Martes, 10.12.2019 - 08:11 h
El cuarto operador brasileño

La pugna con los fondos frena la venta de la rama móvil de Oi que busca Telefónica

El accionista de referencia, el fondo GoldenTree, sostiene una batalla con el CEO ante la parálisis. La venta de activos sigue en suspenso.

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La brasileña Oi vive en un callejón sin salida ante los problemas financieros. / L.I.

Es una de las operaciones más destacadas que va a vivir el sector de las telecos en los últimos años en Brasil. Y muchos ojos están mirando ahí. También los de los directivos de Telefónica, que no quiere perderse una potencial compra que le permita defender su posición de líder en el segmento de contratos móviles en este mercado. Pero el 'tira y afloja' de la cúpula de Oi, el cuarto operador allí, con grandes fondos de inversión que ocupan los principales puestos de su accionariado pasa factura a la venta del negocio móvil, por el que la operadora española estaría dispuesta a pujar frente a Telecom Italia o Carlos Slim.

El máximo accionista de Oi es Goldentree. El fondo, con sede en Nueva York y 30.000 millones de dólares en activos bajo gestión, controla el 14,5% de Oi. Y en este tiempo ha sido uno de los más críticos con la gestión del consejero delegado de la brasileña, Eurico Teles. Hace semanas publicó una dura carta contra él: "Tememos que el futuro a largo plazo de la empresa esté en grave peligro debido a la mala toma de decisiones, el desempeño financiero decepcionante y la incapacidad de aplicar principios de gobierno corporativo consagrados en el plan de reorganización".

Goldentree no está solo en ese accionariado crítico con la gestión de Teles. Se suma a otros fondos conocidos como el canadiense Brookfield -que hoy trata de quedarse con la filial de servicios de Ferrovial y pujó por los centros de datos vendidos por Telefónica-, que ostenta el 5,7% de los títulos; York Global Finance, que tiene el 11%, o Solus Alternative, que tiene el 3,6%. Todos ellos son hedge funds que aterrizaron a lo largo del pasado año con el objetivo de promover una sacudida en la gestión y empujar a tomar medidas más radicales.

Todos ellos mantienen una batalla que está pasando factura al proceso de venta de los activos con los que tratar de enjugar las fuertes pérdidas que acumula después de más de tres años en concurso de acreedores. Teles está tratando de maniobrar para resistirse a ejecutar algunas de esas ventas. A principios de este mes advirtió en una entrevista que no vendería su negocio móvil -el que es ansiado por la propia Telefónica- en el corto plazo como una forma de satisfacer las necesidades de financiación: "Esta posibilidad ni siquiera existe". Ha tratado de afrontar otras ventas menos significativas en áreas como la inmobiliaria, sacando al mercado varias propiedades por valor de cientos de millones de euros.

Esta situación podría retrasar de manera significativa la operación que el resto de operadores esperan. Éstos últimos dan por hecho en sus declaraciones públicas que, hoy por hoy, no está a la venta este activo y que cuando lo esté estudiarán todas las posibilidades. Es lo que dijo la pasada semana el presidente de Telefónica Brasil, Christian Gebara, quien insistió en que están dispuestos a evaluarla "en caso de que finalmente se ponga a la venta".

El resto también ha expresado abiertamente ese interés en público. El consejero delegado de TiM, la filial de Telecom Italia en el mercado, calcó las declaraciones de su homólogo en la teleco española: "Tengo el deber de verificar si crea o no valor para mis accionistas una vez que las frecuencias estén disponibles". Y esa es la otra clave en el proceso, que también señaló Gebara: la próxima subasta de 5G en el país y del espectro de la banda 700MHz y 2.3GHz que se usan para 4G. Sin el resultado será difícil que se cierre definitivamente, pues la adjudicación será clave para la valoración de todos los activos.

Telefónica se juega mucho en esta operación. No tanto por el tamaño de la misma, sino porque si finalmente los activos del negocio móvil se los queda su competidor mexicano, Carlos Slim, podría poner en riesgo su dominio en este mercado, el segundo por ingresos en todo el mundo después del español. Y máxime después de que se hiciera con el operador nextel por más de 900 millones de dólares, que le permitirá sumar clientes hasta superar el 26% de cuota de mercado.

Una situación muy complicada

Mientras todas estas piezas encajan, la situación de Oi no deja de empeorar. No sólo en el lado del negocio -los ingresos cayeron casi un 9% en el primer semestre y el Ebitda se hundió un 53%- sino también en bolsa. La compañía no deja de perder valor. Desde el pasado verano, las acciones han perdido más de un 18% de su valor. Desde el principio de 2018, año en el que aterrizaron algunos de los 'hedge fund' en su accionariado, ha perdido más del 60%.

La cuenta atrás de la venta de activos del operador arrancó hace meses. Pero la batalla de Teles y la cúpula de la compañía con los fondos internacionales no lo va a poner fácil. Mientras tanto, los competidores están más que preparados.

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