Miércoles, 24.04.2019 - 08:42 h
Sin el rescate millonario habría sido mucho peor

Bankia o el caso del banco 'asesinadito' en una trama donde nadie es el culpable

El expresidente, el auditor, los peritos del Banco de España... Todos se dan cita ante el juez para corroborar ahora que era un fracaso anunciado.

Bankia Debuta En Bolsa
El caso del banco asesinadito: los 60.000 millones, el rescate nacional y Bankia

El 20 de julio de 2011 Bankia salió a la bolsa. El presidente de la entidad Rodrigo Rato brindó con un vino espumoso y salió sonriendo para agradecer a los “miles de accionistas” que estaban a punto de confiar en este banco.

La salida no fue muy brillante. Unos medios titularon que aquel día Bankia “salvó los muebles”. Cinco días después de desplomaba el bolsa un 83%. Un año después, la entidad fue nacionalizada.

Los periodistas que habían asistido a la rueda de prensa de la presentación de Bankia, estaban preocupados porque la mayor parte de los analistas decían que Bankia no valía lo que decía que valía. Los números no cuadraban.

Varios inspectores del Banco de España se cruzaron correos electrónicos con el gobernador para avisarle de que Bankia era un agujero negro. La cotización cayó tanto, y las cuentas eran tan imperfectas, que el gobierno (del PP) decidió asesinarla, nacionalizándola en mayo de 2012 y obligando a Rodrigo Rato a dimitir. Fue, como la obra cómica de Miguel Mihura titulada “El caso de la mujer asesinadita”, donde la protagonista acaba siendo envenenada. En esta ocasión fue “el caso del banco asesinadito”.

Al final, para salvar a Bankia, el Estado tuvo que inyectar 22.000 millones de euros, dentro de un paquete de unos 60.000 millones de euros que recibió la banca española.

Si todo el mundo sabía que Bankia era una mala apuesta ¿por qué no previnieron a los más de 300.000 pequeños inversores? ¿Por qué grandes empresas y otros bancos colaboraron en este asesinato? ¿Por qué el Gobierno, encabezado por Zapatero, siguiendo con la ministra de Economía Elena Salgado, el gobernador del Banco de España, Francisco Fernández Ordóñez, y terminando con el presidente de la CNMV Julio Segura, se unieron a esta obra de teatro? ¿Por qué la auditora Deloitte no lo reflejó? ¿Por qué todo el mundo se calló?

Ahora que se está celebrando el juicio por aquella salida a bolsa, todos los intérpretes se acusan diciendo que ellos fueron inocentes y que los demás mintieron.

Antes de salir a Bolsa, las cifras de Bankia no eran para echarse a temblar. En 2011 supuestamente había ganado más de 300 millones de euros. Pero el auditor de Deloitte, mosqueado por las cuentas, se negó a emitir una opinión, lo cual es como hacer un atestado y no entregar el informe. Había algo raro.

Luego se supo que Bankia no había ganado nada sino que había perdido en 2011 unos 3.000 millones de euros. Al año siguiente, fueron 19.000 millones, “la mayor pérdida empresarial de la historia de España”, informó RTVE.

La historia de Bankia comenzó en enero 2010, cuando Rato fue nombrado por unanimidad presidente de Cajamadrid. Fue un pacto del PP, PSOE e Izquierda Unida. De Rato se esperaba que aportase su credibilidad y su buena imagen como aquel ex ministro que había llevado a España a uno de los mayores crecimientos económicos de la historia. La verdad es que iba de salvapantallas.

A mediados de aquel año, Cajamadrid, Bancaja y otras cinco entidades de ahorro se fusionaron, dando lugar a la mayor caja de ahorros de España. En diciembre de 2010 nació Bankia como fruto de esa fusión.

Aquel año, esa fusión de bancos anunció unos beneficios de 934 millones de euros. ¿Cómo era posible que pasara a perder 3.000 millones de euros en un año?

Todo fue culpa del ladrillo. Una casa que valiera 200.000 euros en 2007, pasó a valer 150.000 euros en 2012 y ahora valdría 250.000 euros. Es decir, el precio bajaba un 25%, pero luego subía un 25%. Pero la casa sería la misma.

