Miércoles, 20.06.2018 - 18:54 h
Se venden a extranjeros

Las casas de la crónica negra española: no se venden ni con un 50% de descuento

Las propiedades en las que se han cometido asesinatos tardan en venderse de media cuatro años y su precio baja entre un 20 y un 50%.

Casa de los crímenes de Pioz
Casa de los crímenes de Pioz

Amplias, bien comunicadas y por un precio inferior al de mercado. Sin embargo, nadie quiere comprarlas. Son las casas de la crónica negra española. La finca en la que vivía Asunta Basterra en Galicia, el chalé de los crímenes de Pioz en Guadalajara o Las Quemadillas, donde José Bretón quemó a sus dos hijos son algunas de las propiedades que varias inmobiliarias intentan, sin éxito, colocar. “Nadie quiere vivir en el escenario de un crimen, por muy supersticioso que parezca”, comentan fuentes del sector inmobiliario.

En España mueren por homicidio o asesinato cerca de 300 personas al año, muchas de ellas en sus domicilios. Tras el trágico suceso, muchas familias intentan pasar página y poner la vivienda a la venta. Sin embargo, se encuentran con que, por mucho que rebajen el precio, los compradores son reticentes a adquirirlas. “En los cuatro primeros años resulta casi imposible deshacerse de estas propiedades. Sobre todo en las vinculadas a los crímenes más mediáticos”, aseguran.

Es el caso de la vivienda donde se produjeron los crímenes de Pioz. La casa cuenta en total con 140 metros cuadrados construidos y más de 500 de parcela. Tiene dos plantas, con cuatro dormitorios y dos baños. Se vende por 127.000 euros, muy por debajo de los precios de la urbanización. Pese a que en un principio se acercaban algunos curiosos, ávidos de morbo, ahora la casa luce desangelada y los vecinos dan por hecho que no se verá habitada en mucho tiempo.

“Normalmente los dueños suelen esperar a que pasen varios años e intentar colocárselas a gente que no es de la zona y no conoce muy bien la historia del lugar, muchos de origen extranjero. Sin embargo, a la larga, se acaban enterando y la mayoría se echa para atrás. De media, estas casas pierden en torno al 20% de su valor, pero si es un suceso famoso, la bajada llega hasta el 50%”, comentan estas fuentes.

No es obligatorio informar

A pesar de que la ley española no obliga a informar al posible comprador del pasado de la casa, siempre hay vecinos dispuestos a irse de la lengua. “Ahora, con Internet es mucho más fácil que se hagan públicos estos datos, pues en muy fácil introducir en un buscador la dirección y que aparezca toda la información disponible. Sin ir más lejos, se me ocurre el ejemplo de la célebre calle León 13 en Sevilla, donde falleció Marta del Castillo. Los hermanos Carcaño dejaron de pagar la hipoteca y ahora el piso es propiedad de un banco, aunque va a tener muy difícil que alguien puje por él ”, sostienen.

Estas mismas fuentes desvelan que, aunque antes no sucedía, cada vez son más los que rechazan adquirir propiedades en las que hayan residido personas vinculadas al terrorismo yihadista. “A pesar de que no haya habido ningún crimen de sangre, cada vez resulta más complicado que alguien acceda a vivir allí”, reconocen, pese a que con un buen descuento “los clientes no son tan reticentes como en el caso de los asesinatos.

“Para vender estas casas lo mejor es armarse de paciencia y evitar mentir al cliente. Muchas veces ganan más confianza si eres tú el que informa, antes de que lo lean por Internet. Se trata de darle la vuelta a la situación y aceptar que, por muy bien que esté la casa, siempre te va a costar más trabajo y se venderá por menos dinero. Pero, ¿a quién no le gustan los retos?”, concluyen.

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