Martes, 16.10.2018 - 23:18 h
Había barajado un plazo hasta mediados de 2019

Santander acelera y ve factible cerrar la integración del Popular este mismo año

Estará preparado para abordar la conexión operativa en la última parte del año. Un proceso del que depende fusionar las sucursales y la plantilla.

Foto Santander Popular
Una sucursal del Popular, junto a otra del grupo Santander. / L. I.

La absorción del Popular va a coger velocidad. El consejero delegado del Santander, José Antonio Álvarez, desveló ayer que el grupo “estará preparado para abordar la integración operativa” de los sistemas informáticos “en la última parte del año”, un proceso del que depende el pistoletazo a la fusión total con la unión de redes y plantilla. Iría en calendario porque se estimó que comprometería entre 18 y 24 meses desde la adjudicación de la entidad el 6 de junio pasado, pero en la horquilla baja del plazo.

La dificultad para migrar operaciones bancarias o hacer ‘hablar’ sistemas informáticos de la complejidad de los bancarios, máxime con el volumen de activos del Popular que aporta cuatro millones de clientes, decidió al Santander a resolver por etapas la unión. Primero abordó la fusión de sus servicios centrales con un ajuste de plantilla que supondrá la salida de 1.100 trabajadores (el 70% del Popular y los restantes del grupo cántabro), además de 575 traslados de personal a otras empresas del grupo.

En paralelo cerró el organigrama del futuro nuevo Santander España con un consejo de administración presidido por Rodrigo Echenique, una cúpula gestora dependiente del consejero delegado Rami Aboukhair y colocando ambas redes a trabajar bajo un esqueleto directivo que, en su mayor parte resolvió con la ampliación de las tareas de los responsables del Santander a la actividad incorporada con el Popular.

En la actualidad conviven ambas redes con el logotipo del grupo presidiendo la marca Popular y la intención es fusionarlas, un paso donde los sindicatos temen otro ajuste de personal por el cierre de sucursales próximas. La mención de Álvarez, efectuada durante la junta de accionistas, se limitó a las posibilidades de acelerar la integración informática y las ventajas de la conexión: “Ello nos debe permitir fortalecer la oferta de valor y aumentar la satisfacción de sus clientes y su vinculación”.

En 2017 y tras adquirir el Popular, el esfuerzo se volcó en estabilizar la operativa y normalizarla, recuperando “el pulso comercial". Según desveló, el presente ejercicio toca “optimizar la estructura” analizando las mejores alternativas para las joint ventures y los activos no estratégicos que continúan en balance. El Santander ha colocado por 5.000 millones a Blackstone el 51% de una cartera de ladrillo con un valor de 30.000 millones de euros bruto y vendió por 444 millones la filial de EEUU Totalbank.

En 2018 reordenará las alianzas del Popular

Ahora debe decidir si sale de WiZink donde quiere recuperar las tarjetas del Popular, y negocia transferir el resto al fondo socio Värde Partners; qué hará con la alianza en cajeros automáticos con Credit Mutuel, la salida del mexicano BX+, donde controla el 24,9% del capital; o el acuerdo con Allianz para operar juntos en seguros y planes de pensiones.

La obsesión en la operación, recordada ayer por Ana Botín en la junta, “es no perder un solo cliente” durante el proceso de anexión del Popular, objetivo al que atribuyó la oferta de los nuevos bonos de fidelización, desligándolo de una pretensión de “evitar litigios” aunque se dirijan a los inversores que adquirieron acciones durante la ampliación de 2016 y se les exija renunciar a acciones legales al aceptarlos.

El Popular se convirtió en protagonista obligado de la junta de accionistas, pero por la ausencia de una conflictividad esperada y que no tuvo lugar. Era la primera junta celebrada después de adjudicarselo por un euro y la sorpresa es que, pese a enfado de inversores y que más de 300.000 perdieron sus ahorros, apenas media docena se acercó a la cita para mostrar queja alguna; y entre ellos solo dos asociaciones de afectados. Una presencia diluida entre más de treinta accionistas con reivindicaciones y felicitaciones al Santander de lo más variopintas (la demanda de no financiar armas, se trufó con agradecimientos por apoyar organizaciones de discapacitados, la investigación contra el cáncer, o cuestiones sobre la ‘123’ y el futuro del banco en EEUU).

Su reclamación de resarcimiento al Santander fue, sin embargo, unísona y Botín la zanjó recordando que el grupo no tiene responsabilidad ninguna en sus quebrantos porque la reducción a cero de sus inversiones la decidió y ejecutó la Junta Europea de Resolución (JUR) antes de cerrar la venta. La única sorpresa es la actualización del logotipo del Santander con una tipografía más estilizada y donde el blanco gana espacio al rojo fuego casi en colofón de la estrategia por la digitalización lanzada de forma decidida hace dos años y que está construyendo añadiendo plataformas, soluciones y proyectos con el tiempo.

El anuncio esperado es que mejorará el dividendo, como cada año desde la mega ampliación de 2015, con un incremento en la cuantía y de mejor calidad. La entrega con cargo al resultado de 2018 sube un 4,5% y en 2019 lo abonará en su totalidad en efectivo reduciendo de cuatro a dos el abono en línea con el resto de grandes financieras internacionales.

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