Miércoles, 22.11.2017 - 05:18 h

Adrenalina, tensión y vocación... un día con un MIR en la guardia más frenética

Lainformacion.com vive en directo una guardia con los residentes de cirugía pediátrica del Hospital La Paz de Madrid.

Adrenalina, tensión y vocación... un día con un MIR en la guardia más frenética

El 'busca' (como llaman los residentes médicos al teléfono corporativo con el que se comunican en las guardias) suena por tercera vez en pocos minutos. Alba Bueno, R-3 de cirugía pediátrica en el madrileño Hospital de la Paz, lo extrae de su bolsillo derecho. Del otro lado podrían avisarle del ingreso de una niña de 9 años al borde de la muerte, con un vólvulo intestinal (el intestino dado vuelta, sin irrigar sangre) como ocurrió no hace mucho, lo que hizo que padeciera uno de los momentos más difíciles de su carrera profesional. Pero, por suerte, su supervisor comunica que debe acudir a Urgencias por el ingreso de un chaval que presenta una infección testicular. El cuadro es mucho menos grave, y ella vuelve a tomar aire y respirar.

Alba, madrileña, soltera, de 29 años, es una de las diez residentes de una de las especialidades más complejas de La Paz; la cirugía pediátrica. Por volumen de pacientes, intensidad y por contar con algunas de las unidades en su estructura únicas en el país (tal es el caso del departamento de Anomalías Vasculares) o su unidad de Quemados (solo hay tres con esas características en toda España) se trata de la guardia (en esta especialidad) más 'frenética', intensa y exigente en materia de formación del país.

Mucho se ha hablado de la situación de los MIR (Médicos Internos Residentes) en España en los últimos años. Al margen de tratarse de uno de los caminos de capacitación profesionales más exigentes y estresantes, y de la notoria reducción de plazas en épocas recientes, el escenario comienza a mostrar indicios esperanzadores. La oferta de Formación Sanitaria Especializada ha vuelto a crecer en nuestro país después de seis años. El Ministerio de Sanidad ha creado precisamente 428 plazas nuevas, revirtiendo en más de la mitad el recorte de residentes del año anterior. Hoy existen en total 6.526 plazas MIR, la cifra más alta desde la convocatoria de 2011. Más allá de los números, lainformacion.com ha querido conocer, de primera mano, cómo trabajan los jóvenes que se forman en los mejores centros médicos del país. Por ello, acompañamos a Alba durante un intenso día de trabajo en La Paz.

30 horas de trabajo por delante

Al amanecer, la joven deja su motocicleta en la entrada a la Unidad de Maternidad. El trayecto desde su casa le ha demandado sólo un puñado de minutos, ya que reside en la zona de Plaza de Castilla ("decidí comprar una moto para no gastar más en taxis. Ahora me sale mucho más barato venir a Urgencias cuando me llaman de madrugada", confiesa al bajar de su sencillo vehículo de 125 cc). Sobre las 7.15 horas acude ya a su puesto, en la planta baja de una de las dos unidades de cirugía pediátrica de La Paz (una es la de cuidados cardíacos y quemados y la otra es la general). En los pasillos de Urgencias del Hospital Infantil se observan ya a padres con sus bebés en brazos. Hay niñas que dormitan en el regazo de sus madres y la sala de espera comienza a llenarse.

Pasará, desde este momento, más de 30 horas seguidas trabajando en el lugar donde se forma como residente. Ésta será una de las siete guardias que realiza, de media, cada 30 días, y por las que cobra en total unos 1.800 euros netos mensuales. Acude a la sala de sesiones de la planta 1 de Cirugía Pediátrica para cambiarse y, después, todo ya está listo para comenzar la rutina laboral: lo primero es chequear la pauta en la 'estación clínica' que da cuenta del cuadro de niños hospitalizados y verificar el programa 'Gacela' de Enfermería, para saber cómo los pacientes han pasado la noche.

"Ahora es el momento de comenzar la ronda de visitas a los pacientes", comenta la médico, que se ha graduado en la Universidad Complutense de Madrid y ya lleva tres años como residente (por eso es R-3, y se encuentra en la mitad exacta de la etapa formativa en la especialización de cirugía pediátrica, que dura cinco años). Después de aprobar el MIR, no le ha sido nada fácil conseguir esta plaza para especializarse. Para tener una idea aproximada de lo difícil que es conseguir 'hueco' en Cirugía Pediátrica, solo se han convocado 16 en todo el país, en la última convocatoria.

Antes de entrar en las habitaciones, Ana coge su aliado incondicional que le acompañará durante la larga jornada: el famoso 'busca' (beeper versión siglo XXI de los médicos residentes, que en verdad es el móvil por el cual le irán notificando, a lo largo de todo el día, los ingresos a Urgencias en los que requieren su intervención). A media mañana los pasillos (tanto internos como externos) de las dos unidades de Cirugía Pediátrica se asemejan ya al de una calle céntrica: un grupo de médicos rotatorios aparece desde el ala que comunica con la 'Unidad del Dolor', y un contingente nutrido de anestesistas procedentes de diversas partes del continente desfilan en 'procesión' hacia los quirófanos, en su visita que incluye un taller práctico dentro del itinerario del Congreso Europeo de Anestesia.

