Jueves, 27.02.2020 - 18:05 h
La trama de Villarejo y BBVA

Béjar a Redondo (Cenyt): "Te voy a dar una 'mierdecilla' para que me hagas"

El exdirectivo del banco se enfrenta este viernes a la vista oral sobre su despido sin indemnizaciones en la entidad tras colaborar con la justicia.

Antonio Béjar y Francisco González
Béjar a Redondo (Cenyt): “Te voy a dar una 'mierdecilla' para que me hagas”. / DCN

El exresponsable de Riesgos del BBVA, Antonio Béjar, mantenía una relación directa con el socio de Villarejo en Cenyt, Rafael Redondo, con el que despachaba de manera periódica “cada mes y medio o dos meses”, para repasar los temas de investigación que tenían pendientes y, en su caso, hacerle nuevos encargos sobre empresas o personas en cuyas propiedades e incluso relaciones personales estaban interesados. “Oye, te voy a dar una mierdecilla para que me hagas una de esto discreta ¿vale?”, le decía Béjar a Redondo en una conversación que aparece en el tomo 11 del sumario del caso realizada en diciembre del año 2013, prácticamente un año antes de que saliera a la luz el caso Villarejo.

Las revelaciones del sumario son claves para determinar la relación que había entre Béjar y las empresas del excomisario, toda vez que se le acusa de ser el que supervisaba las facturas que se pagaban en la trama. El exdirectivo del banco, que era además el presidente de Distrito Castellana Norte (DCN), fue despedido por la entidad y destituido de todos sus cargos sin ningún tipo de indemnización después de que anunciara su decisión de colaborar con la Justicia y explicar ante el juez Manuel García Castellón, de la Audiencia Nacional, cómo era la operativa que se mantenía con Cenyt y el entorno de Villarejo. De hecho, este mismo viernes se celebra la vista oral por ese conflicto laboral en el Juzgado de lo Social número 12 de Madrid, donde Béjar ha ampliado incluso su demanda para demostrar que su despido por parte del banco fue una represalia por estar colaborando con la Justicia.

En una de sus cuatro declaraciones ante el juez, el exdirectivo admitió que sí llegó a despachar con Rafael Redondo, el socio de Villarejo en Cenyt, pero insistió en que no fue él quien promovió la contratación de las empresas, dado que eso obedeció a una orden que le llegó directamente del expresidente de la entidad, Francisco González. En uno de sus encuentros para revisar la situación de los grandes morosos inmobiliarios de la entidad, el expresidente le conminó a “trabajar con una de empresa que iba a contratar Corrochano” (exjefe de seguridad del banco), para llevar a cabo las investigaciones. 

Béjar siempre ha admitido que el banco contrató con el Grupo Cenyt para la prestación de determinados servicios relacionados en su mayoría con la identificación de deudores del banco, pero negó desde el mismo momento de su imputación relación alguna con el propio Villarejo. En contra de lo que sostiene el 'forensic' encargada por el BBVA, Béjar atribuye los encargos a órdenes de sus superiores, estrechando de este modo el cerco en la cúpula del banco presidido entonces por Francisco González.

Dos fincas, González, Rey, Martín, Portillo...

En la conversación transcrita en el sumario a la que ha tenido acceso La Información se detalla como esa “mierdecilla” nueva que le encarga a Redondo y que se centra en revisar la situación de una empresa propietaria de una finca en El Escorial (Rochester Ibérica), que había montado “un tinglado de sociedades interpuestas para pillar subvenciones de la Junta de Andalucía”. “Se inventaron cincuenta empresas con cincuenta proyectos de inversión fantasmas”, le llega a explicar Béjar a Redondo, para darle detalles de la finca que quería captar.

A partir de ese encargo, ambos ejecutivos hacen un amplio repaso de todos los temas que tienen pendientes y abiertos, que van desde la situación del entonces presidente de Martinsa, Fernando Martín, hasta Jacinto Rey, de la constructora San José, que era socio del BBVA en la sociedad propietaria de Distrito Castellana Norte, que presidía el propio Béjar. El ejecutivo quería tenerlo controlado porque “tengo que estar seguro de que mí socio está limpio”, dado que en caso contrario se podía dar la situación de forzar “una ampliación de capital y como no tiene un puto duro, lo diluyo y lo expulso de la compañía”.

Rafael Redondo y Antonio Béjar charlan de forma muy distendida y sin escatimar en calificativos del caso del ático de Ignacio González y de la investigación de la Gürtel que pesaba sobre el PP de Madrid, para acabar con otro encargo directo del responsable del banco al investigador de Villarejo, para que analice el caso de otra finca en El Escorial, de más de 140 hectáreas. El BBVA la compró en pleno boom inmobiliario por más de 300 millones de euros porque estaba junto a la A-6, pero unos años después y en medio de la crisis se quedó en apenas 60 millones y, tras comprobar su valor histórico y que no se podía utilizar nada más que para recreo, finalmente fue tasada en apenas 8 millones.

Esto, mi sheriff lo tiene clavado en el corazón”, de dice Béjar a Redondo. “Siempre dice que cómo cojones nos pudo pasar eso, que eso huele feo y que ahí tuvo que haber tomate entre gente del banco probablemente, el vendedor y la Comunidad. Que la Comunidad no puede ser ajena a esta mierda, que seguro que ahí hay mamoneo, que no sé cuánto y que no sé qué...”.

Como no podía ser de otra manera, Redondo tomaba nota de los encargos de Béjar, tanto de los dos nuevos como de lo último que había que sacar “del tema de Luis Portillo”, el expresidente de la inmobiliaria Colonial, que era uno de los morosos que debían dinero al banco y a los que la entidad también investigaba.

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