Viernes, 21.09.2018 - 22:08 h
El fin de una era para el marianismo

De los Presupuestos al encierro en Arahy: la semana de infarto que acabó con Rajoy

Cientos de cargos populares salen de un Gobierno que naufragó en la orilla. Hasta última hora hubo esperanza de que el PNV no votara 'sí' a Sánchez.

Soraya Sáenz de Santamaría se despide de Mariano Rajoy
Soraya Sáenz de Santamaría se despide de Mariano Rajoy / EFE

"Presidente, presidente". A las 12:30 del fatídico 1 de junio de 2018 decenas de cargos públicos y trabajadores del PP se congregaron alrededor del Audi A8 presidencial que trasladó por última vez a Mariano Rajoy desde el Congreso de los Diputados hasta Moncloa. Le aplaudieron, le jalearon y gritaron "viva España, viva" mientras él, cabizbajo, y junto a Sergio Ramos, su fiel escudero, se subía al vehículo para comer con su familia y recoger su despacho. Este fin de semana toca mudanza para, previsiblemente, volver al adosado familiar en Aravaca que dejaron a finales de 2011. Así se puso fin a una era en las filas populares, después de vivir 48 horas de infarto y con la sensación de haber sufrido una derrota de la que no será fácil recuperarse.

Miércoles 23 de mayo. Sesión vespertina en el Congreso. Rajoy consiguió sacar adelante los Presupuestos Generales del Estado de 2018 tras una tensa negociación con el PNV. En el último minuto, el EBB decidió apoyar las cuentas de Rajoy, una decisión que fue recibida con evidente satisfacción por Moncloa y los ministerios. Se garantizaban así poder seguir en el Gobierno hasta 2020. El presidente lo celebró enviando el siguiente tuit dando las gracias a los siete partidos que habían apoyado las cuentas públicas. ¿Quién les iba a decir que uno de esos siete partidos les iba a echar de sus puestos una semana después? 

A la mañana siguiente Rajoy concedió una entrevista a la Cadena COPE desde Moncloa. Ahí dejó algunas declaraciones que nada hacían presagiar lo que se le venía encima: sobre los casos de corrupción en sus filas dijo que "es evidente que el PP es mucho más que diez o quince casos aislados" (faltaban horas para conocerse la sentencia de Gürtel). Sobre Pedro Sánchez afirmó que tenía -lo dijo en presente- con él "un mayor entendimiento" y añadió: "Me gustaría llegar a ese mismo entendimiento en otras materias esenciales como las pensiones o la educación". Y dejó abierta la puerta a un tercer mandato: "Yo estoy animado y con ganas, pero estas cosas hay que hablarlas dentro del partido; todavía no se ha tomado esa decisión".

Pero el jueves 25 estalló todo. El fallo de Gürtel conocido esa misma mañana provocó un terremoto en el entorno de Rajoy. El presidente y su equipo decidieron que fuera el PP quien reaccionara con un comunicado en el que anunciaban que recurrirían la sentencia ante el Supremo. El jefe de filas se encerró en Moncloa mientras la oposición pasó al ataque. Ya el viernes, en el Gobierno se levantaron con la noticia de que el PSOE había registrado por sorpresa a primera hora una moción de censura. La reacción ante ese movimiento fue convocar una comparecencia de Rajoy en Moncloa para las 14 horas. Su equipo de discursos le organizó unos papeles en torno a varias ideas: la moción de censura está sustentada en una falsedad, la sentencia de Gürtel no es firme, no afecta a ningún miembro de su Gobierno, atañe a hechos en Pozuelo y Majadahonda... y, lo que es más importante, hacía solo unas horas había conseguido la confianza mayoritaria del Congreso con los PGE.

