Domingo, 19.05.2019 - 11:10 h
Los problemas de la transición energética

La apuesta de los fondos por los parques fotovoltaicos ahoga al pequeño inversor

Los planes renovables del Gobierno atraen a nuevos inversores nacionales e internacionales en el negocio solar donde crece la especulación.

Planta fotovoltaica en San Roque (Cádiz).
Planta fotovoltaica en San Roque (Cádiz).

Los fondos de inversión huelen que en España el negocio solar vuelve a ser una gran oportunidad. Están entrando en tromba con proyectos fotovoltaicos de hasta 400 Mw que necesitan tanta inversión -un millón por Mw- como espacio: el equivalente a centenares de campos de fútbol en algunos casos. Los últimos en llegar a zonas de fuerte desarrollo fotovoltaico como la región de Murcia son fondos rusos y austriacos. Los macroproyectos solares están generando un problema: los promotores solicitan el máximo de capacidad de evacuación en los puntos neurálgicos de la red -nudos de conexión-, lo que compromete el desarrollo de los pequeños proyectos, según destacan asociaciones como Anpier o la Fundación Renovables.

España tiene que hacer en la próxima década un esfuerzo sin precedentes para reducir en 37 puntos las emisiones de gases de efecto invernadero, según los planes adelantados por el Gobierno de Pedro Sánchez. El objetivo es que en 2030, las emisiones del país sean un 20% inferiores a las registradas en 1990. Traducido, eso significa que el sistema tendrá que absorber 50.000 nuevos MW renovables en apenas diez años. En euros, según las cuentas adelantadas por el secretario de Estado de Energía, José Domínguez, la puesta en marcha de este nuevo parque renovable requerirá inversiones de entre 60.000 y 70.000 millones en poco más de una década.

Hay mucho dinero y hay mucha prisa. Es el ecosistema perfecto para los grandes fondos y las grandes empresas que quieren aprovechar el momento. Por eso se están apresurando a tramitar ante el gestor de la red eléctrica -Red Eléctrica de España- las solicitudes de conexión. Las cifras son de impacto. REE ha tramitado y autorizado conexiones para 43,6 Gw y tiene otros 40 Gw pendientes, según señalan fuentes del sector. La comparación con lo que venía siendo habitual es brutal: en 2018 se instalaron 261,7 megavatios de nueva potencia fotovoltaica, lo que supuso un incremento del 94% sobre los 135 megavatios de 2017.

En el país del sol

El negocio solar vuelve al país del sol, pero en el sector de las renovables hay inquietud. Miguel Ángel Martínez-Aroca, presidente de la Asociación Nacional de Productores de Energía Fotovoltaica (Anpier), asegura que la entrada de grandes fondos y de compañías como la eléctrica Iberdrola o Cobra-ACS en el negocio, mediante macroproyectos, "van a provocar el colapso de nudos" de conexión  en zonas concretas de Levante y Andalucía, algo que ya sucede en el Valle del Guadalentín (Murcia) con grandes proyectos en Totana, Alhama de Murcia o Lorca que pueden dejar sin espacio las iniciativas de pymes y pequeños productores fotovoltaicos.

Los pequeños productores e inversores temen que los macroproyectos ahoguen sus iniciativas. Es un miedo fundado. Y compartido. La CNMC ya se refirió a los posibles problemas en la red en su informe sobre el decreto de acceso y conexión a las redes de transporte y distribución. En el documento, la Comisión advertía contra el acaparamiento de puntos de acceso y conexión, con permisos dilatados que tendrían un "efecto negativo sobre la competencia al cerrar el paso a posibles nuevos promotores". Es la especulación que temen los pequeños.

Un experto en energía como Javier García Breva (N2E) advierte del riesgo de aceptar un modelo -el de los grandes proyectos solares- que contradice el que impulsan las directivas europeas. La directiva de renovables (UE 2018/2001) apuesta en general por las pequeñas instalaciones frente a las grandes; la participación de las autoridades locales en su desarrollo; las comunidades energéticas de pequeños productores; el autoconsumo y los contratos de compraventa de energía a largo plazo (PPA)

Tímido impulso

Es el modelo renovable que tímidamente está impulsando también el Instituto para la Diversificación y el Ahorro de Energía (IDAE). La intención: dar más participación a los consumidores y pequeños productores en el sistema energético. El IDAE, en colaboración con el operador del mercado eléctrico OMIE, va a impulsar mercados eléctricos locales en cinco zonas geográficas en los que los protagonistas serán los pequeños productores-consumidores de electricidad con instalaciones cercanas a consumidores importantes.

Frente a ese modelo se sitúan los fondos y las grandes empresas. Iberdrola ha anunciado 2.000 Mw fotovoltaicos en Extremadura hasta 2022 y ACS  tiene en cartera la promoción de plantas y parques renovables que suman 10.800 megavatios (Mw) de potencia, de los que 2.000 Mw están ya en desarrollo y construcción con una inversión de 1.600 millones. La estrategia de los fondos es, por supuesto, aprovechar al máximo el potencial negocio.

Puede tener consecuencias. Como descubrir, quizá tarde, que se ha dejado para otros y no para inversores del país, el gran negocio energético del futuro. Sólo hay que recordar que la banca alemana y suiza ha anticipado que la energía fotovoltaica será la primera fuente de generación eléctrica en el mundo antes de 2050.

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