Lo mismo pasó con las cuentas de la banca. La crisis obligó a muchas familias a devolver los pisos a los bancos, de modo que estos se quedaron con activos que se depreciaron en pocos años pues había más oferta que demanda.

Rodrigo Rato sencillamente se sentó en el sillón de presidente de Bankia para salvar las cuentas contando un cuento. Cualquier otra persona nombrada por el Gobierno habría hecho lo mismo.

De hecho, las cuentas no se deterioraron porque Rato las amañase, sino porque todo el sistema estaba derrumbándose. José Ignacio Goirigolzarri, actual presidente de Bankia, en su declaración reciente en la Audiencia Nacional que juzga el caso dijo: “Metámonos en el túnel del tiempo: en 2010 parecía que se salía de la crisis y el BCE subió los tipos en 2011”. En mayo de 2010, el gobierno de Rodríguez Zapatero tuvo que anunciar medidas anticrisis: congelar pensiones, reducir el salario de los funcionarios, recortar derechos laborales… Empezaba la hecatombe.

En la segunda mitad de ese año a la economía española se le fundieron los plomos por culpa del mercado inmobiliario. "Nunca he vivido una situación como la que se vivió en Bankia aquellos meses", dijo Goirigolzarri a los jueces, exculpando en cierto modo a Rato.

Ni siquiera Goirigolzarri, con su fama de buen banquero, habría podido salvar Bankia en la misma situación que Rato. Por eso, cuando llegó a la presidencia en 2012, lo primero que obtuvo Goirigolzarri fue una inyección de 22.000 millones de euros, cosa que no logró Rato, quien pensaba que con 7.000 millones serían suficiente.

Lo que seguramente llevó a Rato al cadalso fue su error en los cálculos. Al cambiar el valor de sus activos (debido a la agudización de la crisis), contablemente la entidad pasó de beneficios a pérdidas. Pero esa cifras las conocía desde el principio el Banco de España y la CNMV. “Nuestras tripas las conocía perfectamente: tenía quince personas allí”, afirmó Rato en la Audiencia Nacional, a principios de esta año, refiriéndose al Banco de España. Añadió que el Banco de España fue quien le dio todo tipo de instrucciones como fusionarse con Bancaja y otras entidades. Y que la CNVM estaba al corriente.

Quizá la pregunta no es por qué todos colaboraron en esta operación. La pregunta es: ¿qué habría pasado si no lo hubieran hecho?

Lo más probable es que Bankia habría quebrado, lo cual se hubiera interpretado como una explosión que habría causado una reacción en cadena en 2012, un año en el cual España entera estuvo a punto de ser rescatada con medio billón de euros, y habría pasado a la historia como otro país quebrado.

Todo lo que se montó alrededor de Bankia era para dar una imagen de confianza desde el primer minuto, y todos los protagonistas sabían que Bankia estaba enferma. Pero el invento salió mal, y tuvieron que inyectarse 22.000 millones de euros.

“Si el banco no hubiese sido rescatado, el Estado (el Fondo de Garantía de Depósitos) tendría que haber hecho frente a todos los depósitos inferiores a 100.000 euros (60.000 millones de euros) y lo que excediese esa cifra lo hubiesen perdido”, dijo Amalia Blanco, la directora de comunicación de Bankia, en una serie de 'tuits' en febrero de este año. “Por cierto”, añadió, “el FGD no tenía dinero”.

Algunos políticos, desconociendo este detalle, piden ahora que los banqueros devuelvan los 60.000 millones en ayudas que recibieron. La realidad es que ese dinero no se dio a los banqueros, sino a los bancos. Gracias a ello se salvaron millones de depositantes. Solo Bankia, tenía siete millones de clientes. De no haberlo hecho, habríamos visto a millones de personas a las puertas de los bancos pidiendo que les devolvieran sus ahorros.

Los que han perdido sus ahorros de verdad fueron los 300.000 modestos inversores que se creyeron el cuento de Bankia en bolsa Eran parte del público y se creyeron la obra de teatro con toda su buena fe.

Ahora en Portada 

Comentarios