Jueves, 20.06.2019 - 14:07 h

El carbón español agoniza llevando al paro, a la pobreza y a la despoblación a las comarcas mineras

La decisión de Endesa de no comprar más carbón español este año, unida a que Iberdrola y Gas Natural Fenosa tampoco se abastecen de mineral es la puntilla para el sector.

El Gobierno español y las eléctricas sustituyen nuestro carbón por el importado, mientras Alemania sigue produciendo 180 millones de toneladas anuales.  

El carbón español agoniza.

La minería del carbón se muere en España. Apenas quedan 3.000 trabajadores repartidos por las cuencas mineras asturianas, palentinas, leonesas y aragonesas y la mayor parte de ellos trabajan en compañías que se encuentran en procesos de liquidación o aplicando expedientes de regulación de empleo (ERE) porque las compañías eléctricas ya no les compran ni un solo kilo de mineral.

Quién sabe si el anuncio que la pasada semana hizo Endesa de que no volvería a comprar más carbón español en todo el año 2016 fue la puntilla para un sector que se desangra y que está propiciando el desamparo, la despoblación y la pobreza de las comarcas mineras españolas.

Y es que si Endesa ha anunciado que deja de comprar carbón autóctono, Gas Natural Fenosa hace tiempo de dejó de hacerlo, mientras que Iberdrola apenas se abastece, para su central térmica de Guardo (Palencia) de una cantidad testimonial de mineral. En estos momentos, únicamente HC Energía, propiedad de Electricidad de Portugal (EDP), mantiene una compra estable, unas 300.000 toneladas al año de la pública HUNOSA, para la térmica asturiana de Soto de Ribera.çHundimiento paulatino

Lejos queda ya aquél sector minero que a principios del los noventa empleaba en España a 50.000 trabajadores y producía 50 millones de toneladas de carbón. Hoy, como explicamos, apenas llegan a 3.000 trabajadores y la producción es irrisoria, ya que en lo que llevamos de año no se ha llegado, ni mucho menos, ni al millón de toneladas.

Y no es que España haya dejado de lado la producción eléctrica con carbón, ni mucho menos, porque, sobre todo en los meses veraniegos, con poco viento y lluvia que impide la puesta en funcionamiento de los parques eólicos y las centrales hidroeléctricas, el carbón sigue siendo una de las principales fuentes de generación en nuestro mix energético, el año 2015 alrededor del 20%, pero casi el 100% del carbón que utilizamos es importado, más barato que el nuestro, aunque no tanto como se dice, hasta el punto de que el puerto de El Musel en Gijón, al que llegan continuamente barcos con sus bodegas repletas de negro mineral, ya es conocido como 'la principal mina española'. 20 millones de toneladas de carbón importado 

Hay que tener en cuenta, que en 2015, por ejemplo, España quemó en las calderas de sus térmicas 22 millones de toneladas de carbón, de las que más de 19 fueron importadas y sólo 3 producidas en nuestras minas. Y, en contra de lo que se cree, no es que el carbón esté siendo abandonado a nivel mundial porque continúa siendo la principal fuente de generación eléctrica y la Agencia Internacional de la Energía (AIE) prevé que su consumo aumente un 65% hasta el año 2025 cuando se producirán más de 13.000 millones de toneladas de carbón en todo el orbe. Y es que La Agencia Internacional de la Energía prevé que “en 2035 adelantará al petróleo como combustible dominante en el conjunto energético mundial”.

Pero España ha decidido, por la desidia del Gobierno, la presión de Bruselas, y la nula voluntad de las compañías eléctricas de consumir carbón español, prescindir del único combustible fósil con el que cuenta, hay reservas para más de 200 años, todo lo contrario de lo que sucede en un país que muchas veces ponemos como ejemplo económico, como es Alemania. l carbón internacional, procedente de países como Indonesia, Tailandia y Colombia, donde las condiciones laborales y medioambientales nada tienen que ver con las de España.Alemania apuesta por su carbón

Y es que los germanos mantienen, y lo seguirán haciendo cuando a partir del 31 de diciembre de 2018 el mandato de la Unión Europea impida que se den más ayudas públicas al sector, una producción de 180 millones de toneladas anuales de carbón (lignito) y 15.000 trabajadores. Si no hay soluciones rápidas, urgentes, en España apenas quedará una sola mina abierta en unos meses.

El mito dice que el carbón español ha sido desde hace decenios un auténtico sumidero de ayudas públicas. Puede ser cierto, se han invertido ingentes cantidades de dinero público (un billón de las antiguas pesetas en los últimos 30 años) por ejemplo, en planes de reindustrialización de las comarcas mineras que no han dado el fruto necesario, pero “ni es tan caro como se dice ni tan contaminante, al menos igual que el importado, y su mantenimiento nos proporciona una seguridad de abastecimiento, de respaldo a las energías renovables y además mantiene la vida en amplias comarcas de nuestro país”, asegura el Secretario de Industrias extractivas de la Federación de Industria de Comisiones Obreras, José Luis Villares.

