Martes, 16.10.2018 - 08:26 h
El fin de una alianza de 20 años

Caixa deja Repsol tras el giro verde de la petrolera y para no chocar con Naturgy

La operación permite al banco cumplir con mayor facilidad las exigencias de la nueva normativa contable internacional.

Sede de Repsol en Madrid.
Caixabank ha puesto a la venta el 9,36% de Repsol. / Efe

Caixabank ha puesto a la venta el 9,36% de Repsol y certifica el fin de una alianza que, con altibajos y rivalidades, ha durado más de 20 años. Tras la decisión, sostienen fuentes del mercado, está el "giro verde" de la petrolera, con la entrada en negocios eléctricos y fotovoltaicos. Además, ha contado la posición de Caixa en Naturgy -la antigua Gas Natural Fenosa-, donde el banco mantiene un 24,4% y es el primer accionista por delante de los fondos CVC y GIP.

Repsol y Caixa-Naturgy confían en que el gas, el negocio en el que ambos juegan buenas bazas, sea el pilar de la transición energética. En ese negocio y en el eléctrico, son rivales. Repsol lo manifestó en mayo cuando vendió el 20% que mantenía en Gas Natural por más de 3.800 millones a CVC.

La ruptura de Caixa se produce cuando Repsol está buscando nuevas oportunidades más allá de los combustibles fósiles: la petrolera ha entrado en el sector eléctrico con la compra de centrales de Viesgo y ha puesto en marcha proyectos en el sector fotovoltaico. Cuenta con una buena caja para diversificar actividades y preparar un futuro que estará marcado por la descarbonización y la reducción de emisiones.

Décadas de alianza

De las dos décadas largas de alianza con Repsol, el banco ha sido mascarón de proa y primer accionista de la petrolera 15. De ahí la convulsión provocada por el anuncio. Empieza una nueva etapa. Ya no existe un accionista de estabilidad y peso determinantes como para marcar la elaboración de un plan estratégico o la política de dividendos.

La salida de la entidad deja a Repsol sin núcleos duros. Quedan como grandes accionistas la constructora Sacyr, con un 7% a través de derivados; el fondo soberano de Singapur Temzek, con menos del 3% y los inversores de Black Rock, con un porcentaje inferior al 3%. El resto de las acciones estará en el mercado, algo habitual en el mercado petrolero, según fuentes conocedoras de la operación.

La venta de acciones se produce con las acciones de Repsol rozando máximos (16,39 euros), con el petróleo a 80 dólares y con un Plan Estratégico construido con una previsión de 50 dólares barril. Teóricamente, y si los vientos no giran, la acción aún tendría recorrido. Por eso en la compañía que preside Antonio Brufau, el movimiento de Caixa hizo enarcar algunas cejas.

Desde un punto de vista puramente financiero, la salida del capital de Repsol permite a Caixabank liberarse de las rigideces que la normativa contable de Basilea IV marca para el denominado ‘capital regulatorio’ derivado de la participación en empresas industriales, ajenas al negocio principal de la entidad. Fuentes del mercado aseguran que, a pesar de las pérdidas contables que va a anotar a corto plazo por 450 millones, la operación permite al banco reducir de forma significativa “el consumo de capital regulatorio”, sobre el que la nueva norma ha estrechado la vigilancia.

Menores riesgos

Eso se traduce en unos menores riesgos financieros y la opción de presentar, a medio y largo plazo, una cuenta de resultados con más calidad y mejores ratios de rentabilidad que hasta ahora. La estrategia financiera apunta a que el capital que se libera con la salida de la petrolera compensa la pérdida contable de la operación y deja un impacto neutro, un análisis que solo la evolución del valor en las próximas semanas puede corroborar. Otras fuentes técnicas consultadas advierten que la división en dos partes de todo el proceso de venta es algo que modera el riesgo y que incluso es algo que ya estaba contemplado cuando se vendió un primer paquete del 10% de la petrolera.

Siguiendo las recomendaciones del BCE, el plan estratégico de Caixabank 2015-2019 ya contemplaba avanzar en la reducción de los riesgos que para el balance tiene el acumular demasiado capital en participaciones de empresas muy dependientes de los vaivenes de mercados ajenos al de su actividad principal. Es por lo que su presidente, Gonzalo Gortázar, repetía en las presentaciones a los analistas la necesidad de salir del pasado ‘industrial’ de la corporación y reconducir la actividad hacia su actividad a la banca y los seguros, que es donde ahora tiene su fuerza de negocio.

La única empresa que queda con una participación significativa por parte de Caixabank es Telefónica, si bien es algo que desde la entidad financiera se ha justificado siempre en las alianzas y los proveedores que se mantienen de forma conjunta, y en la tecnología que se comparte, sobre todo en temas de ciberseguridad.

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