Sábado, 30.05.2020 - 01:11 h
El plazo que maneja

Cellnex barrunta dos meses de parón por el virus con un colchón de 4.000 millones

Esa es la caja con la que cuenta la operadora de torres, que descarta un ERTE y no prevé un retraso en la 'luz verde' a su megacompra en Reino Unido.

Tobías Martínez, Cellnex
Tobías Martínez, presidente y consejero delegado de Cellnex / EFE

No es una operadora de telecomunicaciones, que han sido designadas como servicio clave y prioritario en esta crisis. Pero sí es uno de sus proveedores más importantes. Cellnex prevé que el impacto más duro de la crisis del coronavirus se alargue durante un periodo de hasta dos meses. Y para abordarlo atesora un colchón de más de 4.000 millones de euros, con los que puede evitar tensiones de tesorería ante posibles retrasos o aplazamientos de cobro. La gestora de torres de telecomunicaciones descarta un ERTE en su plantilla y prevé que los plazos para incorporar los 7.400 emplazamientos de la británica Arqiva no se dilaten.

Uno de los grandes temores en una crisis abrupta como la actual es quedarse sin dinero en la caja, ante la caída en la actividad propia o los problemas de los clientes a los que se le factura. La compañía presidida por Tobías Martínez asegura que cuenta con algo más de 4.000 millones de euros entre la caja y las líneas de crédito no dispuestas que ya tenía abiertas antes del frenazo con el coronavirus, después de descontar los 2.500 millones que deben pagar para adquirir definitivamente Arqiva en los próximos meses. Según explican fuentes oficiales de la compañía, esa cantidad es más que suficiente para afrontar estos momentos de dificultad en los que tienen una fortaleza: su negocio, el de la gestión de redes críticas y el alquiler de torres a las operadoras, seguirá siendo imprescindible durante los meses venideros.

Esa predictibilidad de la facturación -sus clientes son fundamentalmente empresas con los que tienen contratos a largo plazo- es su gran baza en esta crisis. Pero evidentemente hay un factor de riesgo importante: las diferencias entre la facturación y los ingresos efectivos. En ese hueco se encuentran posibles aplazamientos, moratorias y otras medidas de flexibilización, como está pasando en otras 'utilites' como el agua o el gas. Y esas mayores dificultades en el cobro se afrontarán, según explican fuentes oficiales de la compañía española, con ese 'colchón' de liquidez de algo más de 4.000 millones de euros. Su deuda financiera neta era de 2.900 millones, lo que supone un ratio respecto a Ebitda de 4,2 veces.

Desde la gestora ya trabajan valorando todos los escenarios posibles de estrés de 2, 4 o 6 meses de crisis por el avance de la pandemia del coronavirus. Y sus equipos están analizando cómo se podrá responder. Sin embargo, entienden que lo más realista es pensar que la fase más aguda de la pandemia y su consecuente crisis económica se puede alargar durante un periodo de hasta dos meses, tras lo cual el grado de difusión del virus sea menor y la curva se reduzca. Un frenazo que permita una cierta recuperación de la actividad normal.

En este contexto, la compañía reconoce que el crecimiento orgánico de nuevos contratos y clientes o nuevos proyectos sí que se puede ver afectado por el parón económico, si este se prolonga a medio y largo plazo. Lo que sí que se aseguran es que el mayor efecto de las operaciones de adquisición de torres y de compañías en el mercado va a reflejarse en las cuentas de 2020. En 2019 apenas se pudieron incorporar los ingresos procedentes de esos activos. Por ahora, la empresa no ha retocado sus ambiciosos objetivos anuales para el ejercicio 2020: un crecimiento del 50% en indicadores claves y un Ebitda ajustado que superará los 1.000 millones de euros.

Arqiva y sin ERTE

En esos objetivos no están incluidas todas las cifras de la británica Arqiva, por la que Cellnex va a pagar 2.500 millones de euros. El acuerdo para adquirir la gestora de torres independiente, que suma más de 7.400 emplazamientos en el mercado de Reino Unido, se hizo público a finales del año pasado. Pero aún está pendiente de la autorización del regulador de la competencia de aquel país (conocido por las siglas CMA). El pasado mes de febrero anunció formalmente que iniciaba el estudio de la operación, después de que el gigante hongkonés Hutchison alertara de un riesgo de que la cotizada española se situara en una posición de dominio en este mercado.

El equipo de Tobías Martínez no cree que se vaya a producir ningún retraso en los plazos planteados por la CMA. El 22 de abril es la fecha máxima para dictaminar si se aprueba el movimiento en una primera fase o si lo amplía. "No ha habido nada que indique que la crisis del coronavirus esté condicionando en alguna medida los plazos", apunta las fuentes de la empresa. ¿Y el resto de operaciones anunciadas en 2019? Están todas cerradas e integradas en el perímetro del grupo.

En el plano laboral, la gestora no prevé, al igual que las operadoras para las que trabaja, ningún Expediente de Regulación Temporal de Empleo (ERTE) en su plantilla. Al menos en un horizonte a corto o medio plazo, aunque insisten en que todo dependerá de cómo evolucione la crisis. El último ajuste de personal que se hizo en el grupo fue en el año 2018, con un ERE y bajas incentivadas para sus filiales Retevisión y Tradia.

Desde hace unos días, más del 90% de los más de 1.500 empleados del grupo están teletrabajando. En la sede de Barcelona, donde se concentran entre 400 y 500 personas en circunstancias normales, hay un pequeño retén de una veintena. Además del alquiler de las torres de telecomunicaciones a las operadoras, también gestionan servicios críticos y redes de seguridad de emergencia y la TDT. Cuenta con dos centros de control redundantes en Madrid y Barcelona en los que están trabajando más de 400 personas en diferentes turnos.

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