En este sentido el Secretario de Minería de FICA-UGT, Víctor Fernández, suele emplear un gráfico ejemplo: “el aeropuerto de Barajas genera en un sólo fin de semana más CO2 que la quema todo el carbón que se produce en España en un año”.Caro, pero no tanto

Respecto a su carestía, el mineral nacional es caro, pero no tanto. Así, si el Gobierno, “que ha dejado morir el sector”, acusan los sindicatos, acordase la exención del impuesto del céntimo verde al carbón español, unos 10-15 euros por tonelada, como llevan pidiendo desde hace meses las organizaciones sindicales, su precio se equipararía al importado y sería tan competitivo como éste. Y eso sin tener en cuenta que el carbón internacional, procede de países como Indonesia, Tailandia y Colombia, donde las condiciones laborales y medioambientales nada tienen que ver con las de España.

Así, Ángel Cámara, doctor Ingeniero de Minas, Decano-Presidente del Colegio Oficial de Ingenieros de Minas del Centro y Catedrático de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Minas de la Universidad Politécnica de Madrid, considera en un artículo que “precio, consumo y medio ambiente son los tres factores que parece que constituyen los vértices del trilema del carbón. Los dos segundos se encuentran totalmente relacionados de modo que si se mantiene el consumo (venga el carbón de donde venga) el impacto sobre el cambio climático también será el mismo.

Tema distinto es el precio que liga directamente con garantía de suministro, con el mantenimiento de un sector estratégico y la decisión de la Unión Europea de mantener las ayudas al carbón hasta 2018 para mitigar las consecuencias sociales relacionadas con los cierres de las minas no competitivas.

Parafraseando al presidente de Repsol en una reciente intervención en Bruselas donde pedía un debate abierto y riguroso que ayude a frenar el cambio climático sin dañar la competitividad de Europa, podemos pedir que se aplique esto al carbón nacional y, de forma transparente, el gobierno explique con hechos su compromiso con el sector para evitar que desaparezca”.La agonía de las cuencas mineras

Mientras, las cuencas mineras se mueren. Agonizan. Vastos territorios han quedado a merced de la intemperie y del abandono, y comarcas enteras proyectan hacia su entorno una visión fantasmagórica. El Dorado es hoy un desierto de vetas negras. Y todo indica que el futuro va a ser peor. “Las cuencas mineras acabarán siendo un gueto sin un puñetero empleo”, asegura Víctor Fernández, de UGT. ¿Quién va a poner un negocio en un territorio devastado?, se pregunta, “con poca población y envejecida”.

Y es que la suerte está echada. La Comisión Europea aprobó hace unas semanas la concesión de 2.130 millones de euros para el sector. Pero con una obligación: El cierre 'ordenado' de 26 minas de carbón no competitivas (de 15 empresas) a cambio de aliviar el impacto social y medioambiental ocasionado por la clausura de las mismas. “Hemos perdido la batalla del carbón”, sostiene José Luis Villares y "el sector no ha estado nunca tan mal. Su colega de UGT es también muy directo: “El Gobierno ha tirado la toalla” incumpliendo todos los acuerdos firmados.

El plazo de Bruselas es taxativo y no admite discusión. Las minas deben estar cerradas en 2018. El dinero se destinará a los trabajadores que hayan perdido o vayan a perder su empleo debido a los cierres, mediante la financiación de las indemnizaciones por despido y de las prestaciones de Seguridad Social. Solo podrán seguir abiertas las que sean rentables en 2019, y si alguna explotación quiere seguir operando, tendrá que devolver las subvenciones.Empresarios y trabajadores, de la mano en su lucha

Pero es que el principal reproche de los sndicatos y todo el sector al Gobierno, en ésto CCOO, UGT y la patronal CARBUNIÓN van de la mano, reprochan al ejecutivo el incumplimiento total del Plan 2013-2018, que preveía que a día de hoy se produjeran en España 6 millones de toneladas y tabajaran en el sector más de 5.000 personas y a partir de 2019 sólo se mantendrían las explotaciones competitivas (todas las de cielo abierto que hace años que ya no reciben ayudas y alguna de interior como la de Cerredo, Degaña (Asturias) de la compañía asturleonesa y que pasa por ser la mina de interior más moderna y tecnológicamente avanzada de Europa), pero la situación, como se ve, es muy diferente. Probablemente no se llegue al 2018, quizás ni al final de 2016. "La situación es crítica y casi terminal", avisan desde el propio sector.

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