Lunes, 16.12.2019 - 11:21 h
Liberalización del transporte ferroviario de viajeros

Ábalos busca una solución española con Talgo y CAF como rival del AVE de Renfe

El ministro de Fomento pretende que el poder de compra de la empresa estatal permita crear un segundo operador sin interferencias extranjeras

Tren, trenes de Cercanías de Renfe en Madrid
Renfe renovará el 50% de sus trenes de cercanías / EP

El ministro de Fomento, José Luis Ábalos, no quiere que las grandes multinacionales ferroviarias de Francia, Alemania o Italia se cuelen hasta la cocina en la red española de Renfe. Con este objetivo el Consejo de Ministros del pasado viernes dio luz verde a un proceso que permitirá a Renfe ejercer su poder de compra en un guiño para que los principales fabricantes españoles de material rodante puedan reforzar su estrategia de desarrollo corporativo y actuar también como socios estelares en un eventual segundo operador ferroviario en España.

El contrato-programa de Renfe aprobado por el máximo órgano colegiado del Gobierno supone una subvención de 9.694 millones de euros durante los próximos diez años. Con este importe garantizado por el Estado, Renfe dispondrá de músculo financiero suficiente para relanzar un plan estratégico  que incorpora como medida inmediata la adquisición de nuevos trenes por importe de 3.000 millones, de los que dos tercios serán invertidos en los primeros meses de 2019.

El ministro Ábalos ha sido el más interesado en definir la estrategia a medio plazo de Renfe dentro de una doble vertiente que entraña tanto una política activa de internacionalización como una defensa pasiva e indirecta pero no menos eficaz para preservar el mercado doméstico. La liberalización del mercado ferroviario está en el horizonte inmediato y las autoridades europeas de competencia se encuentran al acecho, por lo que se impone una planificación ordenada que asegure la posición competitiva de la empresa española en el mercado mucho más abierto que se avecina.

Con esta misión los consultores de McKinsey han desembarcado en Renfe para fijar por la vía rápida las líneas maestras de actuación que marcarán el futuro de la operadora ferroviaria hasta el año 2023. El programa de trabajo a cinco años constituye el punto de inflexión para la transformación y adaptación de la empresa al nuevo entorno de liberalización que comenzará en 2020, pero cuya preparación artillera está siendo acometida desde ahora mismo por el conjunto de los grandes competidores multinacionales que tratan de expandirse por toda Europa.

Los principales y más peligrosos competidores de Renfe son empresas que se mueven por Europa con años de experiencia y el apoyo de sus respectivos Estados nacionales. La SNCF de Francia está negociando su entrada en la red española de ferrocarriles y ha sondeado la posibilidad de unir fuerzas con Acciona y Air Nostrum. Otros potenciales rivales a tener muy en cuenta son los italianos de Ferrovie dello Stato, sin olvidar por supuesto a la Deutsche Bhan alemana.

Plan Estratégico a marchas forzadas

La empresa del Grupo Fomento que preside Isaías Taboas sacó a licitación este verano un contrato de consultoría que comprendía tres áreas definidas de trabajo, vinculadas con la formulación de ejes estratégicos, elaboración de proyectos por líneas de actuación e implantación de medidas concretas. El concurso, dotado con medio millón de euros, ha sido adjudicado a Mckinsey cuya primera tarea ha consistido en definir el entorno político, social y económico en el que se va a mover Renfe durante el próximo lustro y la posición de partida en términos comparativos con el resto de los principales operadores extranjeros.

El presidente de Renfe considera que la compañía debe trazar su senda de futuro con independencia de la ofensiva que puedan desplegar sus homólogos en Europa pero en el Ministerio de Fomento existe la sensación de que la irrupción en la red ferroviaria española de los llamados ‘national champions’ estatales puede complicar seriamente el futuro de la compañía española. Otro cantar sería en el supuesto de que el segundo operador en competir con Renfe fuera una empresa netamente española capitaneada por algunos de los fabricantes que han actuado tradicionalmente como proveedores de la propia red nacional de ferrocarriles. Talgo y Caf constituyen en este sentido la gran esperanza del Gobierno para monitorizar el proceso de liberalización.

Las cuestiones esenciales que se plantean los asesores de McKinsey, en contacto permanente con la alta dirección de la empresa, afectan tanto al desarrollo corporativo derivado del nuevo marco de abierta competencia como en lo que concierne con la obligación del servicio público (OSP) que constituye una actividad esencial para la empresa heredera del monopolio ferroviario. Renfe tiene que resolver a marchas forzadas y contra reloj algunas incógnitas determinantes como son la eventual reordenación del grupo, con la creación de nuevas filiales; la posibilidad de una política de competencia vía precios o la segregación del servicio de viajes de lo que es la pura y dura OSP.

En el apartado laboral, el plan estratégico de Renfe constituye una oportunidad para desarrollar un nuevo marco de relaciones con los sindicatos a partir de una oferta de empleo dirigida a la contratación de nuevos perfiles profesionales relacionados con las nuevas tecnologías, entre los que destacan los técnicos especializados en ciberseguridad e infraestructuras informáticas. La compañía ha lanzado esta misma semana una propuesta de 57 nuevos puestos de trabajo que comprenden además técnicos de salud laboral, ingeniería, edificación, arquitectura, compras y auditoría interna.

El pasado mes de junio Renfe efectuó una oferta más amplia para incorporar 600 nuevos trabajadores, de los que 410 correspondían a puestos de maquinistas, lo que supuso una de las mayores convocatorias para reclutar personal en toda la historia de la compañía. El proceso de renovación de plantilla tiene por finalidad reducir la edad media, que ahora se sitúa en 54 años, y está sustentado en la combinación de estas ofertas de empleo con planes deslizantes de bajas voluntarias cada año. Renfe pretende con estas medidas una renovación de casi el 6% de los 14.000 empleados que trabajan en la empresa.

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