Viernes, 14.12.2018 - 12:01 h
Dos años y medio después de la muerte del patriarca

El Supremo reabre la 'guerra de los Álvarez' por el control de Vega Sicilia

Obliga a los jueces a pronunciarse sobre la maniobra de los hijos 'díscolos' del fundador de Eulen que les garantizó el dominio de la célebre bodega.

David Alvarez (Eulen) denuncia que sus hijos 'díscolos' han vaciado El Enebro, llevándose más de 80 millones
El expresidente y fundador de Eulen, David Alvarez, fallecido en 2015.

Dos años y medio después de la muerte de David Álvarez (que falleció el 25 de noviembre de 2015 a los 88 años), el fundador de Eulen acaba de obtener una victoria póstuma en la batalla que mantuvo hasta el final con cinco de sus siete hijos por el control de Vega Sicilia. El Tribunal Supremo ha anulado la sentencia que, por un defecto formal, avaló la maniobra societaria con la que sus cinco descendientes 'díscolos' se aseguraron la administración de las célebres bodegas de la Ribera del Duero en 2013. Ahora, la Audiencia de Valladolid deberá decidir si declara contraria a derecho esa jugada que les dio el absoluto dominio.

Mientras la Justicia dirimía si el patriarca de la familia tenía el usufructo vitalicio de las acciones de los cinco hijos con los que se encontraba enfrentado -lo que, en principio, le habría dado el control del 50,7% de las bodegas y casi el 64% si se le sumaban los títulos de María José (actual presidenta de Eulen) y Jesús, los hijos que siguieron siéndole fieles-, Pablo (actual consejero delegado), Emilio, Juan Carlos, Elvira y Marta (presidenta), todos ellos integrantes del consejo de El Enebro y Alión, las dos sociedades dueñas al 100% de las bodegas, aprovecharon su control de la compañía para asegurárselo en el futuro frente a su padre.

Su primer movimiento se produjo entre febrero y marzo de 2013. Los cinco 'díscolos' consiguieron que El Enebro (dueña del 99,99% de Vega Sicilia, el resto es de Alión) les comprara a los hermanos un paquete de acciones de Eulen de 100 millones de euros que la sociedad debía pagar en siete años. Como garantía de esa compraventa a plazos, la sociedad matriz de la bodega ponía el 58,42% de sus acciones de ésta, sobre las que constituyó una prenda.

Esa deuda de El Enebro frente a los 'discolos' fue la que les permitió quitarse de en medio definitivamente al patriarca y sus dos hijos fieles. En la junta de accionistas de Vega Sicilia (de la que solo forman parte El Enebro y Alión) celebrada el 25 de marzo de 2013 hicieron valer su dominio para tomar dos acuerdos con los que difícilmente podrían ser privados de su poder sobre Vega Sicilia en el futuro. En primer lugar, se otorgaron a sí mismos los derechos políticos de las acciones de la bodega que sirvieron de garantía por la compra de sus acciones de Eulen.

Además, establecieron un quórum reforzado del 66,66% para el nombramiento de administradores o el cambio de estatutos. Es decir que, desde ese momento, aunque el padre ganara el pleito contra ellos y se quedara con el usufructo de sus acciones, nunca tendría poderes suficientes para sacarlos del consejo. David Álvarez y los dos descendientes que siguieron a su lado hasta el final, el otro bando en esta guerra familiar, apenas llegaban al 64% del capital.

El Supremo dio la razón al padre


Un año y cinco meses antes de la muerte del padre de todos ellos, la Sala de lo Civil del Tribunal Supremo le dio la razón: tenía el usufructo vitalicio del 50,7% de las acciones de Vega Sicilia, y manejaba el 64% junto con sus dos hijos fieles. Pero no le sirvió para nada. Los 'díscolos', gracias a los acuerdos societarios que habían adoptado, siguieron como administradores y mantenían el control 'político' del 58,4% del capital de la bodega, el que se había dado en prenda para la compra de sus acciones de Eulen. 

Por eso, David Álvarez y sus hijos Jesús y María José presentaron una nueva demanda contra la compañía para que se anulara esa supuesta jugada de los cinco 'rebeldes' por considerarla un "abuso de derecho" cuya única finalidad, según el patriarca, era impedir que su victoria judicial tuviera efectos. Tuvieron poco éxito tanto en el Juzgado de lo Mercantil como en la Audiencia de Valladolid por una cuestión meramente formal: el plazo que tenían para impugnar esas decisiones ante el juez era de 40 días pero Álvarez había dejado pasar casi un año. Sus descendientes-adversarios, seguirían con el control.

María José, actual presidenta de Eulen, actuando como sucesora de su padre, volvió a recurrir al Supremo, que le acaba de dar la razón. El alto tribunal ha anulado la sentencia de la Audiencia y ha obligado a ese órgano judicial a dictar una nueva que se pronuncie sobre el fondo. Sus magistrados deberán decidir si la maniobra de sus cinco hermanos para perpetuarse en el poder fue lícita o no. Después, previsiblemente, el caso volverá al Supremo que, de nuevo, dará su parecer. Solo entonces, la guerra de los Álvarez -al menos la judicial- habrá terminado. Aunque al patriarca de la saga no haya tenido tiempo para verlo.   

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