"Dos partidos, una coalición muy viva"

Sánchez e Iglesias cosen la tensión en el Gobierno y se conjuran para más roces

Moncloa resta importancia al fuego cruzado. Unidas Podemos, también. La coalición se encuentra engrasada gracias a los maitines y a la relación entre "los costureros", Iván Redondo y Juanma del Olmo

Sánchez e Iglesias
Sánchez e Iglesias cosen la división en el Gobierno y se conjuran para más roces
EFE

"Vicepresidente, aguanta un momento que salgo contigo". Miércoles, Pleno del Congreso. Pedro Sánchez comparece para rendir cuentas sobre las primeras semanas del segundo estado de alarma y los dos últimos Consejos Europeos. El foco está en el duelo con Pablo Casado pero la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, aprovecha que Pablo Iglesias abandona el hemiciclo para marcharse junto a él a un reservado junto al Salón de Pasos Perdidos. Le quiere explicar por qué sigue teniendo reticencias para aprobar el decreto antidesahucios. Montero, la vicepresidenta Nadia Calviño y Juan Carlos Campo, titular de Justicia, seguían sin dar su visto bueno a una norma considerada central para Unidas Podemos. Y se produce la imagen de la conversación traducida en un primer momento como "choque" e incluso "bronca". "Cabezón", le llega llamar la portavoz a su compañero de Consejo de Ministros. Es un lugar semidiscreto porque el acceso está restringido a periodistas por la pandemia. Sólo hay fotógrafos que campan la instantánea. Iglesias lo asume: es "cabezón" y lo va a seguir siendo. Sánchez ya lo sabe

La escena de Montero e Iglesias en el Congreso es paradigmática de lo que está ocurriendo en el Gobierno de coalición desde la vuelta del verano. El fuego cruzado es evidente en cada conversación con ministros y altos cargos de uno y otro bando. No se ocultan y no es nueva. Solo basta recordar algunos Consejos de Ministros del confinamiento. Por concretar , las facciones son dos: por un lado, la parte socialista con Carmen Calvo, Nadia Calviño y María Jesús Montero como sus principales exponentes. Llevan semana acusando a Unidas Podemos de teatralizar y airear las diferencias. Por otro, el lado morado, con Pablo Iglesias de punta de lanza arropado por un equipo que se ha tomado a broma lo de la "cabezonería" pero que ya advierte que va a seguir peleando "a cabezazos" por las próximas batallas en el horizonte.

Entre medias se encuentran Sánchez y sus pretorianos, centrados especialmente en estos días en los fondos europeos y en el inicio de la campaña de vacunación. La sala de máquinas monclovita se encuentra a pleno rendimiento y de momento está permitiendo las disensiones internas. Pero sí es cierto que hay algunas tensiones que en Moncloa llevan no gustando desde verano y en las que el gabinete presidencial ha tenido incluso que mediar. Una de ellas es todo lo relacionado con la actual Jefatura del Estado. De momento, la situación se ha pacificado en este sentido. Pero en Moncloa saben que las tensiones seguirán y que van a convivir con ellas.

La coalición en sí no corre peligro, coinciden en señalar en ambos lados del Gobierno. La sintonía entre Sánchez e Iglesias sigue siendo buena y nada ha cambiado en las últimas semanas. Los "costureros" son esenciales y hacen su función. En este grupo se enmarca el triunvirato del gabinete sanchista, con Iván Redondo al frente, secundado por Félix Bolaños y Paco Salazar, por la parte socialista; y Juanma del Olmo y Julio Rodríguez, en el área morada. Ellos son quienes engrasan cada día y cada semana los motores del Ejecutivo. Por sus manos pasan los asuntos nucleares de la vida gubernamental. 

