Lunes, 19.08.2019 - 17:02 h
Polemiza con el dirigente popular Daniel Lacalle

Teresa Ribera se jacta de la salida de los fondos de pensiones de Exxon, Shell y BP

La ministra de Transición Ecológica 'incendia' las redes y provoca estupor entre las delegaciones diplomáticas de Estados Unidos y Reino Unido

Teresa Ribera
Teresa Ribera está encantada con que los inversores huyan de las petroleras/ EP

La ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, ha causado estupor entre las delegaciones diplomáticas de Estados Unidos y Reino Unido después de que este miércoles se despachara a través de su cuenta personal en twitter con un comentario en el que se jactaba de que el fondo de pensiones de los trabajadores de Londres haya suprimido de su cartera de inversiones a las grandes petroleras ExxonMobil, BP y Shell. La ministra se hacía eco de una información publicada en el diario británico Financial Times y remataba su opinión señalando que "no es el primero ni será el último", en referencia a la posibilidad de que otros grandes fondos dejen de invertir en compañías del sector.

La intervención de Teresa Ribera ha dado lugar a una encendida polémica con el dirigente económico del Partido Popular, Daniel Lacalle, que no ha dudado en tildar de 'irresponsable' la actitud de la ministra por aplaudir que se deje de invertir en una empresa extranjera: "¿Qué diría si vetaran a una empresa española?" se preguntaba Lacalle, a lo que Teresa Ribera ha contestado que ella sólo ha constatado una noticia en la que se pone de manifiesto el creciente riesgo financiero asociado al cambio climático: "Irresponsable es quien no quiere ver", ha replicado la titular en funciones de la política energética en España.​

Al margen de la discusión en las redes sociales lo que ha molestado en medios institucionales cercanos a las embajadas de los países vinculados con las empresas petroleras es el 'atrevimiento' del Gobierno español a la hora de señalar con el dedo a entidades corporativas de carácter multinacional y que son determinantes en el desarrollo energético global. La sorpresa no habría causado mayor indignación si España no fuera una economía extraordinariamente dependiente del petróleo por muy loable que resulte el afán de la ministra en cambiar las fuentes de generación energética en nuestro país.

​Los observadores más críticos con Teresa Ribera consideran que la ministra trata de envolverse en la bandera ecologista a cualquier precio, aprovechando la tendencia generada a raíz de la Conferencia de París del año 2015. La problemática derivada del cambio climático y la necesaria descarbonización en los países desarrollados no son cuestionables, pero sí el modo y manera en que la ministra trata de desdeñar otras opciones alternativas con las que, de momento, es necesario convivir para asegurar los niveles de crecimiento y riqueza en el mundo occidental. En este sentido, las citadas fuentes señalan que "las posiciones dogmáticas no son el mejor recurso cuando lo que se trata es de adquirir resonancia y predicamento internacional".

El tuit de la discordia se produce a escasos días del discurso de investidura con el que Pedro Sánchez defenderá en el Congreso de los Diputados sus aspiraciones como presidente electo  del Gobierno. El líder  socialista ya ha anunciado que uno de los aspectos básicos de su programa, si no el más importante, consiste en intensificar las medidas tendentes a favorecer la transición ecológica de la economía española. Un proyecto fundamentado a través del nuevo Plan Nacional Integrado del Clima y la Energía, con horizonte en 2030 y un nivel global de inversiones de 236.000 millones de euros, de los que un 80% tienen que ser movilizados por el sector privado.

Conducta desinhibida e impropia

Con estos objetivos tan ambiciosos no se entiende tampoco el interés de la ministra por socavar el papel de empresas con una acendrada imagen de marca en el mercado global y cuyo papel puede ser crucial para facilitar el proceso de transferencia a otras fuentes alternativas de producción energética. En medios del sector recuerdan que "llueve sobre mojado" en alusión a la discusión protagonizada hace un mes escaso por Teresa Ribera con Antonio Brufau cuando el presidente de Repsol pidió cautela ante lo que consideraba el "ambicioso liderazgo" del Gobierno para frenar las emisiones contaminantes.

​La ministra no tuvo inconveniente entonces en aplicar su doctrina más gruesa para descalificar las impresiones del titular de Repsol, mostrando con cierta sorna su decepción con Brufau, de quien dijo que "pensaba que era un hombre moderno que entendía los tiempos y desafíos de una empresa energética". Los defensores de Exxon, Shell o BP entienden que Teresa Ribera actúa de un modo cuando menos "desinhibido y, por tanto, impropio" de una dirigente que debe valorar por encima de todo las consecuencias de sus manifestaciones. Otra cosa muy distinta es que la ministra sea la más consciente e interesada en trasladar estos mensajes a la opinión pública aunque para ello sea necesario entrar en conflicto con intereses de empresas extranjeras que vienen trabajando desde hace muchos años en España.

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