Miércoles, 20.02.2019 - 03:09 h
A través de la tecnología Blockchain

Así quiere este exjefe de Ticketbis borrar a los brókers de la reventa de entradas

El que fuera responsable de marketing de la startup, Jorge Díaz, busca apliar ‘blockchain’ y transparencia en el mercado secundario a través de Tracer

Jorge Díaz, fundador de Tracer.
Jorge Díaz, fundador de Tracer, quiere luchar contra los brókers. / Tracer

Jorge era el responsable de marketing de la española Ticketbis, uno de los grandes actores de la reventa de entradas en todo el mundo. Vivió de cerca la irrupción de los brókers, aquellas empresas que se dedican a completar compras masivas de tickets en las plataformas de venta para luego acudir al mercado secundario, incrementando los ingresos. La venta de la startup a Ebay por 165 millones de euros le abrió la puerta de salida. ¿Por qué no montar una herramienta para erradicar esa pieza del sistema?

Ese fue el caldo de cultivo para Tracer, la startup que Jorge Díaz lidera desde Londres y que tuvo su origen en el vertical vinculado a la música de la aceleradora de startups estadounidense Techstars, con sede en Los Ángeles (Estados Unidos). Hoy cuenta entre sus inversores al grupo neoyorkino LCD Sound System, managers de otros grupos, además del fondo de inversión Pillar Companies, que gestiona el capital de CEOs de compañías tecnológicas como Tripadvisor o Draftkings.

Lo visto en Ticketbis, como arranque

Ebay sacó la chequera en mayo de 2016. “Todos dentro de la empresa lo vivimos con ilusión”, recuerda Díaz. Él, según asegura, ya tenía decidida su salida de la compañía meses antes de la operación. Pero esperó por los contratos y los aspectos relacionados con las ‘stock options’.

Su radiografía del sector de la reventa es crítica. Y lo es por la importancia que ha ganado una figura: la de los brókers. “Cuando se abre un marketplace, es comprensible que uno busque proveedores de oferta para generar tracción… Imagino, por ejemplo, a Wallapop introduciendo algunas tiendas para llenar su plataforma en el arranque”, explica. Y esa debería haber sido, en su opinión, el papel que tendrían que haber jugado esos brókers: generadores de oferta en un primer momento: “Pero no sucedió”.

“En un ‘marketplace’ normal era como si metes a Amazon en Wallapop; Amazon acaba controlando y decidiendo qué vende y qué no”, apunta. Y va más allá: si de las 15.000 entradas de un evento, 5.000 las tienen un puñado de 20 personas, éstas decidirán los precios a los que se van a vender.

¿Cómo funciona un ‘bróker’?

Pero, ¿cómo funciona realmente un bróker? En sus propias palabras, son muy rudimentarios. Cuando se pone a la venta un evento con capacidad para, por ejemplo, 15.000 personas, las entradas salen al mercado secundario. Y estas empresas tienen “equipos enteros cuyo trabajo es 5 minutos antes, tener 17 ventanas del navegador abiertas y 10 tarjetas con diferentes bancos”. El objetivo: hacerse con el mayor número de entradas durante los primeros minutos. A esto suman robots, servicios VPN (para ‘falsear’ la ubicación de tu dispositivo desde el que se adquieren masivamente los tickets)...

Hay otra derivada: las ventas a corto. Un bróker pone a la venta una entrada de primario que aún no tiene y que debe conseguir. ¿Qué sucede si no la consigue? Hay cancelaciones ‘in extremis’. El objetivo es conseguir tickets a precios más bajos en fechas muy cercanas al evento (las prisas por vender hace que los precios bajen en esos periodos) para luego venderlos. Una práctica que ya ha despertado muchas críticas, por ejemplo, en el mercado estadounidense.

Su tecnología la probaron en un festival en Reino Unido.
Su tecnología la probaron en un festival en Reino Unido. / Tracer

La pregunta que surge es si, realmente, es evitable la labor de esos brókers. “Con una entrada en formato PDF es muy difícil evitarlo; a los que no les interesa que eso suceda es a promotores y artistas, pero no pueden evitarlo… cómo demuestras si no tienes acceso a los datos que en lugar de muchas personas, pocas han acumulado muchas entradas”, apunta el fundador.

