Martes, 19.03.2019 - 07:58 h
Según fuentes del Ministerio del Interior

Estas son las cifras del "daño causado" por ETA: 7.265 víctimas y 864 muertos

El "daño causado" al que se ha referido este viernes la banda terrorista ha dejado un elevado rastro de sangre detrás.

Mural que representa a un encapuchado junto al anagrama de ETA
ETA ha pedido perdón este viernes a las víctimas / EFE

"El daño causado" del que habla ETA en el comunicado en el que reconocía hace unos días su responsabilidad y decía sentirlo "de veras" por las víctimas asciende a 7.265 personas, entre muertos y heridos, según fuentes del Ministerio del Interior, cuyas cifras oficiales citan 864 personas asesinadas, casi un 40% civiles. Ellos en el comunicado fueron selectivos. El 2 de mayo de 2018 han anunciado el fin de su ciclo y asegurado disolver todas sus estructuras. 

Hay varias formas de contabilizar las víctimas causadas por los atentados de ETA y por eso tradicionalmente ha habido varias cifras sobre la mesa, de organismos oficiales, universidades, asociaciones de víctimas e instancias judiciales, que se mueven en una horquilla de entre 829 a casi 870 personas asesinadas por la banda terrorista.

No hay acuerdo ni siquiera sobre cuál debe considerarse el primer atentado de la banda terrorista, ya que algunas estadísticas se refieren a la niña de veintidós meses Begoña Urroz, muerta por la explosión de un artefacto incendiario en la consigna de la estación de ferrocarril de Amara (San Sebastián) el 27 de junio de 1960, aunque ETA siempre ha negado su relación con esta muerte.

El primer asesinato reconocido por los terroristas fue el del guardia civil José Antonio Pardines Arcay, asesinado el 7 de junio de 1968 en Villabona (Guipúzcoa), cuando trataba de identificar a dos etarras. La última persona asesinada por ETA fue el policía francés Jean-Serge Nerin, muerto en un tiroteo con miembros de la banda el 16 de marzo de 2010, mientras que los guardias civiles Carlos Sáenz de Tejada y Diego Salvá fueron las últimas personas asesinadas en España, tras la explosión de una bomba-lapa adosada a un vehículo en Calviá (Mallorca).

Desde los años sesenta y hasta el 20 de octubre de 2011, cuando la banda terrorista anunció "el cese definitivo de la actividad armada", ETA ha asesinado políticos, militares, jueces y abogados, guardias civiles, policías, ertzainas, policías locales y sobre todo... civiles: 343 personas.

Además de esos más de trescientos muertos civiles, ETA ha matado sobre todo a guardias civiles (206 víctimas) y policías nacionales (149), colectivos especialmente castigados por los terroristas, seguidos de 86 militares y 32 políticos, sobre todo militantes de PP y PSOE.

Los años más sangrientos

1980 fue el año más sangriento, con 98 víctimas, seguido de 1979 (76), 1978 (66), 1987 (52) , 1991 (46) y 2000 (23). El asesinato mediante disparos ha sido el procedimiento más utilizado por la banda y sus organizaciones afines para perpetrar sus atentados (543 personas perdieron la vida de esta forma).

Casi trescientas personas murieron por la explosión de diferentes tipos de bombas, 112 de ellas al estallar coches-bomba, el método empleado por la organización en muchos de sus atentados más sangrientos; catorce personas murieron por la explosión de cartas y paquetes bomba. El atentado más sangriento de ETA fue el que causó la muerte a 21 personas por la explosión de un coche-bomba en el aparcamiento del centro comercial Hipercor de Barcelona el 19 de junio de 1987. Ese mismo año, el 11 de diciembre, 11 personas -entre ellas 5 niños- murieron en la explosión de un coche-bomba en la casa cuartel de la Guardia Civil en Zaragoza.

También son víctimas de ETA las 79 personas secuestradas por la banda terrorista en sus casi 60 años de historia, doce de los cuáles fueron asesinados durante su cautiverio y otros catorce recibieron disparos en las piernas antes de ser liberados. El secuestro más largo fue el del funcionario de prisiones José antonio Ortega Lara, liberado por la Guardia Civil tras permanecer 532 días en un zulo en Mondragón (Guipúzcoa), y el que causó un mayor impacto fue el del concejal del PP de Ermua Miguel Ángel Blanco , asesinado el 13 de julio de 1997, y cuya muerte marcó un antes y un después en la percepción social de la banda.

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