Miércoles, 17.07.2019 - 15:26 h
Interés mutuo en pasar página

BBVA y Sacyr ponen término a 15 años de 'guerra fría' tras la salida definitiva de FG

Los presidentes de ambas entidades, Carlos Torres y Manuel Manrique, han retomado los contactos profesionales de cara a futuras operaciones conjuntas.

Manuel Manrique, tercer fundador de Sacyr que llega a la presidencia de la compañía
Manuel Manrique (izqda.), actual presidente de Sacyr, junto a su antecesor, Luis del Rivero

El BBVA y Sacyr han retomado sus primeros contactos profesionales después de quince largos años de 'guerra fría' tras el fallido intento de la constructora por hacerse con el control del banco. Los presidentes de ambas entidades, Carlos Torres y Manuel Manrique, quieren pasar definitivamente la página de uno de los más célebres conflictos acaecidos dentro del mercado corporativo español. El deshielo en las relaciones entre los primeros ejecutivos no se ha traducido todavía en ninguna operación conjunta pero el bloqueo respectivo que existía hasta ahora se puede dar por concluido tras la salida de Francisco González como presidente de honor del BBVA.

FG presentó su dimisión a Carlos Torres con motivo de la junta general que el banco celebró el pasado 15 de marzo. Un mes y medio después el que fuera todopoderoso presidente de la segunda institución financiera del país durante más de 18 años ha abandonado el despacho que todavía ocupaba en la sede de la Fundación BBVA, en el madrileño Paseo de Recoletos, poniendo fin a cualquier tipo de vinculación con la entidad. El único nexo de unión que pudiera existir se limita al caso Villarejo y las célebres escuchas telefónicas, pero incluso en este apartado FG ha contratado personalmente al despacho Baker McKenzie para que dirija su defensa legal al margen del banco.

​En Sacyr hace ya tiempo que su actual titular, Manuel Manrique, puso tierra de por medio con los directivos que promovieron el asalto al BBVA en diciembre de 2004, Luis del Rivero y Juan Abelló, antiguos presidente y vicepresidente respectivamente de la empresa constructora. Abelló abandonó Sacyr en marzo de 2013 tras desprenderse de golpe y porrazo de toda la participación que ostentaba a través de su sociedad patrimonial Torreal y que alcanzaba cerca del 10% del capital. El empresario, que se hizo célebre junto a Mario Conde en el previo asalto a Banesto, llevaba en Sacyr más de once años y zanjó su espantada señalando que se trataba de 'una operación normal de rotación de cartera'.

Luis del Rivero, por su parte, había dejado Sacyr  en octubre de 2011, un año y medio antes que Abelló, y de una manera ciertamente abrupta. El expresidente fue cesado en una rocambolesca reunión del consejo de administración cuando trataba de hacer valer su pulso por el control de Repsol, una operación en la que Sacyr se había embarcado a crédito y que venía siendo cuestionada por buena parte de sus accionistas institucionales. Rivero fue sustituido por Manuel Manrique, quien se esmeró desde el primer momento en poner fin a las hostilidades con el presidente de Repsol, Antonio Brufau, y normalizar las relaciones societarias con la empresa petrolera donde Sacyr es ahora el primer socio de referencia tras la salida de La Caixa.

El restablecimiento de las 'relaciones diplomáticas' con el BBVA ha sido lógicamente mucho más complicado para Manuel Manrique de lo que fue el acuerdo con Repsol. Por un lado, Sacyr no tiene participación alguna en el capital de la entidad financiera, de manera que el BBVA tampoco necesitaba congraciarse con el que no es su accionista ni se le espera. Por otro lado, y no menos importante, no conviene olvidar que hasta finales del pasado año Francisco González seguía siendo presidente ejecutivo del banco y nadie dentro de la entidad habría osado contrariar a su jefe haciendo negocios con una empresa calificada con el cartel de 'non grata' como era hasta ahora Sacyr.

Correr un tupido velo para derribar el 'telón de acero'

Pero la situación ha cambiado diametralmente una vez que FG ha presentado su renuncia como presidente de honor del banco. En las últimas semanas Manuel Manrique ha hecho ver a Carlos Torres que en estos momentos es fundamental dar término a un conflicto que ha impedido a la constructora incluir en su relación de proveedores financieros los servicios de una de las más importantes entidades bancarias del país. Sacyr es un agente especialmente activo en los mercados de capitales y ha efectuado en los últimos años diversas operaciones de refinanciación y emisión de deuda en las que nunca ha participado el BBVA.

Una vez limadas las asperezas, las dos partes han fumado su particular 'pipa de la paz', aunque ello no se va a traducir todavía en ninguna colaboración inmediata. El objetivo pactado consiste en dar tiempo al tiempo a la espera y con la confianza de que en los próximos meses el BBVA pueda archivar con un carpetazo definitivo el espinoso affaire suscitado por las escuchas telefónicas de Villarejo. La sombra del excomisario es todavía muy alargada, pero se supone que se desvanecerá en cuanto se conozcan los resultados del informe forensic encargado a la auditora PwC. A partir de ese momento el terreno quedará abonado para que ambas partes puedan hacer efectivo un nuevo y más feliz marco de relaciones comerciales.

Mientras tanto, el banco ha emprendido una política orientada a clarificar su gobierno corporativo en un intento de satisfacer los requerimientos de los inversores internacionales y del Banco Central Europeo (BCE). Carlos Torres ha sacrificado a tal efecto buena parte de los poderes ejecutivos que ostentaba su antecesor compartiendo el timón del banco con el nuevo consejero delegado, Onur Genç. El presidente del BBVA parece dispuesto a todo con tal de correr un tupido velo a uno de los episodios más nefastos en el equity story de la entidad y para ello nada mejor que derribar el 'telón de acero' mantenido estos tres últimos lustros con Sacyr.

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