaron de nuevo insuficientes al no haber retasado para entonces aún su ladrillo.

La encrucijada estaba servida. Tras enfriarse el interés de otros bancos para una fusión la única solución era la ampliación. Los gestores habían conseguido cartas de compromiso de Barclays y Deutsche para participar en una ampliación de capital por 4.000 millones, pero no está claro la viabilidad de una operación así cuando el título valía tan poco -hubiese laminado al accionariado- y las dudas sobre su balance no ayudaban a emitir nuevas acciones; salvo que hubiese inversores interesados en suscribir por completo la operación.

El consejero Antonio del Valle ha demandado a la JUR en el Tribunal de Luxemburgo por, supuestamente, torpedear los planes de salvamento de la entidad; donde sí tenía interés en acudir a una ampliación de capital. Y en 30 de mayo, una semana antes de la resolución, el propio fondo Pimco declaró su intención de suscribir hasta 300 millones, según publicó El Mundo. ¿Pudo ser una solución? Según las actas falló el oxígeno.

Ahora en portada

Comentarios