Viernes, 22.03.2019 - 16:04 h
Necesita un plan de choque que no llega

Clientelismo, falta de motivación, fuga de talento... la Administración 'se suicida'

Carles Ramió y Miquel Salvador acusan en su último libro a políticos y sindicatos de llevar al precipicio a la Administración pública.

Cómo deben ser las oposiciones

La Administración Pública se juega su supervivencia. Y no solo por culpa de la externalización (sin cabeza) o las políticas llamadas neoliberales. El cáncer viene de lejos. Su modelo organizativo y su sistema de gestión de recursos humanos está obsoleto mientras el funcionariado envejece sin remedio. El libro 'La nueva gestión del empleo público' (editorial Tibidabo), de Carles Ramió y Miquel Salvador, expone con crudeza la realidad.

"Las últimas convocatorias están anticuadas, en cuanto a los procesos de selección como en perfiles demandados. En unos años ¿qué haremos con los auxiliares administrativos en plena revolución de la robótica?", expone Ramió. "Los parches y las medidas paliativas de 'replantillar' ya no valen, lo que exponemos a raíz de contactos con los sectores de la Administración y desde nuestra propia experiencia es un plan coherente, equilibrado, donde evaluación, formación y recursos humanos encajen", señala Miquel Salvador.

En una década habrá un millón de jubilaciones y puede ser la última oportunidad, con la tecnología de la información, la robótica y la biomedicina en camino. La selección del funcionariado, memorística y vieja, la falta de control de aptitudes y actitudes, el clientelismo, unos sindicatos inmovilistas que defienden prebendas que no durarán, una burocracia corporativa, una cultura de trabajo acomodada y poco productiva, y la grave falta de motivación son algunos de los tumores a extirpar. 

El tema es grave porque la Administración Pública cuenta con 3.100.000 empleados, supone el 40% del PIB en gasto público y de ella dependen millones de empleos privados. "Estamos perdiendo el tren de la modernidad y no hay política de relevo, los conocimientos de la gente que se jubila no están siendo transmitidos y la gente que hace oposiciones no es la más dinámica, capaz de analizar, anticiparse, experta en el manejo de datos para hacer una administración inteligente en plena era de la sociedad de la información", señala Ramió. "Es un error dejarse llevar por las sinergias, y no se puede forzar más la vocación de los funcionarios, el sistema debe cambiar", destaca Salvador.

El talento huye de la Administración

La Administración cuenta con el doble de trabajadores mayores de 64 años que menores de 30, seis de cada diez tiene más de 55 años y solo el 7% tiene menos de 30. A su marcha tendremos una falta de personal cualificado ("no se forma en A.I. ni en big data", destaca Salvador) que puede poner en riesgo a la Administración. Estamos ante una ventana de oportunidad para "dejar de apostar por los puestos de más baja cualificación", señalan. El error sería, lo que se hace siempre, convocar pruebas masificadas para rellenar los huecos... y es lo que se está haciendo. Primero, habría que analizar la futura realidad de la función pública para adaptar los puestos a la innovación, flexibilidad, creatividad y adaptabilidad necesarias dentro de 30 años. Y en muchas situaciones los mayores serán los mejores tutores. 

Los autores Carles Ramió y Miquel Salvador aman la función pública y la consideran imprescindible, pero sus recetas son duras en 'La nueva gestión del empleo público'. No abogan por privatizar y externalizar, si no es necesario, pero sacan los colores a una Administración en la que "las mitad de los contratados en las últimas cuatro décadas no lo ha hecho bajo principios de igualdad, capacidad y mérito". El 40%, de hecho, no son funcionarios sino que han accedido al puesto por vías de consolidación, concursos de oposición basados en la antigüedad, bajo el "manto trucado de plazas unipersonales, sin olvidar el reclutamento endogámico en la universidad", sostienen. Un hecho más, la crisis y la burocracia han provocado que en los Ayuntamientos haya puestos que le caen "al hijo del vecino" ante la insoportable burocracia.

Desprecio a los altos cargos de la Administración

Arremeten los autores contra el hecho de que se pida bajar los salarios de los puestos superiores de la Administración, hacer fijos a los interinos de manera indiscriminada o la criminalización de toda externalización 'per se'. Consideran en este sentido que el poder sindical es inaudito ante unos políticos "faltos de valentía para reformar la Administración" y destacan que deberían ser "funcionarios de alto nivel y prestigio los que llevaran las riendas de la misma y no los políticos, incapaces de enfrentarse ante la opinión pública a los intereses corporativos y los privilegios profesionales, entre ellos los liberados sindicales". Un dato: en el sector privado hay 4.200, en el público, más de 10.000.

