Domingo, 16.06.2019 - 01:17 h
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¿Existe un mejor año para irse de Erasmus universitario?

Aprender un idioma, disfrutar de vivir en otro país... son muchos los estudiantes que se plantean irse pero ¿hay un año clave para marcharse?

Programa 'Erasmus Jóvenes Emprendedores'
Programa 'Erasmus Jóvenes Emprendedores' / JUNTA DE ANDALUCÍA

En 2017, último año del que se tienen datos, fueron más de 30.000 los estudiantes españoles que deciden irse a vivir la aventura Erasmus. Acogidos en más de una treintena de países, los jóvenes se embarcan en una propuesta educativa en la que se pone también a prueba su madurez y que en su gran mayoría remarcan como una experiencia más que positiva.

Dentro de este perfil podemos encontrar todo tipo de alumnos e intenciones. Desde el que sale de España para mejorar un idioma, un detalle que mencionan prácticamente la totalidad de los estudiantes, hasta el factor ocio, muy presente cuando uno apenas supera la veintena y aprovechar sus estancias universitarias para disfrutar sea donde sea. Factores que hacen además que, en la mayoría de casos, las becas Erasmus sean el primer gran contacto que muchos tienen con vivir fuera de casa o en el extranjero, y que permanece así en su memoria académica.

También los hay que deciden marcharse por ‘solventar’ algunas asignaturas que se les han enquistado en suelo patrio o por el valor que, a nivel curricular pudiera tener la presencia en una universidad extranjera. Sea como fuere, lo que sí es cierto es que antes de marcharse de Erasmus todo estudiante tiene que afrontar dos preguntas clave: dónde me voy y cuándo me voy.

Tres motivos: idioma, créditos y madurez académica

Hoy vamos a intentar desentrañar esa segunda parte de la ecuación, que ha cambiado notablemente con la aparición del Plan Bolonia, por el condicionamiento que ha supuesto el reducir los cursos y sobre todo la aparición del famoso TFG (trabajo Fin de Grado). Dos características que han reducido el margen de maniobra para marcharse, sobre todo si lo comparamos con las antiguas licenciaturas, que se extendían hasta los cinco años y, principalmente, no implicaban realizar un trabajo al finalizar la carrera.

Sin embargo, independientemente del tipo de carrera o del centro donde se curse, hay dos factores que regulan las convocatorias Erasmus: prueba de nivel y créditos aprobados. En el caso de la primera se realiza para asegurar el buen manejo lingüístico del alumno en el país de acogida, siendo un B1 el baremo mínimo con el que poder asegurar la ‘supervivencia’. Razón que también tiene mucho que ver en los destinos predilectos del estudiante español, que suele cursar su Erasmus en Italia, Reino Unido o Francia.

Ya sea por haber dado esa materia en la Educación Básica o por las similitudes idiomáticas, estos países, además de ofrecer ofertas variadas académicas y de ocio, son los que más amabilidad idiomática muestran. En el caso del inglés por ser una asignatura fija en colegios e institutos, y en el caso de las lenguas romances por su parecido con el castellano y otras lenguas cooficiales españolas, por lo que ponerse al día con ellas o tener un conocimiento

aceptable es factible con un par de años de estudio. Razón por la que también es más frecuente marcharse en tercero o cuarto de carrera, porque habrá margen para preparar esa prueba de nivel.

Sin embargo eso no implica por sí solo que los estudiantes de grado se marchen, mayoritariamente, en el tercer y cuarto curso a su Erasmus. Debemos tener en cuenta también la duración de la estancia, que puede ser trimestral, semestral o anual (nueve meses de curso) La principal razón siempre estriba en la necesidad de tener un determinado número de créditos aprobados antes de poder cursar la solicitud. Por ejemplo, la Universidad de Granada (la Universidad española que más Erasmus envió en 2017) exige haber aprobado al menos 60 créditos de la carrera (un Grado tiene 240 créditos ECTS) antes de marcharse, por lo que no suele ser fácil el marcharse en segundo curso. Ya que, además de presentar un expediente casi sin mácula, dependerá de la nota de éste para que puedas elegir con garantías un destino predilecto.

