Lunes, 24.06.2019 - 20:34 h
Las consecuencias de la crisis de la inversión

Las grandes constructoras se olvidan de España: su mercado es el mundo

La persistencia de la atonía inversora del sector público desalienta a los gigantes españoles del sector que centran su apuesta en otros países

Infraestructuras en España
Las constructoras esperan un repunte de la inversión en grandes obras.

La crisis económica y financiera desencadenada en 2008 ha terminado de cocinar una de las grandes paradojas de la economía española. Y es que las grandes constructoras españolas ni son constructoras ni tienen su negocio en España. Ya no es solo que la diversificación de su negocio haya reducido el paso de la actividad constructora en sus balances hasta convertirla en algunos casos en secundario sino que también el fuerte proceso de internacionalización llevado a cabo ha terminado por convertir el negocio español en una porción mínima de su cuenta de resultados.

El negocio español de las grandes constructoras ha ido perdiendo peso de forma progresiva e inexorable desde hace ya unos años pero nunca antes se había hecho tan evidente la falta de referencias a España en los objetivos estratégicos a futuro de las grandes constructoras españolas. Un fenómeno que no es ajeno al desplome de la inversión pública, como las propias constructoras se han encargado de poner de manifiesto en sus informes anuales de los últimos años.

Los informes de seguimiento que la gran patronal de las empresas constructoras y concesionarias de obras públicas (Seopan) publica con regularidad mensual para dar cuenta de las licitaciones de obra pública de los tres niveles de la Administración Pública: estatal, autonómica y local; revelan que a partir de 2011 el volumen anual de licitación de obra pública en España se estancó por debajo de los 5.000 millones de euros -con ejercicios por debajo de los 2.000 millones-, cuando en 2008 ese volumen llegó a ser de 20.000 millones de euros.

Desplome de la cartera de proyectos en España

El ajuste de los presupuestos inversores de las Administraciones Públicas ha tenido un primer efecto relevante: la suspensión casi total de grandes infraestructuras, la clase de proyectos que alimentan las carteras de las grandes constructoras, ya que son las únicas con capacidad para desarrollarlos. La reducción del tamaño de los proyectos ha multiplicado la competencia por su adjudicación y ha minimizado las opciones de las grandes para sumar cierta masa crítica de negocio.

Las cifras son reveladoras.  ACS ha pasado de facturar 7.823 millones de euros en España en 2011 a ingresar 4.156 millones el año pasado y su cartera doméstica se redujo a la mitad en el mismo periodo, de 12.465 millones a 6.652. En el caso de Sacyr, el adelgazamiento del negocio nacional en construcción ha sido aún más relevante, pasando de una cartera de 1.541 millones a 649 millones en ese mismo periodo de referencia.

La división de Construcción de FCC, por su parte, ha pasado de acreditar una ventas en España de 2.320 millones en 2011 a facturar apenas 445 millones en lo que va de 2017, si bien con una leve tendencia al alza este 2017, gracias a la adjudicación de importantes obras de encargo privado. Ahí se encuadran la construcción del Wanda Metropolitano,  las obras de rehabilitacion del edificio Torre España en la Plaza de España de Madrid de cara al emplazamiento de un futuro hotel de lujo o la construcción del nuevo acceso ferroviario al Puerto de Barcelona, según los informes de la compañía.

Ferrovial, la constructora controlada por la familia del Pino, también ha visto cómo las ventas en España descendían desde los 1.655 millones de 2011 a 712 millones el año pasado y cómo la cartera de negocio de su filial constructora Ferrovial Agroman caída en una proporción similar, de los 2.766 millones a 1.544 el año pasado. Y algo similar le ha sucedido a OHL, en cuyo balance el negocio español ha experimentado un sensible retroceso desde los 2.010 millones facturados en 2011, a los 933 millones del año pasado. Acciona ofrece una información que hace complicado comparar el desempeño de sus diferentes divisiones, pero solo en el último año el retroceso de la cartera en España también ha sido relevante: de 1.571 millones a 1.317 millones.

Nuevos horizontes de negocio

Las cifras ilustran la nueva realidad del negocio de las grandes constructoras españolas. España ha pasado de ser el núcleo y el termómetro de su negocio a convertirse en un mercado más cuando no un país secundario en su planteamiento estratégico. OHL, que es la constructora que más abiertamente señala a España como un mercado relevante en su planificación futura, tiene solo un 15,3% de su negocio constructor en el país y en la información que proporciona en su página web no tiene un solo proyecto español entre los diez desarrollos estratégicos más relevantes en los que está implicada en la actualidad.

En el caso de Acciona solo el 19% de su cartera de negocio está en España; Sacyr tiene el 13%, Ferrovial, el 17%; y ACS, menos del 5%. Curiosamente es FCC, la sociedad controlada por el mexicano Carlos Slim, la constructora donde el negocio español tiene todavía un peso mayor: el 37,7%. 

Europa del Este, Oriente Próximo, Latinoamérica, Estados Unidos, Asia Pacífico, el planteamiento estratégico de las grandes constructoras españolas ha pasado a jugarse en un tablero global y España ha pasado a tener un interés menor en sus planes de futuro, como reconocen más tácita que explícitamente - no mencionando a España como mercado de desarrollo estratégico- en las referencias a sus estrategias de futuro.

Futuro inmediato: los 5.000 millones del nuevo plan de infraestructuras

El futuro inmediato está marcado por el plan de infraestructuras anunciado por el Gobierno para el periodo 2017-2021 que pretende impulsar una veintena de corredores en el interior del país y con el que aspira a movilizar más de 5.000 millones de euros de inversión en grandes infraestructuras a través de la colaboración público-privada.

El Gobierno puso toda la carne en el asador en el acto de presentación del plan, que presidió el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en primera persona y a la que asistieron los principales directivos de las mayores constructoras del país. El objetivo era declarar formalmente el fin de los años de vacas flacas en lo que a la construcción de grandes infraestructuras se refiere e impulsar un nuevo ciclo inversor como el que contribuyó a posicionar como lo están ahora a las seis grandes constructoras del país.

Han pasado ya cuatro meses desde esa presentación por todo lo alto y, pese a que se incluyó este año 2017 dentro del radio de acción del nuevo plan de infraestructuras, lo que dicen los últimos datos sobre ejecución presupuestaria publicados por el Ministerio de Hacienda es que el Gobierno apenas había consumido a 30 de octubre de 2017 poco más de 350 millones de euros de los cerca de 1.000 millones presupuestados para el presente ejercicio, y pese a haberse comprometido ya a gastos por más de 800 millones de euros.

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