Jueves, 13.12.2018 - 06:03 h
Máxima tensión en Madrid

Grupos antisistema lideraron el caos en Lavapiés tras la muerte del senegalés

Tanto la Policía como el Ayuntamiento de Madrid confirman que el mantero fallecido a causa de un infarto no huía de un control policial.

Contenedores incendiados en Lavapiés
Contenedores incendiados en Lavapiés / EFE

Ni Mame M.N. murió cuando huía de la Policía ni la comunidad senegalesa fue la principal protagonista de los graves altercados vividos la noche del jueves en el madrileño barrio de Lavapiés. Las primeras informaciones sobre la muerte del mantero han desatado un clima de enorme confrontación entre vecinos y Policía, si bien tras la confusión inicial parece aclarase qué ocurrió en realidad.

Según han confirmado fuentes policiales a La Información, un grupo de inmigrantes se encontraba en Lavapiés, donde llegaron andando desde Sol, donde, tal y como declaró uno de ellos, vieron cómo otro grupo de vendedores corrían tras el aviso de la Policía para que desalojaran la zona. Por miedo a ser identificados, se escabulleron por la calle Postas y una vez en la Plaza Mayor y en vista de que las autoridades siguieron por otra ruta, continuaron caminando hasta la calle Oso, en el corazón de Lavapiés.  Una vez allí, el fallecido, comenzó a sentirse mal y sufrió una parada cardiorrespiratoria desplomándose en el suelo, hecho que también confirmaron varios testigos en su declaración.

Los compatriotas de Mame M.N. requirieron a una pareja de la Policía Municipal que se encontraba en el lugar para entregar una notificación judicial en la calle Embajadores y los agentes atendieron al senegalés. Mientras esperaban a los sanitarios, uno de los policías le practicó las primeras maniobras de reanimación, pero una vez llegaron los efectivos del Samur y tras 45 minutos intentando salvarle la vida, murió. La situación, comentan las fuentes consultadas, estaba controlada más allá del revuelo inicial generado por la trágica muerte de un vecino hasta que alguien se encargó de propagar un alarmante mensaje: la Policía había matado a un senegalés.

En ese momento la bola creció hasta tal punto que los agentes que atendieron en un primer momento al fallecido se vieron rodeados y requirieron la ayuda de la Unidad de Intervención Policial (UIP). Rápidamente acudieron grupos antifastistas y anarquistas, quienes lideraron los altercados posteriores. 

El barrio se convirtió en un campo de batalla. Lo que se entendió como una muerte provocada por una persecución policial sirvió a los manifestantes para quemar contenedores, árboles y cajeros y reventar todo tipo de mobiliario urbano, incluso unidades del Samur y vehículos de bomberos.  Algunos testigos han explicado a varios medios que el grupo más numeroso y activo durante los destrozos estaba conformado por personas muy jóvenes ataviadas con bragas y capuchas. La unidad de antidisturbios de la Policía Nacional actuó con contundencia. El resultado: una veintena de heridos y seis detenidos, todos ellos de nacionalidad española. 

El hecho se relacionó directamente con el mencionado control policial a los manteros de la Puerta del Sol, en el que, como se suele hacer habitualmente, los agentes dispersaron a los vendedores, que abandonaron la zona sin registrarse más altercados. Aunque sí hubo que lamentar un percance: la embestida a un grupo de turistas provocó que una de ellas, de nacionalidad francesa, recibiera un fuerte golpe en la cabeza por el que tuvo que ser hospitalizada.

Inmediatamente tras conocerse los hechos, la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, anunciaba una investigación tras la que se actuaría en consecuencia. Horas más tarde era el delegado de Salud, Seguridad y Emergencias del Ayuntamiento de Madrid, Javier Barbero, quien confirmaba la versión de la Policía: "No hubo ningún tipo de intervención policial frente a él o contra él (el fallecido)". No obstante, según explicó en rueda de prensa, ha pedido la revisión de todas las cámaras que hay entre la Puerta del Sol y el punto donde se produjo el fallecimiento, muchas de las cuales acabaron destrozadas. 

La tensión continuó a lo largo del día en el centro de la capital. Un centenar de senegaleses afincados en Madrid se concentraron en la plaza de Nelson Mandela para protestar contra el cónsul del país. La Policía volvió a cargar para disolver a los manifestantes mientras una lluvia de sillas, mesas y adoquines caía sobre los agentes. 

Algunos de los asistentes a la concentración se quejaba de lo sucedido y de la imagen que se les podía atribuir: "No somos ladrones y no estamos aprovechando para reventar bancos".

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