Algo similar a lo que pasa en la Universidad Complutense de Madrid (la segunda que más estudiantes Erasmus patrios lanza al resto del continente) requiere que el alumno haya superado al menos el 80% de los créditos del primer curso. Un factor importante, nos cuenta Marta, que decidió cursar su Erasmus de Periodismo en Alemania en cuarto de Licenciatura y que reconoce que “para mí, importó mucho la dinámica académica y tampoco quise irme en el último año por ese mismo motivo”. Una razón de peso que permite al alumno que se va con cierta madurez tener los pies en el suelo y saber aprovechar al máximo su estancia en el extranjero. Un cariz más complicado si se corre el riesgo de irse en segundo, cuando aún no le has tomado el pulso completamente a la carrera.

Algo en lo que coincide Ana, que cursó la misma Licenciatura pero se marchó a su Erasmus francés en quinto curso. “En su momento consideré que el último año de carrera era el mejor para irse de Erasmus. Sin embargo, pienso que no es lo ideal irse en el último año”, reconoce. El motivo: cerrar expedientes y poder quedarse colgado con algunas asignaturas cursadas en el extranjero. Además del plus emocional de no despedirse de compañeros con los que has compartido aulas.

A ello se suma un factor de conocimiento, reconoce Marisol, que realizó su Erasmus en Biotecnología en Holanda en cuarto curso. “En ese momento quería aprovechar lo que sabía para ponerlo en práctica en el extranjero”, asegura. Un factor importante en la prueba de madurez de los alumnos, que no desean verse ‘colgados’ académicamente por salir demasiado pronto.

Tampoco deja de ser importante el matiz de las asignaturas ‘hueso’. En primer y segundo curso es complicado darse cuenta de las materias que a uno se le pueden atragantar y, en ocasiones, una beca Erasmus puede servir para convalidar algunas de ellas que se enquisten en el expediente. Es el caso de Javier, que se fue a Reino Unido con esta beca en tercero de Grado, para continuar sus estudios de ADE, reconociendo que “quería combinar la experiencia de vivir fuera con la posibilidad de convalidar algunas asignaturas complicadas”.

Algo en lo que incide Alberto. Él se marchó en tercero de Licenciatura de Periodismo a Italia para descubrir el universo Erasmus. En su ejemplo encontramos dos factores fundamentales: “la experiencia de vivir en el extranjero y suavizar la convocatoria de las asignaturas”.

Sin embargo, un factor muy relevante a la hora de poder marcharse también lo marca el músculo económico del que pueda disponer el alumno. José Luis, que se fue en tercero de Grado de Matemáticas a Reino Unido, nos cuenta que: “me fui en este curso porque había tenido trabajillos durante dos años, que me permitieron ganar algo de dinero y asegurarme un Erasmus confortable”.

Aunque el gran factor que ha alterado el biorritmo universitario es la aparición del Plan Bolonia y de los temidos TFG. Estos trabajos siempre se realizan en el último curso y además necesitan el concurso de un tutor de prácticas, por lo que muchos estudiantes, ante el riesgo de tener que realizar un trabajo en el extranjero o de quedarse colgado con asignaturas fuera de España, prefieren no jugársela y no salir en cuarto año. Es el caso de Eva, que estudió Filología Francesa, y se marchó a París en tercero de Grado. “El TFG estaba a la vuelta de la esquina y prefería dejar cuarto [de Grado] para prepararlo y cubrirme las espaldas con algún suspenso”, puntualiza.

En términos similares se expresa Simón, que se fue en tercero de Grado a Alemania, con una beca Erasmus para cursar Químicas. “Si me iba en cuarto [de Grado] tenía menos margen de maniobra para suspensos. Y tampoco quería marcharme en las vísperas del TFG”, reconoce. En ello coincide Adrián, que también se marchó en tercero a Alemania, solo que a cursar Ingeniería Industrial. “No me fiaba de quedarme colgado con una asignatura o tener que estar tramitando convalidaciones o moviendo papeles entre dos países con la carrera ya acabada. Así que decidí que tercero era la mejor opción para salir”, confiesa.

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