Viernes, 20.09.2019 - 00:18 h
Una decisión complicada

Qué colegio elijo para mi hijo, ¿un centro público, privado o concertado?

Elegir el colegio de los hijos es una de las grandes responsabilidades de los padres y, hacerlo bien, especialmente con tanta variedad de ellos.

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Elegir el colegio de los hijos es una de las grandes responsabilidades de los padres / EUROPA PRESS - Archivo

Elegir el colegio de los hijos es una de las grandes responsabilidades de los padres y, hacerlo bien, especialmente cuando existe una gran variedad de ellos, pasa por conocer las ventajas e inconvenientes que pueden tener los centros públicos, privados y concertados.

Expertos en educación han explicado a Efe que los idiomas, las nuevas tecnologías, los programas de convivencia, los valores que se fomentan, la renovación pedagógica o las instalaciones son algunos de los principales puntos en los que los padres deben fijarse a la hora de escoger dónde llevar a sus hijos.

"Si la escuela quiere preparar para la vida tiene que ser como la vida" y la pública, además de ser pionera en la implantación de programas bilingües y sobre nuevas tecnologías, tiene una diversidad de alumnado que "responde" a lo que luego los niños y niñas se van a encontrar en la vida, afirma el presidente de la Federación de la Enseñanza de CCOO, Francisco García.

"En la escuela pública no están en una burbuja donde sólo se relacionan con los suyos, sino en un entorno que no es clasista, conviven todo tipo de alumnos por razas, creencias y extracción social", recalca García.

Este defensor de la educación pública concluye: "es una escuela más útil para preparar a los alumnos, no solo a nivel académico, sino para integrarse en una sociedad que es diversa".

La libertad de elección de los padres es la filosofía de los centros concertados, según destaca Francisco José Flores, secretario general de la Confederación Española de Centros de Enseñanza (CECE).

"Priorizamos el derecho de los padres" para que lo que vayan a encontrar en un centro se adecúe a sus necesidades o ideas sobre la mejor educación de sus hijos, como puede ser una enseñanza personalizada, idiomas concretos, tecnologías, educación diferenciada o mixta, de titularidad religiosa o laica, dice.

Flores subraya que "la supervivencia" de los concertados se debe a la demanda de los padres y, por eso, cuando un centro no hace las cosas bien "cierra", mientras que los públicos se nutren de fondos públicos para subsistir aunque no tengan demanda.

Por su parte, la directora de Márketing y Comunicación de los colegios privados Brains, Elvira López, sostiene que la diferencia principal con un colegio público es el "permanente esfuerzo por innovar".

"Los colegios privados por la competencia, sobre todo con los concertados, que hasta hace poco tiempo tenía más recursos que ahora, han tenido que estar siempre haciendo un esfuerzo extra para estar por delante del resto", asegura.

Invertir en nuevas tecnologías, en vanguardia, en formación continua del profesorado o saber lo que se está haciendo en el extranjero en educación e ir incorporándolo son algunas de las reglas para destacar de colegios privados y Brains, por ejemplo, cuenta con un departamento de innovación pedagógica con 30 personas -liberadas al 80 % de su tiempo docente-, explica.

Se lleva a cabo una evaluación paralela y externa a alumnos y profesores para comprobar que ambos "llegan donde tienen que llegar" y no se espera a descubrir "lagunas" en un siguiente curso, añade.

Para los que todavía no tienen claro cuáles son los puntos imprescindibles que hacen de un colegio la mejor opción, expertos de Brains han publicado precisamente un decálogo para ayudar a esos padres o tutores.

Un proyecto educativo debe incluir valores para formar a personas vitales, respetuosas y felices; idiomas y profesorado nativo; nuevas tecnologías en el aula; ofertar deportes dentro de las horas lectivas; fomentar la lectura; y contar con espacios deportivos separados por edades, laboratorios, bibliotecas, aulas de música y de informática, entre otros.

Se debe calcular el número de alumnos por profesor para posibilitar una enseñanza personalizada; si la familia es religiosa, sopesar si el centro fomenta o no unos determinados ideales; y comprobar como indicador del nivel del centro los resultados de los alumnos, por ejemplo, en selectividad.

Tampoco se debe olvidar que hay que escuchar a los hijos para averiguar si el centro elegido ha sido finalmente el acertado.

Pilar R. Veiga

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