Hay ajetreo de camillas y un débil sollozo de un pequeño se percibe, al fondo, justo debajo del mural infantil que muestra los trazos del Palacio de Cristal del Parque del Retiro, poblado por personajes de animación. La R-3, en un momento, parece 'esfumarse' de la escena. Pero no: la encontramos en una sala de estar, casi pegada a los quirófanos, donde otros médicos jóvenes desayunan yogur y descansan, brevemente, en unos mullidos sofás. Las inmensas ojeras de algunos delatan horas y horas de falta de sueño. Ahora es el momento del intercambio de opiniones e información profesional de los residentes con sus supervisores y coordinadores. La denominada por ellos 'sesión de comentarios' consiste en compartir información sobre los pacientes y organizar la rutina del día.

En ese momento, el 'busca' de Alba se activa otra vez. Hay que acudir inmediatamente al quirófano 1 (uno de los seis con los que cuenta esta Unidad está reservado para Urgencias y los restantes para cirugías programadas) para ayudar en la intervención quirúrgica a un chico de 9 años, que presenta un cuadro de fimosis. La MIR entra súbitamente a la sala de operaciones y apenas tiene tiempo de saludar a Borja Navas, un R-2 (residente de segundo año, de 26 años) que colaborará en la cirugía. Todos los residentes de Cirugía pediátrica organizan sus guardias y su trabajo con labores rotativas: a veces están en planta, otras en quirófanos, y también acuden a las consultas y a la denominada 'Puerta de Urgencias' (para realizar curaciones menores y asistir a pacientes).

En el quirófano 1 pueden contarse ochos profesionales (entre cirujanos, anestesistas, ayudantes, instrumentistas quirúrgicos y asistentes). De pronto, vuelve a ingresar el grupo de anestesistas europeos para presenciar la intervención, que termina resultando todo un éxito. El chaval podrá regresar a casa al anochecer. Mientras tanto, ya es mediodía y la hora del almuerzo.

En el descanso, habla por fin la protagonista de nuestra historia: "No elegí ser médico. La medicina me eligió a mí. Yo he sacrificado todo por mi vocación. Cuando eliges esta carrera y esta especialidad sabes que es una decisión más que importante. Tendrás que dejar muchas cosas en el camino. Por ejemplo, yo ni me planteo tener hijos mientras no termine la residencia", afirma Bueno."Saber combatir el cansancio físico y psicológico"

Ella no lo duda: "Una de las mejores cualidades que debe reunir un médico residente en un área tan compleja como la nuestra es la autodeterminación. Sobreponerse al estrés, aunque nosotros siempre trabajamos en equipo. Y saber sobrellevar al cansancio físico y psicológico que implica esta labor. El sueño es una cosa secundaria en nuestra vida", manifiesta la chica que (por lo bajo) admite hasta dónde ha tenido que resignar su proyecto personal por su trabajo: "Mi novio es cirujano y rompimos porque era casi imposible conciliar nuestros tiempos. De todas formas, siempre es bueno aferrarse a la familia y a los seres queridos como cable a tierra", admite.

De pronto, pasa a su lado Leopoldo Martínez, tutor de residentes de Cirugía Pediátrica: "Ellos son nuestro orgullo. Han elegido una de las especialidades médicas más difíciles y el lugar para hacer la residencia donde más se curra de toda España. No son muchos los que la eligen y muchos menos los que pueden conseguir plaza. Podrían haberse quedado como médicos clínicos, esperando y viviendo con sus padres. Pero, creéme, estos chicos son los 'Messi' de los residentes", afirma y suelta una risa espontánea.

Transcurrido el breve descanso en el comedor de personal, Alba vuelve al 'lío'. Es el turno de acudir a las consultas. La joven nos presenta a María Barrial, otra R-2, que está por atender a Jorge, un niño de 10 años. De media, cada día, un MIR de cirugía pediátrica ve aquí a unos 60 pacientes menores. Es una cifra impresionante y que no tiene parangón casi en ningún otro centro médico de España, en esta especialidad. Ya es el atardecer y nos encontramos ahora en una de las áreas que es orgullo de la casa: Anomalías vasculares es la única unidad que funciona en el país, e investiga afecciones raras.

Vuelve a sonar el 'busca'. Hay que bajar a Urgencias, aunque el procedimiento es rutinario y se trata de una curación menor. Al atardecer, la sala de espera principal está atestada. Los bancos se observan colmados y se pueden contar por decenas los padres con sus hijos que matan el tiempo como pueden. Hay rostros apagados y también miradas impregnadas de esperanza que se encienden cuando ven pasar a los médicos.

Aquí, en Urgencias, se respira adrenalina, tensión, pero también mucha pasión y vocación. Alba, Borja, María y ese puñado de MIR que se divisan al fondo de un pasillo asoman como manchas verdes entre la maraña de familiares, pacientes, administrativos y camilleros. No paran ni un minuto. Caminan frenética y decididamente, y se mueven como peces en el agua por estos rincones donde las tragedias y las 'resurrecciones', los dolores y las sanaciones se suceden y superponen en un espacio circular. Por fin ellos encuentran una pausa para el café, mientras Madrid se hace noche desde las ventanas contiguas al enorme mural que ofrece cientos de rostros de bebés que aquí han nacido. Después será el turno de devolver las llamadas a los familiares, cenar e intentar descansar. Y todo para la residente Alba Bueno volverá a empezar: chequeo de partes médicos, visita a las habitaciones, quirófanos, Urgencias... Así, hasta finalizar su guardia y, en definitiva, dejar transcurrir la vida de un MIR que se forma para el día de mañana convertirse en un profesional sólido y completo, del que podamos sentirnos todos orgullosos.

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