Miércoles, 15.08.2018 - 08:52 h

¿Por qué hace más calor en las ciudades? La isla de calor que no te deja dormir

Se trata del aumento de las superficies en las zonas urbanas donde se juntan por un lado la concentración de asfalto y hormigón, y por otro donde hay menos zonas verdes con menos vegetación.

Las temperaturas continúan subiendo este lunes por la nueva ola de calor con máximas de hasta 42ºC
Las temperaturas continúan subiendo este lunes por la nueva ola de calor con máximas de hasta 42ºC

Imagínese un día de calor como los que se aproximan. El sol incide directamente sobre varias superficies. Pongamos como ejemplo, el hormigón, el asfalto y una zona verde con césped. Las diferencias son significativas. El asfalto puede alcanzar los 75º, el hormigón 65º y en el césped 42º. Hay hasta treinta grados de diferencia.

Con este dato podemos empezar a entender por qué en las ciudades hace más calor, sobre todo por las noches, con significativas temperaturas mínimas mucho más altas. En las zonas urbanas suele predominar la concentración de asfalto y hormigón, y por otro la falta de vegetación por tener pocas zonas verdes. Es lo que se conoce como la isla de calor, que se producen en las zonas urbanas. Cuando más grande es la ciudad, más isla de calor se produce.

"Esos materiales cogen el calor y lo sueltan. El aire se calienta porque el calor no escapa. Como un efecto invernadero", nos explica Ana Casals, portavoz de la AEMET. Casals nos relata un ejemplo que puede entender todo el mundo. Cuando vas caminando por una acera en la que ya no da el sol, pero en la que el calor que irradian los edificios (después de haber estado expuesto durante todo el día), te obliga a cambiarte a la otra acera. El calor se mantiene.

Dicho de otro modo. Durante el día el calor se va acumulando por la presencia de asfalto y sobre todo de edificios altos. Estos edificios ofrecen más área para absorber el calor, que posteriormente van soltando lentamente durante la noche.

Los altos niveles de contaminación del aire presentes en las grandes urbes también favorece la elevación de la temperatura. Se ha observado que el fenómeno de la isla de calor aumenta con el tamaño de la ciudad y que es proporcional al tamaño de la mancha urbana. En Madrid por ejemplo, los termómetro que usa la AEMET para medir la temperatura se encuentra en Ciudad Universitaria o en el parque del Retiro. "No lo podemos poner en cualquier calle. Tienen que estar a la sombra y a dos metros del suelo", explican desde la AEMET.

Diversos estudios muestran la relación directa entre las altas temperaturas urbanas y la falta de vegetación. Su ausencia reduce las oportunidades de transformar la energía solar a través de la fotosíntesis y evaporación del agua. Los sistemas de refrigeración y aire acondicionado, que en verano elevan su uso, son un arma de doble filo. Generan más calor y su uso se incrementa con la temperatura. Un círculo que genera más calor. Su efecto es positivo cuando hace frío y negativo cuando hace calor. Así en invierno provoca que se use menos la calefacción, pero en verano el uso del aire acondicionado se dispara. "Muchas veces en invierno no hiela en Madrid, por la isla de calor", asegura Casals.

Con el efecto de la isla de calor las temperaturas mínimas son notablemente más altas que en el entorno próximo y las máximas son ligeramente más bajas por lo que la temperatura media es más alta en la ciudad que además suele contar con un mayor grado de humedad. Los estudios cifran en torno a tres y cuatro grados más en las mínimas de las grandes ciudades.

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