Martes, 15.10.2019 - 14:06 h
Reunión de la asamblea de socios

Endesa e Iberdrola chocan por Almaraz enredadas en una compleja red societaria

El acuerdo sobre el futuro de la central tiene que ser unánime entre los socios; un desacuerdo prolongado obligaría a acudir al arbitraje comercial

La red societaria de los propietarios de nucleares es compleja.
La red societaria de los propietarios de nucleares es compleja.

Endesa, Iberdrola y Naturgy, propietarias y socios en las centrales nucleares de Almaraz y de Trillo no se ponen de acuerdo sobre el horizonte de cierre de las instalaciones.  El pulso más actual -ya lo hubo en su día en la central de Garoña- se registra en la nuclear de Almaraz (Cáceres), con 411 empleados. Los tres dueños de la central van a reunirse en asamblea de propietarios para decidir si solicitan o no permiso para seguir funcionando y, en caso afirmativo, durante cuánto tiempo.

Los socios están atados entre sí mediante una Agrupación de Interés Económico (AIE), que obliga a adoptar los acuerdos por unanimidad. En caso de desacuerdo prolongado, el enfrentamiento podría llevar a una corte comercial de arbitraje, según apuntan fuentes de las empresas.

Las tres empresas coinciden en rebajar las expectativas de la asamblea de propietarios de Almaraz. Lo más probable, señalan, es que la asamblea no tome ninguna decisión. La razón es que el debate en torno a la central, que según  los propietarios cumple 40 años de actividad en 2023, forma parte de una partida más amplia, en la que también participa el Gobierno.

Cierres, plazos y pérdidas

En esa partida se dirime si se cierran las centrales y a qué ritmo. Iberdrola quiere cierres a los 40 años para no seguir -dice- soportando pérdidas. Endesa, por su parte, quiere prolongar el funcionamiento de las instalaciones, al menos hasta que cumplan 50 años . Por su parte, Naturgy, que rebajó el valor en libros de sus centrales de gas y nucleares, se inclina, con matices, por la posición de Iberdrola.

El debate es intenso y la negociación afecta a la compleja red societaria que envuelve a los siete grupos nucleares en funcionamiento. Salvo AscóI (propiedad de Endesa)  y Cofrentes (propiedad de Iberdrola), el resto de centrales forman parte de dos Agrupaciones de Interés Económico (AIE). Son las que reciben la licencia de funcionamiento y son las responsable ante terceros.

Las dos agrupaciones son la Asociación Nuclear Ascó-Vandellós II (ANAV), en la que participan Endesa e Iberdrola -preside la primera-, y la de la Central Nuclear Almaraz-Trillo, (CNAT), que administra Iberdrola. Las Agrupaciones de Interés Económico son sociedades mercantiles especiales. Se utilizan principalmente para el fomento de las actividades económicas de sus socios, tienen un régimen fiscal especial  y su finalidad teórica es semejante a las sociedades de garantía recíproca.

En la práctica, las agrupaciones han sido la fórmula de las empresas para cumplir con una legislación del año 1964, modificada en el año 2011 y 2013 -Ley de Responsabilidad Nuclear- que fue ignorada por las empresas durante mucho tiempo. La ley obligaba a que los permisos de explotación de cada una de las plantas recayera sobre una única sociedad cuya actividad estuviera centrada, exclusivamente, en el sector nuclear.

Retrasos y expedientes

Las empresas tardaron mucho en ponerse de acuerdo. Tanto que el Ministerio de Industria- dirigido entonces por Miguel Sebastián- llegó a abrir expediente a las empresas por incumplir los plazos. El Gobierno tuvo que empujar con un decreto en 2014 para hacer cumplir la legislación.

El cóctel de normas, desconfianza entre empresas y soluciones societarias del pasado es un mapa de propiedad complejo que dificulta la posibilidad de que las empresas más grandes e implicadas en el sector, Endesa e Iberdrola, alcancen un acuerdo mediante un posible intercambio accionarial.

Además de los recelos, que existen desde siempre, el intercambio accionarial obligaría a aplicar cambios legales para reestructurar las agrupaciones que gestionan las centrales. Naturgy -que ha depreciado en sus cuentas el valor de sus centrales de gas y nucleares- y EDP, que son actores más modestos en el negocio, se quedarían con sus actuales participaciones y no entrarían en los intercambios. Todo está en el aire.

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