La comisión investigadora de Irak se convierte en un bumerán para Brown

  • Londres.- La comisión investigadora de la guerra de Irak está teniendo un efecto bumerán y amenaza con convertirse en un auténtico desastre para el primer ministro, Gordon Brown, que pretendía distanciarse con ella de su predecesor, Tony Blair.

Gordon Brown declarará ante la comisión de Irak antes de las elecciones
Gordon Brown declarará ante la comisión de Irak antes de las elecciones

Londres.- La comisión investigadora de la guerra de Irak está teniendo un efecto bumerán y amenaza con convertirse en un auténtico desastre para el primer ministro, Gordon Brown, que pretendía distanciarse con ella de su predecesor, Tony Blair.

Según se ha anunciado hoy, el líder laborista tendrá que comparecer antes de las elecciones ante el grupo de historiadores, diplomáticos y otros expertos dirigidos por John Chilcot antes de las próximas elecciones generales, previstas para el 6 de mayo.

Antes, el viernes de la próxima semana, lo hará el propio Blair, máximo responsable de arrastrar a este país a una guerra que, además de causar cientos de miles de pérdidas humanas, ha desprestigiado al país en buena parte del mundo islámico y ha constituido, desde el punto de vista de la política interna, un auténtico descalabro para los laboristas.

Al dar el visto bueno a la comisión, Brown, que pretendió en un principio que sus trabajos fueran secretos, previendo lo que podía ocurrir, tuvo que someterse a las presiones del resto de los partidos y aceptar finalmente que sus audiencias fueran públicas salvo si su presidente decidía lo contrario en algún caso concreto.

Así, gracias a la amplia cobertura de los medios, todos los días, el público aprende algún detalle más de lo que ya sospechaba o sabía: que la decisión de atacar a Irak se tomó con falsos pretextos como la supuesta capacidad de Sadam Husein de lanzar un ataque con armas químicas en un plazo de sólo 45 minutos.

Ni Tony Blair, ni el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, decidieron esperar a que los inspectores de las Naciones Unidas terminaran su trabajo porque ambos habían decidido hacía tiempo ya deshacerse de un dictador que, a diferencia de otros gobernantes autócratas del globo, les había desafiado y les molestaba especialmente.

En su testimonio, este jueves, ante la comisión, el entonces ministro de Exteriores y hoy titular de Justicia, Jack Straw, reconoció que había sido "un error" incluir en el dossier sobre el arsenal de Husein la afirmación sobre esa supuesta capacidad destructora, "un error que nos ha perseguido desde entonces", agregó.

Pero uno de los testimonios más perjudiciales para Brown fue el del ex director de comunicaciones de Tony Blair, Alastair Darling, que declaró ante la comisión que Brown, que era durante la guerra ministro de Finanzas, formó parte del círculo interno de ministros y asesores a los que el entonces primer ministro consultaba en relación con la guerra de Irak.

Para complicar aún más la situación del primer ministro, su correligionario y ex ministro de Defensa Geoff Hoon admitió también ante la comisión de Irak que cuando Brown estaba al frente del Tesoro, no dotó suficientemente a las Fuerzas Armadas en los años anteriores al conflicto e incluso recortó el presupuesto de Defensa tras la invasión.

No resulta pues extraño que Nick Clegg, dirigente del Partido Liberal Demócrata, el único partido que se opuso desde el principio a la invasión del país árabe, exigiera el adelantamiento de la comparecencia del hoy primer ministro.

El presidente de la Comisión quiso en un principio fijar esa comparecencia para después de los comicios generales para evitar su politización, pero ésta es ya un hecho.

El propio primer ministro escribió a John Chilcot ofreciéndose para prestar testimonio "en cualquier momento", incluso antes de las elecciones, pues no tenía nada que ocultar, y aquél ha decidido tomarle la palabra.

"Es un hecho bien conocido que el primer ministro fue una figura clave en la decisión británica de invadir (Irak). Y es justo que Gordon Brown explique su papel en ese desastroso fracaso de la política exterior antes de solicitar el voto de los británicos", dijo el liberal-demócrata Clegg.

La guerra de Irak, con su triste balance de 178 británicos muertos y miles de heridos, sin contar los cientos de miles de civiles iraquíes fallecidos durante o tras la invasión, fue la causa principal de que muchos británicos volvieran la espalda a Blair y confiaran en que Brown les ayudara a olvidar el conflicto, algo que, a la vista está, no ha sucedido.

Mostrar comentarios