Domingo, 19.01.2020 - 22:48 h
Toma nota

¿Por qué compramos décimos sin parar si la probabilidad de que toque es mínima?

Un sentimiento que se apodera de muchos: compramos no pensando en que nos tocará sino en el mal que sucedería si toca y no llevamos.

Lotería de Navidad en Madrid
Lotería de Navidad en Madrid / EP

Llega el sorteo de la Lotería de Navidad y un año más recopilas todos los décimos que has comprado y compruebas que... son muchos. No eres el único. Pocos se pueden resistir a llevar el mismo número que se juega en el trabajo, en el bar habitual de los desayunos o el de la panadería de toda la vida. El hecho de que la probabilidad de que una de las cien mil bolas que están en el bombo se conviertan en el Gordo se reduce a un  0,00001, pero en esto de la lotería lo racional no se impone al corazón. 

Los seres humanos somos seres sociales y entre nuestras necesidades está la de pertenencia al grupo -familia, trabajo, amigos-, así que zafarse de esta costumbre es difícil; "la Lotería de Navidad es una forma de sentirse parte de ese grupo", afirma Juan Castilla, del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid.

Por eso, señala a Efe, la mayoría compra el décimo de su trabajo, el que tiene su familia, el gimnasio o el bar habitual. Y detrás de esto está lo que los expertos llaman "refuerzo negativo", es decir, querer evitar un mal más que buscar un bien.

Ignacio Morgado, director del Instituto de Neurociencias de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), explica a Efe que la persona que compra, por ejemplo, una participación de 5 euros en el bar lo hace no tanto porque piense que le va a tocar, sino porque "piensa lo mal que lo pasaría si saliera premiado ese número y no lo tuviera".

"Ese es un motivo muy importante y lo vivimos todos en la panadería, universidad o gasolinera", resume este científico, para quien "muchas veces, y en la Lotería de Navidad es así, funcionamos más por refuerzos negativos que por aquellos positivos".

Morgado coincide con Castilla en que detrás de este comportamiento, y ligado al refuerzo negativo, está esa necesidad de pertenencia al grupo: "si todos lo hacen por qué no yo".

No obstante, apunta Morgado, también catedrático de Psicobiología de la UAB, el comportamiento humano es complejo y, si bien detrás de la compra de décimos hay motivos compartidos, las razones son variadas.

Por ejemplo, hay quien cree, si no tiene nada de nada, que el Gordo o uno de los grandes premios le pueden solucionar la vida y hay otros que piensan que merece la pena jugar para tapar agujeros.

La mayoría, añade Morgado, opina que "lo que pierde por intentarlo es muy poco" -5 euros en una participación o 20 en un décimo-: la bajísima probabilidad de que te toque se ve compensada por el hecho de que tampoco es mucho lo que arriesgas -hablando en términos generales, insiste-.

¿Pero qué se activa en nuestro cerebro cuando jugamos a la lotería? Aquí hay que precisar mucho el momento, indica Morgado.

Y es que, el cerebro no trabaja de la misma manera cuando uno piensa en ir a comprar un décimo que cuando uno está en la administración comprando ese décimo, mirando si le ha tocado o no, o cuando ya sabes que te has llevado uno de los premios de la lotería.

Para explicarlo, Morgado se pone en un extremo, en la adicción al juego; la adicción normalmente empieza siendo una motivación incentiva, es decir, haces algo porque te motiva la posibilidad de ganar algo, de obtener placer, pero cuando ya estás "inmerso en la adicción", esta motivación ya no es incentiva, sino "homeostática".

"Esto quiere decir que ya no juegas porque te toque algo, sino porque si no juegas, lo pasas mal".

Sin llegar a este punto, en la lotería hay algo de la primera parte: lo positivo, el entusiasmo por si te pueda tocar un premio activa las áreas del cerebro relacionadas con el placer o la motivación, entre ellas, el sistema mesolímbico, el dopaminérgico -el neurotransmisor de la dopamina tiene mucho que ver- o el núcleo accumbens, también inmiscuido en la adicción a la mayoría de drogas.

En cuanto a la dopamina, históricamente la comunidad científica ha creído que es el neurotransmisor del placer, pero ahora se sabe que esta sustancia más que un neurotransmisor del placer es un neurotransmisor de la motivación por buscar ese placer: cuando liberas dopamina lo que te entra son muchas ganas de buscar algo que sabes que es bueno y que te va a producir placer, subraya Morgado.

Es muy probable, a falta aún de experimentos, que las personas que más juegan a la lotería sientan esto, afirma este investigador, para quien incluso en las decisiones económicas las emociones tienen más peso que la razón. Tanto Morgado como Castilla aprovechan para recordar que en España empieza a haber un problema grave con la adicción al juego.

La oferta por internet ha aumentado, lo que es un peligro en particular para los jóvenes, advierte Castilla, quien añade que el que es ludópata normalmente tiene varias adicciones.

Desde el Colegio madrileño de Psicólogos se piden medidas preventivas para no caer en adicciones al juego y/o dar apoyo a las personas que ya han caído en cualquier tipo de adicción, "sabiendo que al Estado le interesan estos ingresos, pero con responsabilidad".

Temas relacionados

Ahora en Portada 

Comentarios
NOTRACKING