Montero e Iglesias el pasado miércoles en el Congreso
Montero e Iglesias el pasado miércoles en el Congreso
Dani Gago

Luego están los famosos 'maitines', la reunión matinal de los lunes en Moncloa que reúne al núcleo duro del Gobierno y que incluso suma a portavoces parlamentarios cuando la situación lo requiera, que también sirve para destensar. Llevan dos semanas sin celebrarse (por el puente de diciembre y el viaje de Sánchez a París) y tampoco habrá este lunes, según confirman fuentes del Ejecutivo. Consecuencia: esa coordinación, o cierta ausencia de ella, sí que se está notando en el día a día porque en ese cónclave, y en algún cara a cara entre Sánchez e Iglesias esporádico, donde en el pasado se han desanudado algunos conflictos. En cualquier caso, altos cargos del Gobierno insisten: nada que temer. "Dos partidos, una coalición muy vida", resume uno de los habituales en maitines.

Seis puntos de fricción en la coalición

En estos momentos hay latentes hasta cinco puntos de fricción que tensan la coalición, una vez superado el debate de los desahucios y la compensación económica que van a recibir los propietarios de viviendas afectados por impago. No fue, por cierto, nada sencillo resolver la medida en la última Comisión General de Secretarios de Estado y Subsecretarios, celebrada el jueves, por las reticencias de los ministerios de Economía y Hacienda. Se aprobará en Consejo de Ministros este martes o el siguiente. Otro asunto aún sin resolver tiene que ver con el corte de suministros básicos, una medida que Unidas Podemos quiere ver negro sobre blanco ya y que está siendo objeto de un fuerte debate, en esta ocasión con la Vicepresidencia cuarta de Teresa Ribera. En las últimas ha habido avances y también hay compromiso para que se apruebe antes de fin de año. Los términos finales del veto a cortar agua, luz y gas a los más vulnerables aún siguen siendo discutidos.

Otro punto refriega atañe a la subida del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) para 2021. Calviño, Montero y José Luis Escrivá, ministro de Inclusión y Seguridad Social, plantean una congelación. En este sentido también se ha posicionado la vicepresidenta Calvo, que aboga por no subirlo en este momento. Pero Unidas Podemos, con Yolanda Díaz, responsable de Trabajo, al frente, propone una mejora testimonial parecida a la que percibirán los funcionarios, del 0,9% como mínimo. En la Comisión Delegada para Asuntos Económicos ya han saltado chispas y es un tema que aún no está resuelto. Situación muy similar hay con los avances para derogar la reforma laboral: la pretensión de unos y otros no es la misma; se avecina tormenta.

El documento elevado la semana pasada por Escrivá, de la mano de Moncloa, en el seno del Gobierno y que plantea ampliar a 35 el número de años para calcular la pensión es otro de los motivos de división en la coalición. Los morados no quieren oír ni hablar de una medida así y ya están haciendo saber a sus socios que esa no es la medida más adecuada para el sostenimiento de las prestaciones.

También se han puesto a prueba las costuras de la coalición con el plan de ayudas a la hostelería y el turismo que llegará este martes al Consejo de Ministros. Aquí los protagonistas son la ministra de Industria, Reyes Maroto, que ha peleado por llevarlo al cónclave en Moncloa, y Calviño, que ha querido identificar las necesidades ante el incremento del gasto que supondrá. El decreto prevé solventar uno de los puntos conflictivos y aquí las fricciones también han sido internas en el PSOE.

El Gobierno, en definitiva, navega entre discusiones que vienen de lejos y que ni mucho menos van a enterrarse a partir del 1 de enero con los nuevos Presupuestos. Al contrario, en ambos lados de la coalición ya avisan de que los próximos meses se avecinan en esa línea. Lo avisó Sánchez cuando su Consejo de Ministros tomó posesión y se está cumpliendo al pie de la letra, al menos la primera parte: "El Gobierno hablará en varias voces pero siempre con una sola palabra". "Estamos preparados para más batallas internas", dicen en el PSOE. "Sanas", matizan. "La política es el conflicto", concluyen desde Unidas Podemos. Es la italianización del Gobierno, pero con estabilidad parlamentaria. El horizonte fijado por la coalición es 2023. 

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