"Los sindicatos no hablan de meritocracia, ni de dirección profesional, solo de días y horas de asueto. El sistema público posee una estructura de incentivos perversa que conduce a la falta de carrera profesional, la desmotivación, la apatía, el gregarismo y la indiferencia". El desnivel de la retribución respecto a lo privado y estos síntomas atacan a la Administración y su futuro. "Los políticos no trabajan con perspectiva porque millones de votos están en juego. Hay unos privilegios endiablados que nadie quiere tocar y los sindicatos con sus posturas, aunque no lo crean, se han convertido en enemigos de lo público. Es cierto que se ha perdido poder adquisitivo en la crisis, pero deben acabar con la cultura de la ociosidad, un sistema desmotivador y eso que en la sanidad, por ejemplo, el esfuerzo de los empleados es enorme tras los recortes", puntualiza Ramió. 

Fotografía tareas funcionarios
                   

Hecho el demoledor análisis, algunas soluciones. Meritocracia en el acceso, pruebas del siglo XXI, formación acorde al trabajo a realizar y no solo para sumar puntos, expertos y unidades especializadas blindadas que vigilen la transparencia, y una evaluación constante del desempeño. En 20 años habrá un 60% menos de empleados públicos, el 90% deberán ser titulados superiores, y tendrán que convertir la educación y la sanidad en una atención más personalizada. "Una evaluación continua que tenga un impacto sobre la retribución variable sería vital para promover la movilidad. Se podría facilitar el acceso a puestos de ámbito superior partir de tres evaluaciones superiores o el cambio a uno inferior con tres evaluaciones negativas", destacan los expertos.

Más difícil parece que será acabar con esos interinos que se convierten en permanentes y el hecho de que todo trabajo se ampare en el hecho de ser funcionario. "Estos deberán ser puestos sometidos a funciones de autoridad (jueces, fiscales, polícía, inspectores...) o aquellos que deban blindarse para ser inmunes a los cambios políticos y evitar así el clientelismo", señalan los expertos. La bomba es clara: el 80% de los empleados públicos deberían ser laborales y el autoempleo deberia ser una opción. También llaman los expertos a acabar con los "paraísos retributivos (Tribunal de Cuentas, Defensor del Pueblo, Oficinas antifraude...) frente a la precariedad salarial de los técnicos superiores". Resulta vital "acabar con el sistema complejo de niveles y optimizar las tablas retributivas".

"Es hora -señalan- de fomentar el valor del fomento del aprendizaje, de vigilar la corrupción, y de la sostenibilidad intergeneracional con valentía y para preservar el valor de lo público". Los propios técnicos de la administración han presentado propuestas para modernizarla y preservar la sostenibilidad intergeneracional de la misma. "Nadie escucha y es un suicidio que abre las puertas a la privatización. Nos jugamos el futuro", alerta Ramió. "Necesitamos líderes valientes y generosos, capaces de afrontar el conflicto aún a riesgo de quemarse (a corto plazo) con el proceso de cambio..., que no piensen solo en las elecciones.El futuro se lo agradecerá", concluye Salvador.

¿Cómo reformar la administración?

Oposiciones del SXX y formación que no funciona

¿Tiene sentido seguir apostando por oposiciones de otra época? En opinión de los expertos Carles Ramió y Miquel Salvador, la respuesta es no. "Si un robot saca mejor nota que los humanos en las pruebas es que están mal diseñadas", destaca Salvador. En su libro 'La nueva gestión del empleo público' dejan claro que es hora de diseñar pruebas fluidas, rápidas, de no más de dos días, tipo test, también psicométricas en las pruebas de las oposiciones que incluyan demostrar destrezas orales y aptitudes específicas para el puesto. Es imprescindible evaluar de una segunda lengua.

No solo eso. Los tribunales deben estar bien retribuidos y su selección debe computar como mérito dentro de la Administración. Deben ser híbridos y en su composición deberían estar representados tanto la universidad, como la administración y la empresa privada.

La movilidad entre agrupaciones de puestos o ámbitos funcionales mediante cursos puente de formación debería ser una práctica común, así como agilizar la captación para que los mejores expedientes para que opten a la función pública.

Por otro lado, los cursos de formación tendrían que tener una duración mínima de seis meses, tutorizadas, de formación presencial, con contenidos teóricos u prácticos, con revisiones cada 15 días, con un examen final. Los candidatos serían retribuidos, pero se seleccionarían los más aptos para los mismos dándoles los cursos necesarios específicos para la función que se desempeñe y no solo para sumar puntos. 

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