El aumento de los controles en EEUU y México empuja a miles de inmigrantes a la clandestinidad

EUROPA PRESS

Un informe elaborado por International Crisis Group ha denunciado que las deportaciones masivas que han realizado los gobiernos de México y Estados Unidos no han logrado contener las oleadas de inmigrantes centroamericanos, sino que simplemente les han desviado hacia rutas más peligrosas y costosas, aumentando el riesgo de acabar siendo víctimas de las mafias.

De los doce millones de mexicanos que viven fuera de su país, la inmensa mayoría residen en Estados Unidos, desde donde envían remesas de dinero a sus familias, que suponen una gran parte de las divisas de la región. Sin embargo, mientras que la inmigración desde México a Estados Unidos ha disminuido en los últimos años --en la actualidad hay más inmigrantes volviendo a sus lugares de origen que intentando cruzar la frontera estadounidense-- la migración desde el Triángulo Norte de Centroamérica (TNCA), formado por El Salvador, Guatemala y Honduras, se ha disparado desde 2014.

En 2014, como consecuencia de la reforma migratoria del presidente estadounidense Barack Obama, se produjo una oleada masiva de inmigrantes indocumentados procedentes de los países centroamericanos. La respuesta de las autoridades mexicanas y estadounidenses, que han aumentado de forma masiva las medidas de control, no sólo ha fracasado a la hora de acabar con el problema, sino que ha estimulado que muchos de estos inmigrantes acaben recurriendo a bandas criminales para llegar a su destino.

Se estima que cada año, aproximadamente unas 400.000 personas cruzan la frontera desde el TNCA hasta el sur de México, aunque resulta muy difícil determinar una cifra exacta. En 2015, el Gobierno mexicano deportó a más de 160.000 personas de vuelta a sus países de origen, de los cuales 30.000 eran menores. A pesar de que para la inmensa mayoría Estados Unidos sigue siendo su destino final, para muchos otros la meta acaba siendo México.

CRISIS MIGRATORIA A RAÍZ DE LA VIOLENCIA

La crisis migratoria a la que se enfrentan Estados Unidos y México no es sólo un problema de migración económica. A día de hoy, la inmensa mayoría de las personas que deciden dejar atrás el Triángulo Norte no lo hacen sólo por motivos económicos, sino que huyen de la violencia y la persecución de la que son víctimas por parte de los grupos de crimen organizado.

El Triángulo Norte de Centroamérica se ha convertido en una "zona virtualmente en guerra" donde los narcotraficantes compiten por el control de las principales rutas de narcotráfico y las bandas criminales luchan entre ellas por el mercado de drogas al por menor. En la última década, más de 150.000 personas han sido asesinadas en la franja norte centroamericana.

En esos tres países, la media de homicidios es de más de 50 asesinatos por cada 100.000 personas, lo que supone el triple de la tasa de México, cuyos índices de criminalidad se han disparado desde 2007. También es más de diez veces mayor que el índice de Estados Unidos.

En 2015, El Salvador se convirtió en el país con mayor índice de violencia del hemisferio occidental, con una tasa de 103 homicidios por cada 100.000 personas. Los jóvenes son los más vulnerables a la violencia, tanto como perpetradores como víctimas. En Guatemala y en El Salvador, el porcentaje de menores víctimas de asesinato es mayor que en ninguna otra parte del mundo.

Aracely, una mujer de 25 años, ha solicitado asilo en Estados Unidos este año tras tres intentos anteriores. En una entrevista con enviados especiales de Naciones Unidas, ha contado cómo su familia comenzó a tener graves problemas cuando algunos de sus familiares se involucraron en el mundo de la droga.

Unos traficantes rivales asesinaron a su tío, transportista de droga, y luego mataron a su hermano y a su marido a balazos. Aracely ha dicho que sabe quiénes son los responsables, pero no los va a denunciar: "Cuando los narcos matan, nadie puede decir nada".

Otro testimonio es el de Maynor, un taxista de Tegucigalpa de 30 años que tuvo que huir de Guatemala por culpa de las maras. "Nosotros los taxistas estamos jodidos. O les pagas a los mareros, o te matan", ha explicado.

Sus testimonios pertenecen a una encuesta realizada por Naciones Unidas a personas solicitantes de asilo en la frontera sur de Estados Unidos. Según la ONU, el 65 por ciento de los encuestados afirmó que vivía en barrios controlados por las maras; el 64 por ciento había sido objeto de amenazas directas, o ataques, o había perdido a un familiar cercano y el 62 por ciento dijo que era habitual ver cadáveres en sus barrios.

VÍCTIMAS DE LA TRATA

Los inmigrantes centroamericanos se han convertido en la víctima perfecta para las maras y las redes de trata de personas. Son personas que están en una situación desesperada y que darían cualquier cosa por seguir adelante con su travesía. Por otra parte, el aumento de controles ha provocado que resulte mucho más peligroso para los inmigrantes sortearlos, lo que aumenta su dependencia en las mafias de la zona.

Cada día, cientos de inmigrantes se suben a bordo de viejos trenes de carga, como 'La Bestia', en los que recorren los miles de kilómetros que separan el sur de México con la frontera estadounidense hacinados en vagones de carga. Según cuentan muchos testigos, en los vagones del tren van cientos de personas, y cada vez van más rápido, lo que hace que el trayecto, por el que las mafias cobran cientos de dólares, sea mucho más peligroso.

Al no tener estatus legal en México, los inmigrantes se convierten en el blanco preferido de los grupos criminales de la zona, ya que son mucho menos propensos a denunciar agresiones, asaltos o secuestros. Por otra parte, muchos tienen familiares en sus países de origen a los que pueden extorsionar. Por otro lado, las mujeres son el colectivo más vulnerable, ya que suelen ser arrastradas a ejercer la prostitución. Se convierten en víctimas invisibles, ya que no hay ningún registro sobre ellos.

LAS MEDIDAS DE CONTROL, CONTRAPRODUCENTES

Según International Crisis Group, hace años, los inmigrantes solían cruzar de un lado a otro de la frontera con la ayuda de la población local, que les cobraba un módico precio. Sin embargo, el aumento de los controles en México y Estados Unidos y el el incremento masivo del número de personas que tratan de llegar al territorio norteamericano, ha provocado que esa realidad haya cambiado de forma radical.

En la actualidad, los inmigrantes tienen que acudir a redes de tráfico especializadas en transportar inmigrantes a través de la frontera, capaces de sortear todas las medidas de control. Estas redes cobran a los inmigrantes entre 2.000 y 7.000 euros por viaje, unas cantidades inalcanzables para estas personas.

La ONG ha criticado la falta de acción por parte de los gobiernos involucrados en esta crisis humanitaria, ya que han tomado las medidas equivocadas, aumentando los niveles de riesgo para los inmigrantes. Ha reclamado que las autoridades deben aumentar el apoyo legal, económico y médico a los inmigrantes para evitar que sean víctimas de las redes.

Para International Crisis Group, levantar más barreras legales y aumentar las medidas de control ha empujado a miles de personas que huyen de la pobreza y de la violencia a intentar alcanzar Estados Unidos a través de la clandestinidad, provocando una intensificación de la crisis humanitaria y fortaleciendo a las redes ilegales que "han convertido a Centroamérica en un campo de batalla criminal".

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