Jueves, 12.12.2019 - 20:14 h

Expertos en educación aconsejan que los acosadores escolares convivan y aprendan de niños agredidos

  • El 3% de los alumnos de este país sufre acoso escolar continuado en los centros de enseñanza.
  • "A estos chicos les vendría muy convivir y ayudar a niños con problemas", defiende Javier Urra.
  • "Debe haber sanción, pero en un marco educativo y no solo castigador", apoyaMartínez-Otero.
COMUNICACIÓN: Consejos positivos para afrontar la violencia escolar desde la familia

El suicidio de una adolescente por el acoso escolar al que era sometida en su centro de enseñanza del popular barrio madrileño de Usera, ha vuelto a poner de manifiesto el drama de cientos de muchachos que sufren en su día a día las burlas, la irracional ojeriza y las agresiones, en sus escuelas e institutos.

El caso de Arancha no es el único. El 3% de los alumnos de este país sufre acoso continuado en las escuelas, según datos facilitados por Javier Urra, quien fuera desde 1996 hasta 2001 Defensor del menor en la Comunidad de Madrid. En ocasiones se le resta importancia con la fórmula son "cosas de chiquillos" y esto puede agrandar enormemente el problema.

"A veces se da más trascendencia a un pequeño hurto o a la ruptura de un cristal que a estos temas. Los niños que lo sufren lo padecen terriblemente. Este caso en concreto es dramático, no solo fallaron todos los procedimientos previos, sino que la muchacha acabó suicidándose".

Ser víctima de este tipo de violencia física y emocional puede acabar, en el menos malo de los casos, con un muchacho apabullado, víctima de una fuerte depresión y abandonando prematuramente los estudios. "Se trata de un verdadero problema en España", asegura Urra.

Si bien lo ideal hubiera sido evitar desgracias como las de Arancha y otro tantos muchachos desesperados que sólo encontraron una salida poniendo fin a su vida, ahora los servicios sociales, las escuelas y educadores, así como las familias, deben ponerse manos a la obra para intentar recuperar a esos jóvenes agresores, misántropos y carentes de empatía para con sus víctimas.

"Es muy importante en estos casos de menores una coordinación entre familia y escuela, unos protocolos de actuación que se activen en cuanto proceda, pero a veces todo esto brilla por sus ausencia", lamenta Valentín Martínez-Otero, Doctor en Psicología y Pedagogía por la Universidad Complutense.Corregir al agresor: labor social y sanciones educativas

La Fiscalía de Menores decidirá tras investigar el caso si los dos jóvenes imputados, aunque no se descarta que se pueda producir alguno más, pasan a disposición judicial. Antes, los psicólogos y educadores estudiarán a fondo las personalidades de los menores, con el fin de aconsejar al juez la mejor de las terapias a imponer para evitar que se repitan conductas de este tipo.

"A estos chicos les vendría muy bien estar, trabajar, aprender de niños con dificultades. Que pasen un tiempo conviviendo, colaborando y ayudando en un centro con chicos de estas características. Esa sería mi orientación", aconseja Urra con respecto al caso de Arancha.

Martínez-Otero es de la misma opinión."El tratamiento con estas personas sería muy positivo, pues podrían promover en él la empatía que parece no tener. Aquí lo que se pretende es que conozca a personas con las que empatizar, comprenderlas y ponerse en su lugar".

"La reeducación de este muchacho tiene que ser todo lo personal que se pueda. Con carácter general hay que tener muy en cuenta aspectos de naturaleza cognitiva; borrar cualquier idea irracional que pueda tener sobre los demás; y conductual, promoviendo habilidades sociales, que quizás desconozca, de ahí que agreda y ridiculice", continúa Martínez-Otero.

"La transgresión debe ser censurada y buscar alternativas de conducta, explicarle la acción correcta. Si debiera recibir la sanción correspondiente, que así fuera,pero siempre en un marco educativo y no solo castigador", expone el psicólogo y pedagogo de la Complutense.Cómo atajar el problema

"En el fondo, el agresor es un chaval al que le pasa algo. Quiere imponer el miedo, pero no es querido. Las risas de sus compañeros le empoderan, pero no le canjean el aprecio", explica Urra, para quien lo fundamental es que el agresor muestre "un profundo arrepentimiento".

Para Urra, psicólogo forense de la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia desde 1985, los casos de acoso escolar deberían ser atajados en común, entre todos los actores del centro educativo.

Empezando por el profesor, el cual deberá ejercer su función de líder, pasando por los propios alumnos, quienes deberán ser invitados por el docente a unirse a la víctima frente a la agresor.

"Si eso no acaba por funcionar, deben ponerse en contacto con la dirección del centro, la cual debería hablar, no solo con la familia del agresor, sino también con la asociación de padres. Después de todo eso hay que informar, sin duda, al inspector educativo, quien tendrá que plantear si el chaval merece ser expulsado. Si el asunto es especialmente grave, hay que dar parte a la Fiscalía de Menores", zanja.

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