Abierto en 1979

Karlos Arguiñano y su origen en la cocina de verdad, en la carismática Zarauz

Esa forma de comunicar y de relacionarse con sus seguidores que son legión, le han permitido adquirir una dimensión descomunal, portentosa.

Cocina Karlos Arguiñano
La nueva cocina de Arguiñano ha ganado profundidad, un factor importante para transmitir más amplitud por TV.

Karlos Arguiñano es un monstruo en todos los sentidos. Sus simpatía y espontaneidad natural, le convierten en un ser único delante de la pantalla. Ni siquiera el gran Pepe Rodríguez, de Master Chef, es capaz de llenar la televisión como lo hace Arguiñano. Esa forma de comunicar y de relacionarse con sus seguidores que son legión, le han permitido adquirir una dimensión descomunal, portentosa, que excede todos los límites. Apoyado en una estructura que gestiona con profesionalidad todos sus activos, ha conformado un activo descomunal que le han permitido incluso patrocinar su propia escudería de motos.

Desde Zarauz, ese gran arenal frente al mar sembrado de pequeños toldos de rayas más propios de primeros del siglo XX y sillas en las que parece que se va sentar un cantaor de flamenco, en vez de un bañista; apostado como en una atalaya, su restaurante domina la zona. Un establecimiento al que llegan riadas de gente, autobuses de turistas que desean conocer los dominios de este cocinero al que viéndole en la televisión a diario se le considera de la familia. Aunque Karlos se jubiló, dejó en herencia su gran establecimiento (Hotel, restaurante y bar) a sus cinco hijos, a quienes ha transmitido el amor por el cliente, su razón de ser.

No hay perdida. El establecimiento de Arguiñano se ve sobre la playa, en la línea de edificios es el más representativo de todos, incluso un poco sobrepasado de estilo, es el gran local en el que Carlos y señora, plantaron sus reales cuando decidieron abrir su propio restaurante en 1979. Allí han montado un pequeño hotel muy agradable con vistas a la playa, su restaurante gastronómico y un bar con una de las terrazas más agradables de toda la playa, en la que disfrutar de buenos pinchos y raciones frente al mar. Cocina correcta, impecable servicio y la mejor ubicación en Zarauz ¿Alguien da más?

En la zona oriental del largo arenal de varios kilómetros se encuentra el edificio con aire de castillo del señor feudal, no en vano, Arguiñano es el hijo más célebre de Zarautz y uno de sus mayores atractivos turísticos. En el bar, o mejor dicho en su terraza, algunos de sus clásicos como las piparras con ibérico, el pincho de merluza, suave y muy bueno. Las rabas, excelentes y la ensaladilla de bonito buenísima. Las croquetas de un tamaño considerable, cremosas y bien de sabor. Tanto el aceite como el txacolí en los dominios de Arguiñano es propio y muy bueno.

Para aquellos que prefieran sentarse a la mesa, buen plato de pochas y almejas, buenos chipirones de anzuelo y el bonito de temporada. Su bacalao al pil pil, las cocochas de merluza o un lingote de cochinillo deshuesado, de piel curruscante y sabor excelente. Otra opción es el menú degustación de 42€. Ensalada de salmón con fresas, un ravioli de foie con crema de pochas que añade sustancia y un crujiente de hongos que aportan textura y amplía el registro del plato. El bonito sobre una ligera crema de pimientos morrones, potenciado con caldo de marmitako y soja. Al solomillo de ibérico, tierno y bien hecho con tonos dulces de mango.

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