En San Fernando, Cádiz

La estrategia del caracol: la Fase 1 arranca sin apenas terrazas y comercio al ralentí

Los bares optan por no abrir sus puertas hasta asegurarse una mayor afluencia por no compensar los gastos con el posible ingreso. 

La estrategia del caracol: la Fase 1 arranca sin apenas terrazas y comercio al ralentí
La cafetería Bahía ha reabierto sus puertas después de dos meses y cuenta con cuatro mesas. / La Información

Es temporada de caracoles. Antes de amanecer, en esas horas a las que se puede salir a hacer ejercicio, el carril bici y peatonal junto a los esteros de San Fernando (Cádiz) se alfombra de moluscos que van buscando un terreno seco donde esperar al sol que está a punto de salir. La mayoría son aplastados por los deportistas. Crac. Todo esto, que parece un documental de la 2 sirve también de metáfora de la actitud que han tomado los bares con posibilidad de ofrecer terrazas en la primera mañana de la Fase 1 en esta ciudad de 100.000 habitantes, militar y marina. Mejor esperar antes de salir afuera a que te pisen. 

Cádiz no es Madrid o Valencia. Aquí la incidencia del coronavirus ha sido de las más bajas de España, aunque San Fernando (a pocos kilómetros de la capital y con una población similar) es la segunda ciudad con más contagios (pese a ser la cuarta en población) de la provincia, con cerca de 200. No demasiados o no los suficientes como para que el miedo explique por qué apenas hay terrazas abiertas en el primer lunes que se podía ofrecer este servicio. La razón es puramente económica. Incluso en una provincia que arrastra tasas de paro récord históricas, la poca oferta no compensa el esfuerzo...  y el riesgo.

"No merece la pena el gasto", resume un empleado de uno de los bares en los que había que esperar para desayunar allá por febrero, en plena plaza del Ayuntamiento y famoso por sus churros recién hechos. Eso es lo único que vende: churros. "No vamos a pagar a tres camareros para cinco mesas que podemos tener", añade para introducir la gran razón de por qué nueve de cada diez bares que podrían tener mesas en su exterior continúan sin abrir. Muy pocos ingresos previsibles y muchos gastos.

"Dos mesas. Ese es el máximo que puedo poner donde antes había doce. No merece la pena, así que hoy hemos abierto por primera vez para vender caracoles. Quizá hagamos ensaladilla y carne al toro, pero la terraza va a esperar mucho tiempo", explica otro propietario en la calle principal de la localidad, una larga vía completamente peatonal donde el ajetreo de media mañana es notable por mucho que no haya donde sentarse a tomar un café. 

"Han sido dos meses terribles, pero aquí estamos, de vuelta". Juan Antonio sí ha podido sacar esta mañana a la acera cuatro mesas y sus correspondientes sillas. Con dos metros de separación y ocupadas a las nueve. A la puerta del local, que permanece vedado al público hasta la siguiente fase, los parroquianos de siempre se saludan y recuerdan la borrachera que llevaban la última vez que se vieron, allá por mediados de marzo. Están felices de verse a la puerta de su bar de siempre. 

"Vamos poco a poco y con todas las medidas posibles de seguridad", señala el propietario del Bar Bahía, un local cuyo alquiler espera pagar de forma paulatina en los próximos meses. "Pero ha sido terrible. Menos mal que nos ha llegado la ayuda de los autónomos", incide a toda prisa mientras se va a por la tostada de la mesa de al lado. Por cierto, que también vende caracoles y cabrillas en tomate. Porque es lo que hay. 

El ejemplo de Juan Antonio es el que se repite en las terrazas que han abierto esta mañana. Locales pequeños, con pocas mesas y en lugares apartados. Las cafeterías más conocidas y populares siguen cerradas a cal y canto (al menos en la hora del desayuno... si bien estaban a reventar antes del parón a primera hora de la mañana) y con el aspecto apocalíptico que todo local adquiere en cuanto lleva con la persiana bajada más de dos semanas. No digamos dos meses.  

