El fotoperiodista Norfolk cree que la fotografía de guerra pierde fuerza

  • Simon Norfolk lleva 15 años recorriendo el mundo. Con su cámara de placas ha retratado el genocidio de Ruanda y los horrores de la guerra en Bagdad, Bosnia, Beirut o Afganistán. "Se han visto -dice- tantas fotografías de la guerra y de sus efectos que éstas están perdiendo fuerza. Es necesario reinventarse".

Pablo L. Orosa

A Coruña, 6 oct.- Simon Norfolk lleva 15 años recorriendo el mundo. Con su cámara de placas ha retratado el genocidio de Ruanda y los horrores de la guerra en Bagdad, Bosnia, Beirut o Afganistán. "Se han visto -dice- tantas fotografías de la guerra y de sus efectos que éstas están perdiendo fuerza. Es necesario reinventarse".

"El problema es que la tecnología militar ha evolucionado enormemente en los últimos 80 años mientras la fotografía permanece anclada. Necesitamos un nuevo lenguaje", asegura Norfolk (Lagos, Nigeria, 1963) en una entrevista con Efe en A Coruña.

Ganador de multitud de premios, entre ellos tres World Press Photo, se muestra preocupado por el futuro del periodismo. "Hoy en día todo el mundo tiene una cámara en su teléfono móvil y si cayese una bomba aquí delante la fotografía de portada de los periódicos será la del tipo que estuviese más cerca. No podemos competir con eso", advierte.

"Si las revistas y periódicos quieren sobrevivir deben ser más analíticos. Hoy en día recibimos información constantemente desde el ordenador, el iPad o la televisión..., necesitamos una brújula para navegar sobre este caos. Los periódicos pueden desempeñar ese rol", explica el fotoperiodista.

En su campo, la fotografía de guerra, el desinterés es aún mayor y considera que "el público se ha aburrido de como la mayor parte de los fotógrafos están tratando la guerra".

Él apuesta por un estilo diferente, un documentalismo fotográfico que parte del concepto de "fotografía tardía" desarrollado por David Campany. "Se trata de mostrar la huella de la huella de un acontecimiento", aclara.

Eso le hizo viajar a Afganistán con su cámara de placas, un artilugio anacrónico compuesto por una caja de madera con tela para ocultar su cabeza, y captar los vestigios de una guerra que dura ya 30 años.

Su trabajo fue expuesto en las galerías más importantes del mundo y publicado en revistas como The New York Times Magazine o National Geographic.

"Mi idea es encontrar ese hueco para que la gente se interese más. Para mí, las ruinas son una metáfora", explica Norfolfk.

El pasado año decidió comprarse una cámara digital, sin embargo prefiere seguir trabajando con el sistema de placas. Así se obliga a pensar antes de disparar.

"Yo trato de hacer fotografías más como pinturas, al estilo de Claude Lorrain o Nicolas Poussin, que fueron los primeros en pintar ruinas", afirma.

Su reto ahora es retratar la denominada "guerra invisible". "Hay muchos políticos -explica- a los que lo único que les interesa es el dinero del ciudadano para financiar guerras privadas en las que se usan virus, satélites, aviones no tripulados... todo eso hace que las guerras sean invisibles y se alejan de la sociedad". "¿Quién va a organizar una protesta contra un virus informático?", se pregunta.

Norfolk teme la desafección que este nuevo concepto de guerra cause en la sociedad occidental. "La guerra actual no se está fotografiando", advierte, al tiempo que opina que hace falta un "nuevo lenguaje" que cuente "lo que pasa". "Es muy importante".

"Me parece exageradamente peligroso el concepto de guerra actual", alerta. EFE

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