Domingo, 19.05.2019 - 15:07 h
El proyecto Nord Stream 2

¡Es la energía, estúpidos! El principal reto de la OTAN es el gaseoducto ruso-alemán

La acusación quedó sepultada por el ruido de las discusiones sobre el aumento de gasto militar y las bravatas del líder estadounidense

El gaseoducto Nord Stream 2 estará finalizado en 2019 (EFE)
El gaseoducto Nord Stream 2 estará finalizado en 2019. / EFE

El 9 de noviembre de 1989 una joven estudiante de química llamada Angela Merkel se acercó sorprendida a la Bornholmer Strasse, junto a otros cientos de habitantes de la RDA, para ver cómo se desmoronaba el muro y todo aquello que había conocido.

Quién habría podido decirle entonces que, casi tres décadas después, siendo canciller de su país unificado habría de escuchar al presidente de Estados Unidos acusarla de ser una rehén de Rusia.

Pero eso es precisamente la acusación que lanzó Donald Trump en la reciente cumbre de la OTAN celebrada en Bruselas, una acusación que quedó sepultada por el ruido de las discusiones sobre el aumento de gasto militar y las bravatas del líder estadounidense.

Lejos de ver en Trump a una persona que emula a 'The Manchurian Candidate', la alerta de Washington es de los más acertado que dejó la cumbre. Berlín construye junto a Moscú un gaseoducto, el Nord Stream 2, propiedad de Gazprom, que puede hacer saltar por los aires la seguridad en las repúblicas bálticas al potenciar, aún más, la capacidad rusa de desplegar su geoestrategia utilizado la palanca de la energía.

Un análisis de Andrés González Martín publicado por el Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE) recoge la importancia que presta la Federación Rusa a la energía para mantener su influencia sobre los países de la antigua órbita soviética.

Pocos analistas pueden valorar de forma positiva la reacción de la OTAN a la crisis de Crimea, y el posterior conflicto en Ucrania, cuando los países de la alianza demostraron una absoluta falta de comprensión de las ansias proteccionistas rusas. La Asamblea Parlamentaria de la OTAN en su declaración número 444, previa a la conferencia de jefes de estado y de gobierno del 11 y 12 de julio, volvía a reafirmar la política de puertas abiertas de la alianza, prestando oídos a las llamadas a la puerta de líderes como Poroshenko. Y esto supone un desafío directo al Kremlin, que tendrá respuesta tarde o temprano.

¿La traición de Schroeder?

En 2005, Vladimir Putin y Gerhard Schroeder firmaron el acuerdo para poner en marcha el nuevo gaseoducto a través del Báltico, que permitirá a Alemania negociar recibir directamente el gas y negociar su precio. El antecesor de Merkel selló el polémico pacto poco antes de dejar el cargo, cuando ya se había votado su salida del Gobierno. Pocas semanas después, el excanciller se sentaba en el consejo de Nord Stream AG, y ha seguido escalando posiciones en el mercado energético ruso, poniéndose al frente de Rosneft, la mayor petrolera controlada por el Kremlin.

Países como Polonia y Ucrania temen que dar a Rusia la capacidad de diversificar la ruta del gas en Europa suponga condenarlos a soportar los vaivenes del Kremlin. Cabe recordar el episodio de junio de 2014, cuando Rusia cortó el suministro a Ucrania en plena crisis con Kiev, y solo la presión de la Unión Europea pudo solventar la crisis. Cuando se acabe el Nord Strom 2 Rusia podrá jugar a cortar el suministro a sus vecinos mientras mantiene a salvo la energía con la Europa occidental, para seguir recibiendo las divisas que precisa para nuevos proyectos.

Amenaza en el Báltico

Las tres repúblicas bálticas son las que más tienen que perder con el apoyo alemán a la estrategia energética rusa. Para empezar, las tres antiguas repúblicas soviéticas forman casi un bloque geopolítico aparte, como recuerda el documento del IEEE, unido por un corredor de solo 104 kilómetros con el resto de países de la OTAN y la UE.

Si hablamos de la amenaza militar convencional, el pasillo que une Lituania con Polonia, conocido como la brecha de Suwalki, es un punto vulnerable para los tres países bálticos. Y si existe otra clara amenaza directa para los mismos es su atraso energético, por la deficiente conexión de sus redes con el resto de Europa. Desde Rusia se ha buscado mantener siempre un correcto suministro de gas y petróleo a los países del Oeste, mientras estrangula y presiona a los países del Este, creando la lógica división.

Tras el Nord Stream 1, en funcionamiento desde 2011, el estreno del Nord Stream 2 permitirá a Putin sostener una política diferenciada que perjudicará a los países hasta ahora de tránsito, que pierden cualquier posición de fuerza para negociar con Rusia. Y la Comisión Europea lo sabe, por ello ha criticado el proyecto alemán que considera que hace saltar por los aires la deseada unión energética.

Desde Bruselas se ha hecho lo posible por reducir la dependencia rusa de las repúblicas bálticas, una dependencia que aún es herencia de la etapa soviética. En primer lugar porque todas sus redes y conexiones perviven de esa época, y en segundo por la presencia del capital estatal ruso en las compañías energéticas de estos países.

El mes pasado la Comisión Europea ha hecho un llamamiento a las tres repúblicas bálticas para sincronizar la conexión de sus redes eléctricas con el sistema eléctrico europeo antes de 2025. Para hacerse una idea de la importancia de alejarse de la influencia rusa merece la pena recordar el caso de Lituania. En octubre de 2014 este país inauguraba la terminal de Gas Natural Licuado de Klaipéda. Hasta ese momento, el país pagaba a Gazprom un 30% más por el gas que Alemania.

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