Rajoy y los suyos pasaron un fin de semana de nervios. Fue un primer aviso serio de que sus puestos corrían serio peligro. El presidente tenía previsto ir a Kiev a presenciar la final de la Champions League de su equipo favorito, pero suspendió el mismo sábado el desplazamiento por la moción de censura. La presidenta del Congreso, la fiel amiga de Rajoy, Ana Pastor, consensuó con él que debía ser un debate y votación exprés, lo antes posible, y fijó la fecha para el jueves 31 de mayo y viernes 1 de junio. En el Gobierno pensaron que dando poco tiempo a Pedro Sánchez le sería más difícil conseguir los 176 síes necesarios. Craso error. 

Mientras Rajoy se encerró durante cinco días en La Moncloa (desde el viernes al martes), la orden que llegó a los ministerios fue la de "vamos a resistir". Hay que aguantar el chaparrón y esperar que la moción de censura no prospere. Algún asesor comenzó a hablar a partir de ese momento de improvisación y de rumbo perdido por parte del presidente. Y es que solo una vez en los últimos siete años Rajoy había perdido la iniciativa: fue cuando renunció a intentar la investidura y dejó vía libre a Sánchez, que después de estrelló. El miércoles el censurado reapareció en una sesión de control al Gobierno tensa y que sería el preludió de la sesión que iba a comenzar al día siguiente. Fue ese mismo miércoles cuando el Gobierno desplegó toda sus redes en la operación cortejo del PNV. Solo los vascos podían hacer decantar la moción del lado del PSOE, de forma que las presiones se multiplicaron sobre Sabin Etxea desde todos los frentes.

El jueves 31 arrancó la moción y, por extensión, las 48 horas más amargas para Rajoy y su Gobierno. El presidente ordenó a su equipo desplegar toda la artillería para convencer al PNV, sabedor de que sus cinco votos eran clave. Su discurso fue serio, contundente y convincente, pero no sirvió de nada. La desesperación empezó a cundir en las filas del PP. Los diputados que salían al patio del Congreso en esos momentos a fumar o a estirar las piernas comenzaron a ver que el Gobierno pendía de un hilo. "Lo veo negro o muy negro", decía uno con cara de preocupación. "De lo malo que podía ocurrir está pasando lo peor", afirmaba otro.

Mientras el jefe de gabinete de Rajoy, José Luis Ayllón, y los ministerios echaron el resto con los nacionalistas vascos, también había algunos cercanos a Rajoy que tenían esperanza y que esperaban que se sacara un as de la manga a última hora. Un ministro del área económica decía al mediodía del mismo jueves que todo se iba a jugar "a cara o cruz". Se pasó de optimista porque escasos minutos después Aitor Esteban confirmaba lo que ya estaba en los medios: el PNV decía 'sí' a la moción de censura y ponía fin al Gobierno de Rajoy. "¿Pero cómo le das al PNV un cuponazo y no amarras garantizarte la legislatura?", afirmaba al día siguiente un cargo del PP evidentemente molesto con la estrategia del Ejecutivo.

La tarde del jueves fue de funeral para el Gobierno y PP. Mientras algunos diputados daban la cara en el hemiciclo otros se fueron a su casa, dejando sus escaños vacíos, y los ministros se encerraban con Rajoy en un restaurante a apenas un kilómetro del hemiciclo y durante más de siete horas. En Moncloa y los ministerios ya comenzaron a hacer cajas. Un hecho que no pasó desapercibido en el PP fue que Viri, la esposa de Rajoy, no estuvo a su lado en un momento público tan trascendental como el que vivió, cuando sí le había acompañado en sus dos primeras derrotas electorales. Fue sintomático, piensan en las filas populares.

El viernes 1 de junio Rajoy también llegó tarde al hemiciclo con la sesión iniciada. Fue la última mañana que se sentó en el banco azul. Ahora subirá un escaño hacia arriba con la sensación del deber cumplido. El resto de lo ocurrido ese día es lo ya sabido: la votación, la victoria de Sánchez y el momento de los aplausos y los "viva España". Rajoy tiene ahora ante sí un reto que no es pequeño: decidir si sigue o se marcha; y, en caso de dar un paso a un lado, protagonizar una sucesión pacífica. El futuro del PP será lo que él decida. El próximo martes, por cierto, Aznar reaparece en un acto público.

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