Lunes, 20.08.2018 - 22:44 h
Un viaje por una escuela que cumple 60 años

José y Sara, el pasado y el presente de Seat, donde los aprendices tienen futuro

José Manuel entró con 15 años y aún sigue en la empresa a sus 59. Sara acaba de debutar con 19, pero ya no ve el futuro lejos de esta marca.

La fábrica antigua de Seat
La fábrica actual de Seat
La fábrica actual de Seat
La fábrica actual de Seat
La antigua escuela de Seat
La antigua escuela de Seat
La escuela actual de Seat
La escuela actual de Seat
La Escuela de Aprendices de Seat cumple 60 años tras formar a más de 2.600 alumnos / EUROPA PRESS

José Manuel González Toll tiene 59 años, casi tantos como la escuela de Seat y su historia que cumple 60 con 2.600 alumnos e historias en sus filas. Entró a los 15 en ella, allá por los setenta y ahí sigue. A los 19 ha puesto el pie por primera vez en la fábrica Sara García. Las historias como las de José y Sara son el motor de la marca.

Toll fue la penúltima promoción de aprendices que estudió oficialía y maestría, "una época donde se valoraba aprender un oficio". Superó las pruebas, de la mano de su padre, que ya trabajaba en ella. Recuerda que fueron duras. Sara, la única chica en alguna de las clases teóricas, "aunque en Martorell ya somos algunas en el vestuario", dice entre risas, se enteró de la posibilidad por facebook. Toll siempre supo cuál sería su futuro (su hijo, de 25 años ha 'traicionado' la 
tradición y estudia filología clásica). Sara dudaba, aunque ya lo tiene claro y se ve haciendo esto en España o en Alemania, donde pueda. "Se que no hay muchas chicas que se lancen a este mundo, yo también quería de niña ser abogada, cantante..., pero las animo a que lo hagan".

El mundo cambia, la fábrica de Seat también. Su paso de la zona franca de Barcelona a Martorell fue inevitable a principios de la década de los 90. Se quedaba pequeña. Hoy produce el récord de 460.000 coches. Ahora las tensiones políticas no le hacen pisar el freno. "Los vínculos entre Cataluña y la empresa son muy grandes también en España, pero esta es una marca global, no nos gusta la inseguridad jurídica ni la inestabilidad", reconocen desde la empresa, aunque no tomará una decisión sobre el futuro hasta saber qué pasará. Hoy, al menos, han encontrado su hábitat. Pero volvamos a Toll y a Sara.

Jose Manuel González Toll
Jose Manuel González Toll / 

"Los veo en general más preparados, saben de todo un poco, en mi tiempo estábamos más especializados. Y antes, el tutor no era tan cercano, había más disciplina que trato cercano. Ahora no. Allá por los 70 había 80 personas en la escuela de media, ahora poco más de 40. Sara reconoce que todos se vuelcan para que se sienta una más y que el sus tutores (así en plural) están pendientes de ella.

Toll se preparó cinco años, tres de oficialista y 2 de maestría. Ahora se hacen dos año con uno de prácticas de grado medio y dos de grado superior. Además de la formación en las aulas y en la empresa, los estudiantes también crean sus propios desarrollos en la Escuela, el último ha sido un coche eléctrico para formación vial.

Toll aún recuerda su primer sueldo, 250 pesetas al mes (Sara recibirá 350 euros brutos al mes el primer año), y Sara su primer día: "Estaba temblando, me costó hasta desmontar un cabezal. Estoy en mantenimiento, me encanta". Tendrá tiempo para aprender con 800 horas de teoría y 1.000 de prácticas. "Que aprenda porque no hay mejor escuela, aconseja Toll, "y que estudie idiomas, vital. Yo tengo alemán grado medio". Sara ya está en ello.

Sara García, de 19 años, pone su primer pie en la fábrica
Sara García, de 19 años, pone su primer pie en la fábrica

Sara vivió el proceso de selección como una road movie. Sí, porque ella es de Ávila y el proceso de selección le pilló en plenos finales de Bachillerato. Así que estudiaba en el coche de camino. ¿Cuándo supo que había sido seleccionada finalmente? Justo el día que tenía que hacer la selectividad... Aún recuerda eso sí, la entrevista personal, dura, su primera entrevista de trabajo y el tenso proceso de selección. Ahora solo ve a la familia tres veces al año, pero "es lo que hay que hacer, apostar por el futuro".

El futuro... de eso sabe mucho Toll y también del pasado. De esos trabajos manuales que van desapareciendo "y esas impresoras 3D, que son impresionantes aunque nunca llegarán a tener la delicadeza de un producto lijado por la mano humana. Es cierto que la tecnología ha entrado en la fábrica, no es la misma, claro, ahora gracias a ella se tiene más precisión en menos tiempo. Habrá oficios que se perderán, pero el hombre siempre estará ahí".

Toll aún recuerda cómo los aprendices antes tocaban muchos palos, electricidad, tornería, matricería... hoy en día entran en línea y al cabo de unos años puedes ir avanzando. Aprenden un poco más de todo.

En lo que no hay sorpresas es en el coche: ambos apuestan por un Seat. Toll ya lo tiene, pero Sara va a tener que esperar por culpa de la huelga de los examinadores. Está enamorada de un Seat Ateca blanco. ¿Alguien lo dudaba?

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