Domingo, 15.12.2019 - 11:00 h
REE confirma el enfriamiento de la economía

La gran empresa completa nueve meses de caída en el consumo de electricidad

La industria ha reducido la demanda un 5,6% en el último año, con desplomes del 10,8% en el sector del automóvil y del 11,2% en la metalurgia.

El consumo eléctrico de las grandes y medianas empresas aumenta un 2,5% en julio
El consumo eléctrico de las grandes y medianas empresas desciende en el último año. / EP

Los grandes consumidores de energía, con la industria del automóvil y la metalurgia a la cabeza, han teñido de rojo los índices con los que Red Eléctrica de España (REE) toma la temperatura del sistema eléctrico cada mes. El último índice sobre la evolución de la demanda de electricidad en grandes consumidores certifica el enfriamiento económico y confirma el desplome del consumo durante tres trimestres consecutivos. Según las estadísticas, en los últimos doce meses -de octubre de 2018 a septiembre de 2019-, la demanda de las grandes empresas ha caído en conjunto un 4,3% pese a que el desplome se moderó en el último mes.

El escalofrío viene de atrás. Ya en la pasada primavera, cuando apenas se atisbaban los primeros síntomas de enfriamiento, REE alertó de que el sistema registraba "el mayor retroceso interanual desde que se viene elaborando esta serie, el año 2010". Una caída tan alarmante en el consumo de energía podía responder a tres razones: una fuerte mejora en la eficiencia del consumo, un profundo cambio en la estructura de producción de las empresas o una caída de pedidos y de producción. En los últimos meses se confirma la última posibilidad.

De acuerdo con la última estadística, la industria del automóvil y la metalurgia encabezan los descensos, con desplomes del 10,8% y del 11,2% respectivamente. Los porcentajes resumen un momento complicado en ambos sectores. Las ventas de automóviles en los primeros nueve meses del año han caído un 7,4%, hasta las 965.339 unidades, según datos de las asociaciones de fabricantes (Anfac), concesionarios (Faconauto) y vendedores (Ganvam), y grandes compañías como Ford se encuentran en plena negociación de expedientes de regulación temporal de empleo que afectarán a 5.700 empleados.

En el sector metalúrgico, el desplome en el consumo de electricidad discurre en paralelo con la preocupación por posibles cierres y las presiones para que se aprueben cuanto antes las medidas anunciadas por el Gobierno -ahora en funciones- para abaratar la factura eléctrica. El último y más notable episodio afecta a la multinacional del aluminio Alcoa, con factorías en España, que han anunciado su intención de deshacerse de más activos y de revisar la capacidad de producción en algunas de sus plantas. El aviso ha puesto en alerta a la factoría de San Cipriao (Lugo) y a la Xunta de Galicia.

El único pequeño consuelo ante los datos de enfriamiento reside en que en los últimos años se ha roto el lazo tradicional entre crecimiento económico y consumo de energía. En otras palabras: el desplome  en el consumo de energía no tiene una correlación equivalente en el crecimiento económico.

Los datos de REE para el año 2018 mostraron que la demanda global de electricidad creció un 0,4% -0,3% descontadas laboralidad y la temperatura- mientras que la economía creció un 2,6%. Si se amplía el foco del análisis, el cambio es más evidente aún. España registraba en 2018 cinco años de crecimiento del PIB y cuatro años de aumento de la demanda. Pero con un detalle importante: consumo y PIB se han desacoplado. Pese al crecimiento continuado, la demanda eléctrica es todavía inferior a la registrada en 2007.

Los números reflejan que algo ha cambiado en los hábitos de consumo y que el fenómeno no es pasajero. Las grandes y medianas empresas ya consumieron un 1,8% menos de electricidad el pasado año. Muchas pymes y consumidores domésticos, además, han revisado la potencia contratada con el suministrador.

La crisis dejó su poso y los usuarios, grandes y pequeños, según las organizaciones de consumidores, prestan cada vez más atención a sus contratos y tarifas. La reforma del sector en 2013 (PP) prácticamente duplicó el precio del término fijo de la factura eléctrica -la potencia contratada-. Sólo se podía modificar en tramos de 1,15 kilovatios y no era una opción atractiva.

La situación ha cambiado y desde octubre de 2018 (Real Decreto-ley 15/2018), se puede modificar la potencia contratada en múltiplos de 0,1 KW. Las distribuidoras han tenido que adaptarse a la nueva normativa y muchos usuarios están siguiendo la recomendación de revisar la potencia para reducir la factura. Son nuevos hábitos que, eso sí, se suman a un enfriamiento de la economía.

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