Miércoles, 18.09.2019 - 05:38 h
Batería de misiles antiaéreos

La compra de armas de Turquía a Rusia pone a la OTAN al filo de la ruptura total

Ankara se dotará de un sistema capaz de derribar simultáneamente varios objetivos a una distancia de hasta 400 kilómetros y EEUU lanza un ultimátum.

Un sistema de misiles de defensa aérea S-400 durante el Desfile del Día de la Victoria en la Plaza Roja en Moscú, Rusia, el 9 de mayo de 2015. (EPA / EFE)
Un sistema de misiles de defensa aérea S-400 durante el Desfile del Día de la Victoria en la Plaza Roja en Moscú, Rusia, el 9 de mayo de 2015. (EPA / EFE)

El vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, ha dado este sábado de plazo a Turquía hasta marzo para que cancele la compra del sistema defensivo de misiles S-400 ruso, solo un día después de que Ankara agotara el primero de los plazos ofrecidos por Washington para abortar la operación. La OTAN sufre en estos momentos una de sus peores crisis desde su concepción a cuenta de una relación demasiado estrecha entre turcos y rusos que no gusta nada a la Casa Blanca.

¿El motivo? El S-400 Triumf es un sistema de defensa antiaérea de última generación, capaz de derribar simultáneamente varios objetivos a una distancia de hasta 400 kilómetros y a una altura de 30 kilómetros.  El ministro de Defensa turco, Hulusi Akar, confirmó en octubre pasado que se instalará a partir de octubre de 2019. En aquel momento, el secretario general de la Alianza Atlántica, Jens Stoltenberg, reconocía que cada país tiene derecho a tomar sus propias decisiones en este ámbito.

Pero esta supuesta permisividad no es tan evidente. Pence, durante la Conferencia de Seguridad que se celebra estos días en Munich, ha dejado claro que la Administración Trump no se quedará "de brazos cruzados mientras los aliados de la OTAN compran armas de nuestros adversarios. No podemos asegurar la defensa de Occidente si nuestros aliados se vuelven dependientes de Oriente", recalcó.

Resulta insólito que un socio de la Alianza Atlántica se decante por adquirir sistemas de armamento de Moscú, pero en el caso de los turcos parecen dispuestos a seguir adelante con su plan, y estrechar lazos con el Kremlin, tras su confluencia en el conflicto sirio. Turquía, un aliado clave en la OTAN, en la que entró en 1952, se ha alejado de Estados Unidos, en particular por la decisión del país norteamericano de respaldar a las milicias kurdas sirias, considerada como "terroristas" por Ankara, en la lucha contra el grupo Estado Islámico.

Estados Unidos había fijado el 15 de febrero como límite para recibir una respuesta del Gobierno de Recep Tayyip Erdoğan sobre la cancelación de la compra, y según fuentes del Pentágono a Military Times, en caso de no poner fin a sus pretensiones, Turquía se quedará sin la próxima venta de un sistema de defensa de misiles Patriot estadounidense, una transacción valorada en cerca de 3.500 millones de dólares.

Y existe un problema añadido a la tensión generada entre ambos países,  ya que Turquía forma parte del programa Joint Strike Fighter para la fabricación de los cazas F-35, por lo que la compra del S-400 también afectaría su papel en el desarrollo internacional de la aeronave, añadiendo más retrasos, si cabe, a un proyecto lastrado por los problemas técnicos y los sobrecostes.

Más allá de esta guerra de compras a posibles adversarios estratégicos, las relaciones entre Trump y Erdogan siempre han sido tensas. Como muestra evidente de los recelos mutuos cuando a finales del verano pasado el dirigente turco llegó a acusar a Washington de haber desatado una "guerra económica" sobre su país. Se refería a la grave crisis y deuda vivida por Ankara y que puso al borde del colapso al país cuando Estados Unidos decidió elevar aranceles. Meses después, se produjo el incidente con Khashoggi y las relaciones no hizo sino empeorar. 

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