Jueves, 12.12.2019 - 20:44 h
La histórica del coworking

IWG, rival de WeWork en España, marca distancias: "Nosotros somos rentables"

El dueño de Regus y Spaces, que mantiene un ritmo de 15 aperturas de centros al año, cree que los problemas de su competidor son una "mala noticia" 

Philippe Jiménez, responsable de IWG para España
Philippe Jiménez, responsable de IWG para España. / IWG

El terremoto en el sector del coworking ha sido de órdago. Uno de los grandes nombres, WeWork, ha vivido unos meses negros por sus problemas económicos tras la cancelación de la salida a bolsa. La marca histórica de este mercado, la multinacional británica IWG (antigua Regus), quiere alejarse y trata de sacudirse esa alargada sombra. Su responsable en España, Philippe Jiménez, marca distancias, ante las dudas surgidas entre los inversores de su rival por la sostenibilidad del modelo: "Nosotros sí somos rentables".

IWG es el grupo detrás de Regus, especializada en la gestión de grandes centros de negocios. Fundada a finales de los 80 por un empresario británico en Bélgica, cotizan en bolsa desde comienzos de los 2000. Diez años después de ese estreno bursátil vio cómo WeWork empezó a sacudir el mercado con una apuesta por los espacios de coworking. Eso le obligó a salir de compras para diversificar y, entre otras, se hizo con la cadena de coworkings Spaces en 2015. Hoy opera con ambas enseñas en España y pelea con la estadounidense por este mercado.

Los últimos meses han sido muy movidos. WeWork decidió cancelar la salida a bolsa, ante la fuerte presión de los inversores por las dudas sobre su modelo y la sostenibilidad ante las elevadas pérdidas acumuladas. Eso la dejó sin apenas efectivo y necesitó un rescate 'in extremis' de unos 8.000 millones de dólares (entre ampliación de capital y recompra de acciones) de su máximo accionista, Softbank, que se hizo con el control absoluto. ¿La consecuencia más inmediata? Se estudian varios miles de despidos en todo el mundo. 

"Es una mala noticia; ha sido un exponente muy importante en lo que es la promoción de esta industria y del espacio flexible", explica en una entrevista a La Información Jiménez, quien insiste en que esperan que se reponga "a la mayor brevedad". No ya porque un colapso perjudicaría a toda la industria, sino porque la creación de la demanda y la inversión en marketing y captación es más fácil si se comparte entre varios competidores. Su 'jefe' y fundador del grupo, Mark Dixon, dijo recientemente a Reuters que era una oportunidad para lograr una diferenciación en base a la calidad en el servicio. 

La rentabilidad, a debate

Esa es la diferenciación que el grupo no deja de repetir. También en España. Jiménez señala la más clara: "Nosotros sí somos rentables". A nivel global, el grupo cerró el año 2018 con un Ebitda de 389 millones de libras para unos ingresos de 2.535 millones. El directivo apunta que su obsesión es esa rentabilidad, puesta en duda en WeWork. Tardan en lograr el 'break-even' en cada uno de los centros, ya sea de Regus o de Spaces, una media inferior al año. Pese a ello, entienden que el crecimiento es clave para ganar capilaridad. Y por eso hoy están a un ritmo anual de aperturas de quince nuevos centros. "Un ritmo que se acelerará seguro", explica. No sólo en las grandes ciudades, como su principal competidor, sino también en capitales medianas, con proyectos propios o franquiciados. Hoy dice contar con 60 emplazamientos en una veintena de ciudades, a través de las marcas Regus y Spaces.

¿Y las cifras en España? No hay cifras específicas. La empresa no las comparte, ni tampoco las consolida en unas cuentas (tienen decenas de filiales con las que gestionan cada uno de los centros de trabajo). Sólo se limitan a asegurar que el margen de Ebitda es superior a la media de todo el grupo. La demanda de estos espacios crece, según sus cifras, más de un 25% al mes en grandes capitales como Madrid y Barcelona. No sólo entre autónomos, pymes y startups. También entre grandes multinacionales, que ya suponen casi el 40% de sus ingresos.

La gestión de los alquileres

Otro de los puntos que ha estado en discusión del modelo de coworking y espacio flexible tras la caída de WeWork es el de los alquileres. La estadounidense ha cerrado contratos a muy largo plazo que la atan con grandes propietarios de los edificios durante hasta 15 años.  Es el caso de los acuerdos firmados en España con gigantes como GMP o Colonial. ¿Y en IWG? Jiménez advierte de que sus pactos son a cinco años, residiendo la potestad de renovar en ellos. Están apostando también por crear 'joint-venture' con el dueño del activo inmobiliario, con el objetivo de implicarlo también en el negocio.

El tercer gran factor de riesgo que muchos señalaron en el caso de su competidor es el de la mayor exposición a una recesión, precisamente por esa fuerte inversión en la puesta en marcha y mantenimiento de los centros (y su dotación, especialmente, en tecnología) y en el alquiler de los mismos, que contrastan con una mayor flexibilidad para los inquilinos. "Nosotros hemos pasado por dos crisis muy importantes, la de las tecnológicas en el 2000 y la de 2008; sabemos lo que hay que hacer y lo hemos vivido", advierte Jiménez ante la preocupación de cómo se comportará este sector ante la posible recesión que todos los analistas barajan para un futuro a corto plazo.

Con estos ingredientes, IWG quiere esquivar las dificultad y tratar de aprovechar el auge de este tipo de espacios de trabajo que en grandes ciudades como Madrid y Barcelona, según sus propias cifras, ya suponen el 25% de los alquileres de oficinas. Y lo hace tratando de sacudirse la alargada sombra de los problemas de WeWork.

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