Barceló, Iberia, Inditex... así se enfrenta la empresa española al caos de Nicaragua

  • El grupo hotelero reconoce el impacto en sus reservas, mientras Pescanova, que ha invertido 160 millones en el país, asegura estar preocupada.
Barcelo Montelimar Nicaragua
Barcelo Montelimar Nicaragua
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El pasado 14 de noviembre, la Policía del presidente nicaragüense Daniel Ortega detenía a dos personas en el mayor centro comercial de Managua, Galerías Santo Domingo, al lado mismo de la tienda de Zara situada allí. Desde entonces, la presencia policial es constante en esta gran superficie, la mayor del país, cuando la ley nicaragüense impide teóricamente que las fuerzas de seguridad entren en lugares privados si no se produce una llamada expresa de los propietarios.

Desde la dirección del espacio comercial se apresuraron a denunciar que la presencia de la fuerza pública había causado preocupación, perjuicio y temor a los inquilinos, colaboradores y visitantes del centro, en el que además de Zara el grupo Inditex cuenta con tres tiendas más, Pull & Bear, Bershka y Stradivarius. 

Desde la firma fundada por Amancio Ortega se rehúsa hacer comentario alguno sobre la situación, "no hacemos valoraciones sobre la coyuntura política de ningún país donde trabajamos", dicen, pero sus ventas en Nicaragua, donde Inditex trabaja asociado con el grupo Siman, han caído notablemente, como le sucede al resto del comercio desde el mes de abril.

Valga el ejemplo como pequeña muestra de la complicada situación, social, política y económica que vive Nicaragua desde el estallido de buena parte de la ciudadanía contra el régimen de Ortega y su esposa Rosario Murillo, presidente y vicepresidenta del país. La revuelta se inició el pasado mes de abril y se ha saldado, según la Asociación ProDerechos Humanos de Nicaragua (ANPDH) con 545 personas asesinadas, 4.355 heridos, 1.315 personas desaparecidas y miles de detenidos, provocados por "una brutal represión", explican desde este organismo.

Además, "más de 40.000 personas han huido del país a la vecina Costa Rica y varios miles más a otros países, entre ellos España”, como explica a La Información Yerling Aguilera, ella misma exiliada en España desde septiembre, donde ha pedido asilo político, "si vuelvo a Nicaragua me detendrán, torturarán y posiblemente me maten", integrante de la Caravana Internacional de Apoyo a Nicaragua.

El comercio y el turismo son los dos sectores que más están sufriendo -se calcula que la mitad de los bares y restaurantes de la capital Managua, han cerrado sus puertas en los últimos meses- con una reducción de sus ventas e ingresos cercana al 50%. Nicaragua preveía que este año iba a recibir casi dos millones de turistas e ingresar 925 millones de dólares, pero estas cifras quedarán, según todas las previsiones, reducidas a una tercera parte.

Así, desde el Grupo Barceló, la única gran empresa española del sector turístico que opera en Nicaragua, con el hotel Barceló Montelimar, un complejo de lujo con 300 habitaciones y bungalows en primera línea de playa en el Pacífico nicaragüense, se explica que "a nadie se le escapa que Nicaragua lleva ya tiempo pasando por una situación francamente complicada, que ha derivado en violencia y altercados callejeros que, indudablemente, no resultan nada favorables para el desarrollo del negocio turístico. El cliente hotelero, especialmente si viaja por motivos de ocio -como por otra parte es el caso de la inmensa mayoría de los que se alojan en el Barceló Montelimar Resort-, lo que busca es, ante todo, tranquilidad. Y que aparezcan en medios de comunicación noticias de disturbios en la calle, crisis política, malestar de la población en general, no motiva para viajar" .

Así, desde Barceló reconocen que "como no podía ser de otra forma, las reservas hoteleras en nuestro 'resort' se vienen resintiendo en los últimos tiempos, a pesar de que el hotel Barceló Montelimar se encuentra en el término municipal de San Rafael del Sur, a 70 kilómetros de la capital del país, Managua, que es donde los disturbios y protestas están más concentrados, y por tanto los clientes de nuestro hotel no están expuestos a ese tipo de acontecimientos". Pese a esta situación, desde el grupo hotelero se insiste en que "Nicaragua es un magnífico país, en el que llevamos un cuarto de siglo con presencia, y en el que confiamos plenamente. En ese sentido no nos estamos planteando desinvertir en el país, y confiamos que la situación inestable actual se revierta lo antes posible".

