Jueves, 25.04.2019 - 14:38 h
Las empresas discrepan en el calendario de cierre

Endesa pide a Iberdrola una negociación tutelada por el Gobierno en las nucleares

El Ministerio de Transición Ecológica diseña un plan de cierre escalonado de instalaciones que sitúa el fin de su vida útil en una media de 45 años.

Almaraz I se enganchó a la red en el año 1980.
Almaraz I se enganchó a la red en el año 1980.

Endesa, Iberdrola y Naturgy no logran ponerse de acuerdo sobre el cierre de la central nuclear de Almaraz (Cáceres). En realidad, no están de acuerdo en el calendario de cierre del parque nuclear en su conjunto, siete grupos que cumplen 40 años entre los años 2023 y 2028. El desacuerdo es profundo y Endesa ha comunicado a sus socios -y rivales- que solicitará al Gobierno y a la empresa pública de residuos Enresa que tutelen las negociaciones entre empresas para encontrar una salida que satisfaga a todas las partes.

Almaraz ha sido un primer asalto para medir fuerzas. No ha habido acuerdo entre sus propietarios, que deben decidir antes del 31 de marzo el periodo para el que solicitarán licencia de funcionamiento. Endesa quiere mantener las centrales abiertas al menos durante 50 años mientras que Iberdrola y Naturgy quieren el cierre a los 40. En la central extremeña, las espadas siguen en alto. Naturgy ha propuesto a Iberdrola y Endesa una asamblea extraordinaria en enero con un único punto en el orden del día: el futuro de la central nuclear.

Iberdrola, por su parte, se limita a señalar que mantiene "voluntad de diálogo (con sus socios) con el fin de facilitar una posible solución, explorando todas las alternativas posibles".

Las perspectivas de acuerdo no son buenas. Hay recelo entre las compañías. En los contactos con el Ministerio de Transición Ecológica han sacado en claro que el plan del Ejecutivo es cerrar el parque nuclear de forma escalonada, de forma que la edad media de "jubilación" de instalaciones sea de 45 años. Esa edad media supone que algunas de las centrales llegarán a los 50 años y otras cerrarán a los 40.

Quién paga la factura

La cuestión que alimenta los recelos es quién paga el coste de cierre, desmantelamiento y tratamiento de residuos. Las eléctricas, y así está recogido en los estatutos de la empresa pública Enresa, deben hacerse cargo de todo el proceso. Por eso pagan una tasa con la que han acumulado algo más de 5.300 millones. El problema es que esa cantidad no cubre ni de lejos los costes estimados por Enresa para el cierre de todas las instalaciones, que superan los 14.000 millones.

Gráfico de residuos nucleares
Gráfico de residuos nucleares

Endesa desconfía. Cree que Iberdrola y Naturgy buscan el cierre de Almaraz para dejar de pagar a Enresa. La sociedad pública funciona con el criterio de caja única y si alguna de las partes dejara de cumplir, alguien tendría que asumir la factura. 

De ahí que, además de la tutela del Gobierno, Endesa haya solicitado la participación de Enresa en las negociaciones. Es una forma de indicar a Iberdrola y en menor medida a Naturgy -que sólo participa en la central de Trillo además de Almaraz- que no se abandona la mesa de juego a mitad de partida.

Dos centrales, tres años

A favor de las tesis de Endesa pesan informes atribuidos a Enresa en los que se considera imposible cerrar y demantelar a corto plazo más allá de dos centrales y siempre que los cierres se produzcan con un intervalo de tres años. Es la consecuencia de la complejidad de los procesos de cierre; la falta de un Plan de Residuos actualizado -el vigente es del año 2006-; la paralización del Almacén Temporal Centralizado de Villar de Cañas (Cuenca), y el elevado coste del desmantelamiento -más caro cuanto más cerca del cese de operaciones-.

No hay soluciones rápidas o baratas. El Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) estima en sus documentos que el coste de un proceso de desmantelamiento está entre el 1 y el 2% del valor de la energía producida por la central. Las empresas no cuantifican ese valor, pero supera con mucho los en torno a 5.000 millones que las compañías han aportado desde 1985 a Enresa.

El proceso -da igual el horizonte temporal- implica un enorme esfuerzo logístico. La Agencia de Energía Nuclear de la OCDE estima que el volumen medio de los residuos generados durante el desmantelamiento de una central nuclear está entre los 10.000 y los 15.000 metros cúbicos por cada gigavatio eléctrico de potencia de la central desmantelada. La potencia del parque nuclear es de 7,8 Gigawatios, según datos de Foro Nuclear.

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