Durante su época en Ticketbis, uno de sus miedos era que se duplicaran las entradas: “La tengo yo en mi email y mañana la subo a otra plataforma, por ejemplo Viagogo”. Una de las soluciones que se trató de implantar fue la entrada nominativa, que incluía los datos personales del comprador, pero es algo “no escalable pues no puedes estar pidiendo el DNI continuamente”.

En ese momento, Díaz empieza a leer más sobre blockchain, la tecnología que permite introducir, gracias a su estructura descentralizada, más transparencia y más reglas en el mercado. ¿Por qué no hacer que las entradas se controlen y se revendan al precio que el artista y el promotor quiera? “Hasta ahora, las entradas las emite un empresario de primario [por ejemplo, Ticketmaster, Ticketea, entradas.com…] y el promotor o el artista no tienen acceso a qué sucede con esas entradas, ni quienes las han comprado, ni emails, ni nada”.

Tracer, con tres filtros

Es ahí cuando, tras salir de Ticketbis y cumplir el periodo de ‘no competencia’ exigido en el contrato, decide arrancar el proyecto. Empieza en la aceleradora Techstars, donde lograron los primeros 200.000 dólares de financiación. Tras el periodo de aceleración, deciden venir a España. Hoy cuentan con un equipo de 6 personas en Madrid, un pequeño espacio en Londres (donde lograron una parte de los inversores que hoy respaldan la compañía). ¿Y el equipo de desarrollo? En Rusia. Más concretamente en Moscú. “Hay muy buen talento de blockchain allí y los costes salariales no son bajos, pues tienen salarios de 70.000 euros”, explica Díaz. Los desarrolladores proceden de una consultora con la que trabajó en el pasado.

Con capital en el banco y un equipo de desarrollo… ¿cómo aportar esa transparencia y control sobre la reventa? La ‘startup’ busca incluir tres grandes filtros al proceso. Por un lado la tecnología blockchain, con la que promotor y artista pueden tener una trazabilidad de cada una de las entradas e incluir reglas tanto en precios (colocando techos para la reventa) como capando webs o plataformas concretas. La entrada se convierte “en un activo digital” que se puede controlar, explica.

Hay otras dos capas de seguridad. Una la descubrió con el lanzamiento de Ticketbis en Corea. “Para vender en ese país, puedes asociar tu identidad a un número de teléfono”, explica. Segundo filtro. Pero aún así, cabe la posibilidad, aunque remota, de que el bróker cuente con muchos números y dispositivos con los que deberá avisar de manera individualizada al comprador de reventa de los códigos de verificación. ¿Solución? Una tercera arma: un código QR que cambia cada 20 segundos.

Con todo, Díaz entiende que esta es una batalla a largo plazo en la que ellos deben ir por delante de estas empresas. “Buscarán cómo hacerlo y se me ocurren algunas formas sofisticadas y caras, pero trataremos siempre de ir por delante de ellos”, explica.

Fuertes competidores y sin modelo de negocio aún

Con esta propuesta, no son los únicos operadores en el mercado. Hay una en Holanda y otra en Moscú. El caso más especial es el de Estados Unidos: una startup liderada por el exCEO de Ticketmaster que ha recibido 30 millones de dólares antes de tener un producto mínimo desarrollado. Con este reparto, la startup española quiere centrarse en el mercado europeo y latinoamericano.

Su primera prueba de fuego fue en un festival en Reino Unido que reunió a 9.000 personas. Hasta ahora siguen concentrados en perfeccionar la herramienta. “Tenemos una visión muy amplia; no me preocupa especialmente cómo vamos a monetizar, puede generarse ingresos porque gestionas las entradas o porque las vendes…”, apunta. Su tarea en esta fase es mantenerse como “activistas”.

Por tanto, sin ingresos, la única manera de seguir construyendo la herramienta es lograr capital. En breve saldrán al mercado para recaudar 3 millones de dólares con los que seguir perfeccionándola y ‘evangelizando’. Como él mismo asegura, ahora hay que luchar contra algo más grande que cualquier otra cosa en el sector: la rutina.

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