Domingo, 21.10.2018 - 13:08 h
El retrato de una crisis

Una 'tormenta perfecta' golpea Tesla mientras España espera su Model 3

Dudas sobre su viabilidad, problemas con la deuda, retrasos en la producción y peticiones de reembolsos a proveedores ' in extremis' le castigan.

Fotografía de la nueva tienda de Tesla en Madrid
Un 'tsunami' golpea Tesla mientras España espera su Model 3. / Tesla

Una verdadera tormenta perfecta: una deuda milmillonaria acuciante y unas finanzas en serios problemas; una producción que no deja de sufrir retrasos (España aún espera una fecha concreta para la llegada de su modelo de bajo coste Model 3); un consejero delegado, Elon Musk, fuera de control, con salidas de tono continuas en la red social de Twitter, y una alargada sombra de impago que pesa como una losa. El fabricante de coches eléctricos Tesla vive hoy uno de sus peores momentos. La compañía se ha dejado en bolsa casi un 20% de su valor en las últimas cuatro semanas y no hay perspectivas de mejorar.

El último detonante de la enésima crisis de Tesla hay que encontrarlo en una información del diario económico 'The Wall Street Journal' en la que algunos de los proveedores del fabricante aseguraban que la empresa había solicitado el reembolso de una parte de lo que Tesla les pagó en el pasado. Unos reembolsos que son “esenciales para las operaciones” y que eran claves para continuar con el crecimiento a largo plazo de ambas partes, tal y como lo justificaba en el documento enviado.

Esta no es una operación habitual en el mercado, pues los recortes en los precios a los proveedores se piden en contratos futuros y no de manera retroactiva. Esto despertó serias dudas sobre la posición financiera de la compañía, que sólo en el primer trimestre ‘quemó’ 1.000 millones de dólares de efectivo (en todo el ejercicio anterior sumó 4.000). Durante ese periodo, los ingresos totales superaron los 3.400 millones y las pérdidas netas fueron de 784.

Necesita más dinero

Lo que queda claro para muchos de los analistas es la necesidad de dinero por parte de Tesla, pese a la negativa que ha mantenido durante los últimos trimestres. El cálculo lo hacía WSJ: la compañía contaba a finales del año pasado con 3.400 millones de dólares de efectivo y equivalentes en la caja, a los que sumaba varios bonos de deuda emitidos y a los depósitos de los clientes, la mayoría reembolsables, que sumaban 850 millones. Sólo en el primer trimestre tuvo un flujo de caja libre -dinero en efectivo que queda tras toda la inversión en el activo de la empresa- negativo de 1.000 millones.

Musk ha insistido una y otra vez que no ve necesaria una nueva inyección de capital. Si lo que advierten muchos de los analistas sucede, la compañía tiene dos opciones: acudir a fondos de inversión para que inyecten el dinero o servirse del mercado de deuda. En ninguna de las dos situaciones lo tendría fácil.

Y los mercados de deuda dan la espalda… ¿y el impago?

Y mientras todo esto sucede, los mercados de deuda no sonríen, precisamente, a Elon Musk y Tesla. El pasado mes de marzo, la agencia de calificación Moody´s bajaba de nuevo la calificación de su deuda (ya en ‘bono basura’). La razón: los continuos retrasos en la producción y la posibilidad de que tenga que abordar un importante aumento de capital para hacer frente al pago de su deuda y evitar una crisis de liquidez.

Parte del mercado teme a un posible impago de la deuda. Y eso se refleja en un instrumento utilizado por los inversores para cubrirse ante posibles problemas. El CDS, una especie de seguro en caso de impago, se disparó de precio a finales de la pasada semana. “Lo que dice es que hay muchas personas que apuestan a que esta empresa va a cerrar”, aseguraba a Reuters Thomas Graff, jefe de renta fija de la firma Brown Advisory.

A cierre del primer trimestre de este ejercicio 2018, la compañía 8.700 millones de dólares en deuda a largo plazo y unos pasivos totales que suman 21.500 millones. Los intereses de esa deuda han pasado de suponer 99,3 millones en esos primeros tres meses del año en 2017 a 149 (un 50% más).

Sin fecha para el Model 3 en España

Mientras todo esto sucede, en España el fabricante no ofrece fecha concreta para la entrega del Model 3, su modelo más económico. Sólo se limita a asegurar que el plazo de entrega es de 12 a 18 meses desde su reserva, que sólo se puede llevar a cabo con un pago reembolsable de 1.000 euros. Los primeros coches se entregarán, según la empresa, “a principios de 2019”. El cliente no puede realizar la configuración del vehículo.

Los retrasos de este modelo no han cesado en los últimos trimestres. Y eso no sólo ha implicado problemas importantes para generar confianza en los mercados, sino también podría suponer un incremento de las cancelaciones por parte de los clientes que pagaron por las reservas.

Un informe de un analista de la firma Needham & Co hizo saltar las alarmas hace unos días, alertando de que los reembolsos a clientes que desistieron de comprar estaban sobrepasando los depósitos. Algo que fue negado por el CEO y por la empresa asegurando que sólo en el segundo trimestre del año hubo 420.000 reservas netas (pedidos totales menos reservas).

Elon Musk y su Twitter

Con todo, el mercado sigue manteniendo la acción en una valoración muy alta, pese a la situación económica y el fuerte incremento de la competencia de otros gigantes ‘tradicionales’ del motor que se han lanzado a por el vehículo eléctrico (Mercedes, BMW y Audi ya han presentado sus credenciales para la batalla). Su capitalización bursátil roza los 50.000 millones de dólares, un 30% más que hace tan sólo un año (130 veces las proyecciones de beneficios que da el consenso del mercado para 2019). Un idilio que analistas dan por finiquitado. JP Morgan predice que las acciones del fabricante se desplomarán más del 40% antes de que acabe el ejercicio.

Este es el cóctel explosivo que tiene en sus manos Elon Musk como consejero delegado de la compañía. Y lejos de huir de los focos, durante las últimas semanas ha decidido salir a escena en Twitter con duras críticas contra todos: contra los medios; contra inversores bajistas; contra analistas, durante la última presentación de resultados del primer trimestre, o contra uno de los buzos que salvaron a los niños atrapados en una cueva en Tailandia.

Mientras tanto, Tesla se juega su futuro en estos trimestres. La alargada sombra de sus finanzas se cierne sobre la compañía que busca revolucionar la industria del motor. Queda por ver si Musk vuelve a salvar este punto de partido.

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