Sábado, 23.03.2019 - 14:38 h
Gobierno Corporativo

El BdE apela al caso Sabadell para que la banca deje de pagar los bonus impropios

El gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, considera que la adecuación de la retribución variable es clave para mejorar la reputación.

Hernández de Cos
 Hernández de Cos espera que el ejemplo del Sabadell cunda entre la gran banca.

La Asociación Española de Banca (AEB) y la Confederación Española de Cajas de Ahorros (CECA) han abierto un concurso conjunto para buscar una agencia de comunicación que contribuya a restaurar la deteriorada imagen del sector en España, pero las campañas de marketing, con toda la contribución que puedan aportar desde el punto de vista institucional, no van a ser suficientes para limpiar la reputación de las distintas marcas que compiten en el mercado financiero español. El Banco de España considera que, además de las buenas palabras y las mejores intenciones, lo que hace falta son hechos probados que evidencien un cambio de cultura en algunos procedimientos que la costumbre ha convertido en ley no escrita y que ahora deben ser sometidos a una revisión radical por parte de cada una de las entidades afectadas.

El gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, estima que los grandes bancos saben perfectamente y desde hace tiempo lo que tienen que hacer para soltar el lastre que la crisis financiera ha generado en la percepción de los clientes, pero entiende también que de nada sirve increpar a sus directivos si éstos no muestran de manera voluntaria una mejora de conducta que permita recuperar la confianza en el sector. El máximo responsable del organismo regulador trata de evitar una confrontación directa con las entidades de crédito y prefiere destacar las actuaciones positivas que se puedan ir produciendo antes que señalar abiertamente en forma de amonestación las malas prácticas que se explican por sí mismas.

Dos claros y contradictorios ejemplos de esta estrategia acaban de sucederse sin solución de continuidad tras el revuelo levantado primero por las escuchas del comisario Villarejo en el caso del BBVA y, después, con la insólita decisión del Banco Sabadell de suspender el bonus que tenían que cobrar con cargo al ejercicio 2018 sus máximos responsables ejecutivos. En el escándalo del segundo banco del país la actitud del Banco de España ha consistido en seguir estrictamente la pauta marcada clara y previamente por el vicepresidente del Banco Central Europeo (BCE), Luis de Guindos, para reclamar en los mismos términos que ha hecho el exministro de Economía una investigación rápida y profunda por parte del BBVA.

En medios financieros justifican que el Banco de España tiene que mostrar una especial delicadeza para no romper la disciplina que exige su actuación delegada del Banco Central Europeo, por lo que Hernández de Cos tampoco dispone de mayor margen de actuación por muy grave que puedan derivarse las consecuencias de lo ocurrido en el BBVA. De ahí que el segundo caso del Banco Sabadell vaya a servir mucho mejor como piedra de toque para que los supervisores del sistema financiero en nuestro país recuperen cierto protagonismo sin herir ninguna sensibilidad en su tarea de regulación con las principales enseñas bancarias que, en todo caso, están sometidas a vigilancia y control desde Fráncfort.

El Banco de España cree que el castigo autoinfligido de Josep Oliu y Jaume Guardiola puede suponer un punto de inflexión a la hora de elevar el listón de las multimillonarias retribuciones variables que perciben las cúpulas directivas y los administradores de las entidades financieras. Los dos máximos ejecutivos han perdido en el envite 1,2 millones de euros; 666.000 euros el presidente y 563.500 el consejero delegado. Pero además, el banco con sede actual en Alicante ha reconocido que la renuncia del bonus se debe al fracaso de la migración tecnológica de su filial británica TSB que dejó colgados a varios miles de clientes en abril del pasado año.

Cláusulas teóricas para devolver los bonus

Un ejercicio de contrición de esta naturaleza suele ser algo insólito no sólo en el sector financiero sino en todo el Ibex 35. El buen gobierno corporativo ha ido incorporando recomendaciones en este sentido y, de hecho, el último código aprobado por la CNMV en 2015 introdujo las llamadas cláusulas 'claw back' para la devolución de los bonus que hubieran sido percibidos de manera impropia. Sin embargo, y exceptuando los requerimientos judiciales o las amenazas penales de los tribunales, los responsables de las sociedades cotizadas suelen ser reacios a reconocer sus errores y mucho menos a ceder voluntariamente sus pingües compensaciones salariales.

El Banco de España confía en que, a partir de ahora y después de que una entidad de primera fila haya roto el hielo, los grandes grupos bancarios del país puedan actuar sin complejos cuando se vean obligados a admitir deficiencias puntuales en su gestión. A partir de este reconocimiento, los encargados de la supervisión bancaria están convencidos de la oportunidad que se brinda a las entidades de crédito para que lideren una especie de 'revolución de cuello blanco' cuyo primer paso debe ser el ajuste y adecuación de los bonus al estricto y cabal cumplimiento de los objetivos previamente establecidos para cada ejercicio económico.

No se trata sólo de devolver lo que ha sido cobrado indebidamente, sino de rechazar lo que, en justicia, no se debía haber percibido nunca. Eso es lo que ha hecho el Banco Sabadell y, lo que mal que le pese a algunos, van a tener que asumir paulatinamente otros colegas del sector.  Al menos la recomendación del Banco de España estará orientada a partir de ahora en esta misma línea de actuación, convencido como está el gobernador Hernández de Cos de que la reputación no se compra ni se vende, sino que es algo que empieza también por uno mismo. 

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