Lunes, 20.11.2017 - 10:42 h

Catalanito que vienes al mundo te guarde Dios… las tres Cataluñas han de helarte el corazón

Existe la Cataluña del tándem, la de Puigdemont-Mas, heredera del pujolismo del 3%;  la que se trajina Oriol Junqueras y los independentistas románticos, y la Cataluña que vegeta al pairo de los acontecimientos.

Esta tercera Cataluña silenciosa es la que no quiere arriesgar, espera que sea el séptimo de Caballería de la cordura quien ponga orden a este dislate, que la legalidad se imponga a las emociones...

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Ayer cené en Madrid con unos amigos catalanes. Gente cultivada por el arte, la Universidad, los viajes y la vida. Nada recalcitrantes. Les noté cierto miedo en el cuerpo y sobre todo en el alma. Me aseguran que tienen, debajo de la cama, una pequeña maleta medio hecha, y los pasaportes bien controlados, por lo que pueda pasar. “Tengo miedo de que suceda lo peor y corra la sangre”. Les oigo y se me congela el aliento y parte de la entrepierna. ¿Hasta este extremo hemos llegado? ¿Qué nos está pasando? ¿En qué momento se nos jodío el Perú, Varguitas?

Hablamos y hablamos, y brindamos por el final de los miedos. El aparato del Estado –qué pesa lo suyo- está preparado para actuar sin necesidad de que corra la sangre. Europa no quiere que Cataluña se separe y se organice por contagio la verdadera destrucción de la UE. Cuando no te saltas la legalidad, la fuerza de la razón te ampara, pero sobre todo te ampara la razón de la fuerza y de la ley. Que el general Batet ya no vive aquí, y que no está ni se le espera para cenar.

Es verdad que hay mucho cafre suelto y que a más de uno le gustaría que hubiera algún muerto para tener un verdadero mártir que llevarse a la boca. Afortunadamente, no son tiempos de perlas ensangrentadas. Habrá tensión y malas caras, y palabras gruesas, muchas palabras, pero el seny y la cordura volverán a darse la mano. Aunque antes habrá que jubilar ciertas actitudes.  

Catalanito que vienes al mundo te guarde Dios. Una de las tres Cataluñas ha de helarte el corazón y el bolsillo, que es peor. De entrada está la Cataluña del tándem, la de Puigdemont-Mas, heredera del pujolismo del 3 %, y otras corrupciones varias, que ha convertido al Principado en el gran parque temático de la posverdad. En Cataluña cohabita la realidad legal con un reality show ilegal con total impunidad. La independencia, para esta Cataluña arrendada a Puigdemont por exigencias del guión, es la escalera de incendios por la que huir de las consecuencias de la gran corrupción económica generada durante el pujolismo y su devastador nacionalismo. La secesión les sirve para hacerse con el control absoluto del país o de moneda de cambio para negociar la impunidad ante esa enorme olla “barrejada” pero sobre todo podrida de la corrupción.

La otra Cataluña capaz de helar el corazón, es la que se trajina Oriol Junqueras y los independentistas románticos. Con el corazón lleno de odio hacia lo español buscan hacer realidad un sueño nacional que cabalga como Sleepy Hollow en el imaginario colectivo desde tiempos remotos. Pero Sant Jordi de Capadocia siempre atento a los desvaríos se impone con su patronazgo y los catalanes siguen arrimados a España, aunque sea de mala gana, bañándose en el Mediterráneo mientras escuchan a Serrat en castellano. Esta Cataluña sentimental y avispada para los recados, y capaz de fingir el rapto del Serrallo, si es preciso, cree tener la solución para saltarse la legalidad a la torera, es decir, antes de que le pille el toro de la Justicia. Sin embargo, “Dura lex, sed lex”. Hay tanta falacia judicial saliendo de los labios de algunos políticos catalanes, que sorprende que nadie se atreva a levantar la mano para indicar que el sueño de la sinrazón produce monstruos.

Luego está la Cataluña huérfana de Boccaccios y Garcías Márquez, la que vegeta al pairo de los acontecimientos y que no se moja aunque diluvie. Es la Cataluña que se adapta a lo políticamente imperante, por aquello del qué dirán. No quiere ser independiente pero tampoco protesta, no vaya a ser que le llamen botifler. Es la que siente que su tierra es especial, pero también sabe que pertenecer a España, como pertenecer a Europa, no le resta catalanidad, sino que incluso la mejora si sabe jugar sus bazas, y si no que se lo pregunten a los vascos.

Pero esta Cataluña, que en otro tiempo convirtió a esta tierra en la zona más próspera de España y más europea, ha sido desactivada por unos mediocres políticos que juegan al “Gran Hermano” mientras parten y reparten comisiones y corrupciones. La Cataluña sorda y muda, acobardada por el rugir de la marabunta independentista, no ha sabido, ya no digo defender, sino debatir su propio futuro. Con una secesión unilateral, ¿quién pagaría de repente las pensiones?  ¿España? Sí, hombre, y Claudia Schiffer nos traería el desayuno a la cama.

Esta Cataluña silenciosa que no quiere arriesgar, espera que sea el séptimo de Caballería de la cordura quien ponga orden a este dislate, que la legalidad se imponga a las emociones, que nadie se altere más de la cuenta, y que lo del referéndum no acabe como el rosario de la aurora, sino como un punto de inflexión para resetear los ánimos y reiniciar un futuro si no perfecto, al menos aceptable.

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