Ventas de subsistencia

A todos se les ha hecho muy largos estos dos meses. Para el comercio en general, no obstante, la vuelta a la normalidad ya era posible hace una semana con cita previa. Aunque la semana pasada, la inmensa mayoría de las tiendas habituales ni siquiera se molestaron en ofrecer este servicio. Peluquerías, ópticas y de productos para mascotas. Esas eran las únicas que se atrevieron a probar con la Fase 0. 

Ya en la Fase 1, todas las tiendas pueden abrir sus puertas si se respetan las medidas de distanciamiento y de higiene. Con lo primero no hay mucho problema para muchas. No hay gente en sus locales. Las únicas colas se forman en establecimientos de superviviencia o de aprovechamiento: ferreterías, mercerías... Ángel Aparicio lleva las cuentas de la tienda de confecciones que lleva su apellido y creó su padre hace más de medio siglo. La evolución de su negocio da fe de esta primera tendencia del regreso para el pequeño comercio.

Sus establecimientos trabajan en tres ramas: ropa de hombre, de mujer y venta de telas. Solo la tercera tuvo alguna cita previa la semana pasada (abrieron ya el lunes 4) y del resto no han vendido apenas una camisa. Eso sí, se podría decir que las ventas de la sección de telas de la semana pasada no fueron del todo malas: un 30% de lo habitual... aunque aclara Aparicio que eso fue por el 'efecto kétchup' de muchas clientas que llevaban dos meses sin poder hacer ni comprar nada.   

Al menos, ese pequeño ramal de actividad le ha servido para sacar del ERTE a uno de los siete empleados (más tres autónomos) que tenía inactivos. Para los demás, tendrá que esperar. Según recuerda, un comercio como el suyo dedicado a la moda más tradicional vivía durante el mes de mayo su segunda mejor temporada del año (solo superada por la Navidad): hasta un 20% de la facturación se concentraba en una semanas. "Todo eso se ha perdido y no lo vamos a recuperar. Dicen que a lo mejor se retoman las comuniones en septiembre, pero ya no será lo mismo porque todos sabemos que tras el verano y la vuelta al colegio el nivel de gasto de las familias para otras cosas es muy reducido", expone.

Pero a este comercio, uno de los más populares de la ciudad, le acucian otros problemas. Y tiene nombre de proveedores. Los hay que son comprensibles pero también los que se encogen de hombros cuando quieren anular pedidos o rebajar cantidad. De momento, han recurrido a préstamos del ICO para pagar las deudas con las que se encontraron en marzo y abril de mercancía ya recibida y comprometida pero con la baraja cerrada. Aparicio narra la paradoja en estos tiempos de crisis: "Los bancos nunca pierden. Un par de semanas antes del estado de alarma estuve negociando un préstamo y me llegaron a ofrecer un 1,5% de interés. Por lo que sea, no lo firmé al final. Ahora, con el ICO de por medio y todo, estoy pagando un 2,7%". 

Tanto Ángel como Miguel son afortunados porque los locales son suyos y están pagados desde hace tiempo. El segundo no ha parado durante el estado de alarma porque vende prensa y se incluía en las actividades esenciales. Es una pequeña papelería cuyas ventas en estos dos meses apenas han superado un tercio de lo habitual. Nadie compra periódicos con internet (ahora menos que nunca) y decidió no pedir más que un par de revistas para evitar gastos adicionales (la distribución en estos casos funciona a pago adelantado y después se liquida y devuelva según ventas).

Aun así, Miguel es de los que prefieren situarse en el bando de los afortunados. Cuenta que el material escolar ha sostenido las ventas para tapar gastos al menos (solo abre por las mañanas) ya que hubo muchas familias que, con el cierre instantáneo de los colegios, se encontraron con que cuadernos y utensilios de escritorio se quedaban en las aulas cerradas. Con todo, narra momentos muy duros de vecinos que no podían pagar ni un bolígrafo y lo necesitaban. "Hay mucha gente desesperada y no nos damos cuenta del drama a todos los niveles que realmente estamos pasando", advierte. Sin nada que comer y sin perspectiva de empleo a corto plazo. Como para pensar en una terraza.

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