Construcción de viviendas de alquiler

Colau apuesta por las casas prefabricadas y se olvida de la empresa catalana líder

Barcelona Housing Systems (BHS) con negocios similares en medio mundo no ha sido ni considerada en un contrato de 5,3 millones de euros.

Sitges
Sitges cuenta con edificios prefabricados.

La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, presentó ‘a bombo y platillo’ el
pasado 14 de febrero el proyecto APROP (Alojamientos de Proximidad
Provisionales)
mediante el que el consistorio barcelonés pretende construir este año, con un presupuesto de 5,3 millones de euros, viviendas sociales prefabricadas para alojar a 250 personas en régimen de alquiler. La primera edil de la ciudad se ‘inspiró’, tal y como desveló durante la presentación del proyecto la teniente de alcalde, Laia Ortíz, en experiencias de este tipo existentes en Amsterdam (Holanda) o Copenhague (Dinamarca).

Proyecto de Chicago
Proyecto de Chicago

¿Y por qué se fue tan lejos si en Barcelona existe una empresa como
Barcelona Housing Systems (BHS) que tiene patentado a nivel mundial un sistema de construcción de viviendas sociales de alta calidad, bajo coste (“un 20% más barata que una vivienda normal”) y eficiencia energética mediante el ensamblaje de paneles modulares fabricados industrialmente?

Porque para ellos, somos conservadores, de misa diaria, estamos marcados por mi abuelo, aunque yo sea ateo, y ni nos adjudican ni nos consultan nada ni esperamos nada de ellos”, afirma César Ramírez de Martinell, arquitecto que en 2006 fundó Barcelona Housing Systems, como una spin-off de otra firma centenaria, César Martinell y Asociados, que en 1916 creara César Martinell i Brunet, uno de los siete discípulos de Gaudí y abuelo del actual rector de la empresa. “Somos una de las firmas de arquitectos más antiguas de Europa, somos de Barcelona, tenemos las tecnología… Pero el Ayuntamiento no nos hace ni caso. La sorpresa sería que nos llamasen, pero se irán a Holanda o por ahí, a por una tecnología cuatro veces más cara que la nuestra”.

Éxito fuera de España

La tecnología de la arquitectura disruptiva de BHS es, sin embargo,
reclamada en múltiples países a lo largo de todo el globo y el 90% de su
facturación proviene de la exportación
. En Chicago (EEUU), cuando sean
definitivamente descontaminados los terrenos que durante décadas ocupó la siderurgia US Steel a orillas del lago Michigan, construirá, mediante una concesión del ayuntamiento de ‘la ciudad del viento’, un barrio, “una solución urbanística global” con entre 12.000 y 20.000 viviendas en edificios de 4 alturas (cada bloque está listo en apenas
5 semanas frente a las 51 de la construcción convencional); en Gran
Bretaña levantarán 4.000 viviendas
con su sistema de fabricación
industrial; en China ya han firmado una colaboración con la empresa estatal China National Building Material Co Ltd (CNBM), uno de los líderes mundiales en la fabricación de materiales de construcción, para desarrollar proyectos en aquél país, “que tiene una demanda brutal de vivienda social”; tienen proyectos en Arabia Saudí, en países de Latinoamérica, como Chile, Ecuador o Perú; en India…

Y en España, hasta el momento, su único edificio terminado está en la
playa de Sitges
, aunque mantiene varios proyectos en estudio en Málaga,
Ibiza, el País Vasco o en la Comunidad de Madrid
, en concreto en la
localidad de Navalcarnero. De momento, “hemos cerrado la fábrica de
Barcelona y vamos a instalar dos plantas, de 50 trabajadores cada una de
ellas, en Extremadura, concretamente en Badajoz, y en Castilla y León,
aunque todavía no sabemos en qué lugar exactamente”.

¿Qué ventajas aporta la tecnología constructiva de BHS? En la empresa
barcelonesa parten de una premisa: hay un déficit masivo de vivienda a
nivel global. Según la ONU, una de cada siete personas en el mundo no tienen una vivienda adecuada. Muchos países tienen programas para financiar la vivienda social, pero “la brecha entre los fondos disponibles y una solución decente sigue siendo demasiado grande” porque las soluciones estándar son “caras, y utilizan los mismos métodos de construcción que han sido usados durante casi dos milenios. No se han producido avances en la tecnología de la construcción. Consumen mucho tiempo y recursos humanos y usan mucha energía y recursos naturales”.

del Guggenheim a casas prefabracadas

El genio de Gaudí siempre presente en la firma

Pero, ¿Cómo empezó todo? La firma dirigida por Ramírez Martinell había
participado en los últimos años, por ejemplo, en la construcción del museo Guggenheim de Bilbao, proyectado por Frank Gerhy, “el edificio más emblemático y complejo del siglo XX y que no se hubiera podido construir sin Gaudí, sin los conocimientos que don Antonio Gaudí transmitió a mi familia”, la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia, de Santiago Calatrava, el Museo den Arte Contemporáneo de Barcelona, la reconstrucción del teatro del Liceo, la Villa Olímpica de Barcelona 92, el Hotel Arts, también de la ciudad condal, o “le construimos una casa de 2.500 m2 hace 30 años al tenista Ivan Lendl”.

Pero llegó un momento, confiesa, “en el que me paré y dije”: hay que pasar de la “egoarquitectura a la ecoaerquitectura”. De una arquitectura “narcisista y para las élites a otra social, sostenible y al alcance de todo el mundo”. En este sentido, César Ramírez Martinell recuerda que “mi abuelo aprendió de Gaudí la geometría de cuarto grado, el amor y el respeto a la naturaleza y su afán por ayudar a los demás. Y es que Antonio Gaudí era un genio, pero también era conocido como el arquitecto de los pobres”. Y así, de estas reflexiones nació en 2006, Barcelona Housing Systems (BHS).

BHS ha patentado una fórmula de construcción basada en la producción industrial que la catalogan de “rápida de construir, sostenible, segura, que proporcione una alta calidad de vida, energéticamente eficiente, hecha con nuevos materiales, asequible y rentable”.  El modelo patentado por la empresa parte de la tecnología aeronáutica y a partir de ahí fabrica planchas de acero reciclado, que se ensamblan sobre el terreno y para lo que se usa ni agua, ni cemento, ni hormigón, ni ladrillos…

“Nuestras viviendas tienen la certificación medioambiental AA, a lo que no se acerca, ni de lejos, la construcción habitual, cuestan un 20% menos, no tienen mermas” (no generan escombros en su construcción), pesan menos que una vivienda convencional…”.

Las magnitudes de las que se vanaglorian en BHS son las siguientes para
un edificio tipo de cuatro plantas: en una construcción tradicional la
cimentación tarda en hacerse 20 días
y es rígida, mientras que BHS la hace en un día, en seco y con mayor seguridad antisísmica; el tiempo de
construcción total de un edificio hecho como se “toda la vida” es de 51
semanas frente a 5 de este tipo;
el peso de un edificio de cuatro alturas construido con hormigón es de 1.350 toneladas frente a las 195 del de la empresa de Barcelona; usa 100 toneladas de cemento frente a cero; genera 30 camiones de 5 toneladas de residuos frente a algo menos de una tonelada en total; la casa de BHS es más eficiente energéticamente, aísla más el ruido y, en fin, “cuesta un 20% menos”. Arabia Saudí, por su escasez de agua, y Suecia, por su calidad, le han echado en ojo para futuros proyectos. Colau, visto lo visto,  no.

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