En agosto, Iberia decidió posponer la puesta en servicio de la ruta aérea directa entre Madrid y Managua, que iba a inaugurar el 1 de octubre –tres aviones semanales y una previsión de 90.000 pasajeros al año-, teóricamente porque la misma "no había alcanzado los niveles de demanda necesarios para hacerla efectiva", pero la patronal de Nicaragua, Cosep, había informado ya antes de la suspensión de la ruta aérea prevista "debido a la crisis política y las protestas".

Aunque únicamente el 13% de las empresas españolas con intereses en Latinoamérica están radicadas en Nicaragua, España es quinto inversor en este país, con unos activos de más de 1.200 millones de euros y generando alrededor de 17.000 empleos gracias a la presencia de grandes empresas como Inditex, Repsol, Gamesa, Naturgy, FCC, Telefónica, Mapfre, Barceló, Nueva Pescanova, Acciona, Isolux, Cobra (grupo ACS), Adolfo Domínguez…

Según el informe sobre el ‘Panorama de Inversión Española en Iberoamérica’ la previsión en marzo, ya antes del estallido social y la represión, era de cautela por parte de las empresas españolas respecto a sus previsiones de inversión en Nicaragua por sus "problemas políticos" y la instauración de una ‘dinastía familiar" en la Presidencia del país. De hecho, El Corte Inglés acaba de desembarcar en Centroamérica también, como Inditex, de la mano de Alsicorp (Siman y Prismamoda), pero solo lo hace instalando tiendas de Sfera en Guatemala, El Salvador y Costa Rica, desechando la opción de Nicaragua.

Quizás sea por otros motivos, pero Telefónica, líder en el mercado de móviles en Nicaragua con casi 4 millones de contratos, también escucha ofertas para vender, en su totalidad o en parte, sus filiales en México y Centroamérica (Panamá, Guatemala, Honduras, Costa Rica, El Salvador y Nicaragua). La compañía que preside José María Álvarez-Pallete aterrizó en Nicaragua en 2004, tras la compra de los activos de la norteamericana BellSouth en América Latina, y en el conjunto de Centroamérica tuvo en el año 2017 una facturación de 890 millones de euros con cerca de 13 millones de clientes. 

Para Mapfre, el negocio en Nicaragua apenas supone el 1% de sus ingresos globales, pero su actividad allí también se ha visto afectada por la revuelta contra Ortega y Murillo y la represión ordenada por las dos cabezas visibles del régimen. Lleva operando en Nicaragua desde el año 2010, donde es la quinta aseguradora y da empleo a cerca de un centenar de trabajadores, en cuatro oficinas en el país. En los nueve primeros meses de este año obtuvo primas de 13 millones de euros, un 2,2% menos que en el mismo periodo del año anterior.

Desde la empresa aseguran a La Información que Nicaragua está atravesando una situación muy complicada, "que confiamos que puedan superar. Lo que pedimos es diálogo para que se ponga fin a la violencia de estos meses, y que entre todos los actores implicados se encuentre una solución negociada que permita el regreso de la calma y de la estabilidad". Aún así, admiten que lo de menos es el impacto en el negocio a corto plazo, que para Mapfre no es relevante, "sino el retorno de la estabilidad política, tan necesario para la actividad empresarial. Nuestro compromiso con Nicaragua está fuera de toda duda"

Para quién también su presencia en Nicaragua si es "estratégica" es para Nueva Pescanova, que está ampliando, con una inversión de ocho millones de euros, su planta de acuicultura de langostino 'vannamei' en Nicaragua, donde produce 40.000 toneladas al año de esta especie con la que copa el 25% del mercado mundial. Desde que se instaló allí en 2004, Pescanova, que mira "con preocupación" la situación política, social y económica de Nicaragua, ha invertido en el país más de 160 millones de euros y emplea a 2.000 personas.

Así están las cosas para los intereses españoles en un país que ve cómo la ‘revolución’ que derrocó en 1979 al dictador Anastasio Somoza se ha convertido en una especie de "tiranía familiar, corrupta, despótica y represora de su propio pueblo" de la que reniega hasta quien fuera el primer vicepresidente del gobierno en 1979, el escritor Sergio Ramírez, Premio Cervantes 2018 y que acaba de recibir la nacionalidad española. "El futuro de Nicaragua hay que ponerlo en manos de las nuevas generaciones", asegura el escritor. "Hay gente muy bien preparada, mucha conciencia, de una dimensión ética suficiente para enfrentar lo que viene a Nicaragua", asegura.

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