Restricciones en Madrid

"El virus se ha llevado mi negocio y solo me ha dejado deudas. Pido para comer"

La Información pasea por algunas de las zonas en las que se ha restringido la movilidad de sus vecinos. El panorama es preocupante.

El metro en Pacífico, entrada directa a las estaciones vallecanas
El metro en Pacífico, entrada directa a las estaciones vallecanas
Paula María

Lunes 21 de septiembre, 11:30 horas. Un metro cualquiera de los que recorren la línea 1. Entre rostros que miran al suelo, una mujer pasea por el vagón zarandeado un vaso con monedas. "El virus se ha llevado mi negocio y solo me ha dejado deudas. Pido para comer". Al fondo, alguien vende lotes de mascarillas a cinco euros. Las quejas por los tiempos de espera componen una banda sonora de sobra conocida -"Confinados, sí, pero como sardinas en lata en metros que pasan cada diez minutos"-. No es hora punta, pero la afluencia es alta en los andenes que recorren el distrito de Puente de Vallecas en las primeras 24 horas del aislamiento selectivo que ha convertido la nueva normalidad de sus vecinos en una suerte de nueva supervivencia.

Apenas veinte pasos separan los barrios de Martínez de la Riva de Peñaprieta. Tres mujeres denuncian a viva voz frente a una farmacia del primero: "Si cierran Madrid que lo cierren entero". No hay controles policiales al salir del metro de Puente de Vallecas, pero el caos es palpable. "¿Podemos seguir por esta avenida?", pregunta una pareja al grupo de vecinas. "No, más allá de este paso de cebra es zona prohibida". La Comunidad de Madrid anunció que no habría multas en las primeras 48 horas -más adelante los incumplimientos podrían ascender a los 600.000 euros-, pero las dudas ya han llegado a las calles. "Los vecinos de los dos barrios estamos igual de confinados... y aún así no puedo ir a comprar a mi frutería de siempre".

"Confinados, pero como sardinas en lata en metros que pasan cada diez minutos"

Sofía es la propietaria de una pequeña tienda de ropa de trabajo. Un local de más de cien años de historia que ahora se tambalea. "Esto es la ruina total". La mujer trabaja sola y afirma que eso es lo que le ha permitido "ir tirando". "Pero si cierran empresas y a muchos estudiantes les siguen sin dejar hacer prácticas en los talleres... no levantaremos cabeza". Las nuevas restricciones -"que nos han caído como un jarro de agua fría"- no afectan directamente a su negocio, pero sí dejan su medio de vida en la cuerda floja. "Si la gente no puede venir al barrio si no es para trabajar... cómo van a entrar a la tienda a comprar".

Carlos, en su floristería de Vallecas.
Carlos, en su floristería de Vallecas.
Paula María

Carlos trabaja en la Floristería Mariví, una firma icónica en la zona, con más de 70 años a sus espaldas. "La forma de comunicar y ejecutar este nuevo confinamiento ha sido un verdadero desastre". El florista asegura que salvaron el estado de alarma gracias a los repartos a domicilio: "Fuimos uno de los pocos recursos que les quedaron a las familias para decirle a una abuela cuánto la querían". Ahora es diferente. "Hay tal falta de información que la gente no sabe si puede o no cruzar una carretera".

El profesional pone el caso de un cliente habitual. "Esta misma mañana ha venido un señor mayor que acude cada lunes a por flores para llevar a su difunto hijo. Es vecino del barrio de Ángela Uriarte, colindante con este y también confinado... Este lunes ha dudado en si era legal o no andar hasta aquí a por su pedido de siempre". El florista vive fuera del distrito. Su zona de residencia no está entre las señaladas por el Gobierno regional. "Paso en Vallecas más tiempo que en mi casa... ¿Por qué allí si puedo tomarme una caña? ¿Acaso cuando me bajo del metro dejo de ser infectivo?". La denuncia de Carlos es la que resuena en el distrito: medidas poco eficaces y una falta de comunicación frustrante.

Estación de Metro de Nueva Numancia. Restriciones a la movilidad en Madrid.
Estación de Metro de Nueva Numancia, en Madrid.
Paula María

Ni en la boca de metro de Nueva Numancia ni en Puente de Vallecas. Ni rastro de Policía en dos de las entradas principales de uno de los distritos más azotados por la pandemia. El miedo al virus vuelve a quedar en un segundo plano, bajo la incertidumbre de qué pasará mañana. El anuncio del pasado viernes supo a poco: los vecinos siguen sin saber a qué atenerse.

El flujo de gente es constante a un lado y a otro de la Avenida de la Albufera, pero son pocos los que cruzan esta vía que vertebra el distrito vallecano y separa las zonas básicas de salud de Peña Prieta y Martínez de la Riva. "¿Qué sentido tiene que pueda pasar al otro lado si voy al banco, pero no a tomar café?". La comparecencia del Ejecutivo regional no respondió la duda de Mayte. "Tampoco hemos visto agentes que nos ayuden a resolverla".

"Parece que este virus es listo, cuando vas en metro al trabajo, duerme... pero por la noche, te agarra del cuello y no te suelta"

Ambas áreas han registrado una incidencia similar para los últimos 14 días. La primera, con 1.810 casos por cada 100.000 habitante. La segunda, con 1.904. Mayte tiene un bar en Martínez de la Riva, aunque muchos de sus clientes llegan del otro lado de la avenida. "Somos todos gente del barrio, si estamos todos confinados deberíamos poder relacionarnos". Su negocio vive de la comida para llevar, también de esa franja del anochecer a la primera hora de la madrugada, cuando los jóvenes del barrio acuden a tomar una copa. "Buena parte de la caja la trabajamos en ese tiempo. Ahora nos piden que cerremos a las diez de la noche otra vez".

Mayte tiene su bar de Martínez de la Riva.
Mayte tiene su bar de Martínez de la Riva.
Paula María

Más que la restricción pesa la incomprensión de unas medidas que no han sabido explicarse. "No entendemos por qué cerrar dos horas antes va a limitar el contagio. La clientela es la misma que por el día y si no están aquí se acabaran juntando en los pisos". Después de tres años al frente del bar, la vallecana ha ganado las tablas suficientes para ironizar sobre las piedras del camino. "Parece ser que este virus es muy listo, por el día, cuando vas en metro hacia el trabajo, duerme... pero al salir de la oficina, por la noche, te agarra del cuello y no te suelta".

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